jueves, 30 de diciembre de 2010

Entender lo que se lee es un trabajo que surge desde la cuna

Los especialistas subrayan que el Informe PISA, que pone a Canarias en la cola en lectura comprensiva, no analiza cómo ha sido el proceso desde abajo. La enseñanza primaria debe reforzar el aprendizaje infantil

Lograr que el niño antes de que ingrese en la educación secundaria comprenda más allá de la lectura sintáctica de frases primarias como Mi mamá toma tomate, por ejemplo, es un trabajo de aprendizaje que ha de iniciarse prácticamente desde la cuna, a partir del año y medio de vida y reforzarse en Primaria.


Un trabajo que en los colegios de las Islas, primero, y en los institutos, después, parece que no se está realizando de forma adecuada, y tampoco está siendo alentado convenientemente en el ambiente familiar, a juzgar por los resultados del Informe PISA 2009 publicados esta misma semana, que han revelado para Canarias un rendimiento escolar por debajo de la media española y del promedio de los países de la OCDE.

"Cuando pensamos en la comprensión lectora", explica Isabel Luján, catedrática de Psicología Evolutiva de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), "lo hacemos con niños mayores, de 12 a 15 años, como a los que se encuesta para realizar el informe. Se hace una evaluación de un punto de llegada pero, en realidad, no se analiza cómo ha sido el proceso desde abajo. Porque los niños desde los 3 años se puede decir que ya tienen comprensión lectora, a su nivel, claro".

Y es desde entonces cuando se les debe motivar a la lectura para desarrollar esta competencia no sólo como conocimiento para lograr su lugar en el mundo sino, también, para proporcionarle el placer suficiente que, a su vez, hará el ahora difícil trabajo futuro de ir alimentando su gusto por los textos.

Pilares
Esa es la edad en la que los pequeños se inician con los libros, más copados por imágenes que por letras. "Con esos pictogramas el niño ya es capaz de comprender una secuencia. No todo es lúdico. Se trata de los pilares básicos para que pueda conseguir más tarde esa capacidad".

Rosa Marchena, profesora del Departamento de Educación de la ULPGC, doctora en Psicopedagogía e investigadora, rebaja la edad del primer contacto emocional con el libro. "Yo lo aconsejo a partir del año y medio. Y se puede hacer cuando, por ejemplo, lo llevamos a la cuna. Leer una frases es suficiente. De esta forma el bebé acaba asociando esta acción con la cercanía a los padres, un momento de tranquilidad en el que se le estimula, etc. Y a partir de entonces va a querer más de esos momentos".

Marchena propone que en todos los centros se coloque en lugar prominente la frase ya hecha célebre por el flamante Premio Nobel de Literatura: "Aprender a leer... es la cosa más importante que me ha pasado en la vida", toda una declaración de intenciones de la trascendencia que posee la lectura.

Y es que "para tener una buena comprensión lectora es imprescindible leer. No hay otro camino", afirma Belén Estupiñán, psicóloga y docente. "Es cierto que está habiendo muchas dificultades de comprensión en niños y adolescentes".

Los alumnos no son incompetentes, señala, sólo que la realidad no es especialmente motivante. "No cogen un texto por que para ellos no les hace falta, no lo necesitan. Estamos viviendo en una sociedad muy audiovisual en la que todo nos entra por los ojos y por los oídos".



 



Autora

CARMEN SANTANA

Fuente

http://www.laprovincia.es

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Mi hijo era un buen estudiante

"Resulta demasiado obvio decir que nuestros hijos crecen y que van cambiando conforme van pasando los años. Es lo natural que cuando llega el momento, esos pequeños que con su llegada a nuestro hogar lo revolucionaron todo, iluminando cada rincón de la casa, vayan cambiando su aspecto físico. De pronto, unos de manera más precipitada (casi como de un día para otro...), otros con más calma (como si les costara dar el paso...) dan el estirón. A ellas les viene la regla, se les van redondeando las formas, les crecen los pechos, pasan más tiempo encerradas en el cuarto de baño, absortas en frente del espejo, como intentando reconocerse en esa imagen que les devuelve, distinta, sin más. A ellos les cambia la voz, les sale barba y miran desconcertados como les crece "todo". Y, los más, tienen que soportar esos granitos que aparecen en la cara y que les convierte, ante la mirada curiosa del resto del mundo, en lo que son: adolescentes.
   
    Y, nosotros, sus padres y sus madres, nos convertimos en sufridores. En ocasiones, llevamos tiempo esperando este momento, leyendo libros o escuchando las experiencias de otros padres o poniendo la atención en lo que dicen los gurús en el tema. Aún así, la llegada de la adolescencia de nuestros hijos nos pilla de sorpresa y con la sensación de que no sabemos cómo acercarnos a ellos, nos sentimos tan vulnerables, tan ignorantes... Y eso que ya llevamos doce, trece o muchos más años siendo y ejerciendo de padres y madres (y no lo hemos hecho tan mal).
   
   Para empeorar las cosas, comienzan a venir los notas del colegio llenas de "no promociona". No nos lo podemos explicar, ¡si antes mi hijo era un buen estudiante!".


    Son muchos los padres y las madres que subscribirían estas palabras.



    No podemos negar que los años de la adolescencia son particularmente duros y difíciles, pero sobre todo para los propios adolescentes. Aunque esto último, a veces, se nos acaba olvidando intentando comprender sus cambios, los porqué de sus comportamientos tan "raros", tan diferentes de otros tiempos y que nos lleva a cometer un primer error: poner en cuestión nuestro buen hacer y saber de padres. No podemos caer en la tentación de trasladar el problema de ellos a nosotros, culpabilizándonos o responsabilizándonos de los resultados académicos. Mucho menos adecuado será intentar ignorar el asunto, echar la culpa a los profesores o al nuevo grupo de amigos del instituto.



    También es cierto que no existe la adolescencia sino que existen los y las adolescentes y que, por tanto, no valen las mismas recetas para todos. Esto nos puede llevar a pensar que no en todos ni todo en ellos va a ser conflicto, tensión o provocación. Y que la mayoría dispone de los recursos necesarios para atravesar esta nueva etapa de su vida sin grandes traumas o angustias.



    Estos chicos y chicas están iniciando un largo camino en el que son muchos los aprendizajes que tendrán que ir adquiriendo hasta llegar a ser adultos. No sólo cambian físicamente, como nos transmitía el testimonio de la madre que transcribíamos al comienzo. Eso sólo es parte de un proceso que va a ser multidimensional: desarrollo moral, cambios en su imagen corporal, nuevas perspectivas en sus relaciones, paso de un pensamiento concreto a un pensamiento formal, abstracto, lograr un rol masculino o femenino, conseguir la independencia emocional, responder a las exigencias externas y a las internas...



    Focalizaremos nuestra atención en dos aspectos que nos pueden dar claves para entender mejor a esos chicos que, siendo buenos estudiantes, comienzan a traer los tan temidos "no promociona" en sus notas.

Formación de su identidad



    Cabe diferenciar dos fases en este proceso de autoconstrucción de su persona. En un primer momento, comienzan a darse reacciones de carácter negativista, de rechazo de casi todo lo que hasta ese momento adoraban (entre ese todo también están los padres). Algunos autores lo llaman el periodo de la crítica anárquica.



    Después vendrán los intentos de reconstrucción, de reorganizar con peculiar estilo su manera de interpretar el mundo y de dar sentido a la vida. En ese proceso volverá a retomar muchos de los elementos que desestimó y otros muchos nuevos que vaya experimentando en función de su itinerario existencial (y ahí volverán a estar los padres, aunque de modo diferente a como estuvieron durante la infancia, todo depende de lo presentes o ausentes que hayan estado en esa fase de la vida de los adolescentes).



    En esa primera fase, no resulta difícil entender que cuestione esos valores que le hemos ido transmitiendo durante los años de convivencia con nosotros. Entre esos valores pueden estar el buen hacer en el colegio para "ser algo el día de mañana", la necesidad de ser el mejor para ser competitivo en el futuro y ganar dinero, el poder llegar a ser lo que "yo no pude ser"... (cada cual verá dónde está).

Desarrollo cognitivo



    Si el resto de los cambios son importantes, éste es especialmente relevante. Muchos teóricos de la psicología y la pedagogía le han dedicado abundantes trabajos. Este momento de la vida de nuestros hijos les permite pasar de un tipo de pensamiento ligado a lo tangible y a lo concreto, a un modo de pensar en el que ya pueden hacer hipótesis, abstracciones, reflexionar sobre sus propias ideas, criticar las de los demás, tomar decisiones anticipando las consecuencias, adquirir nuevos valores... y, por tanto, distanciarse de la realidad para crear su propia realidad de un modo, a veces, muy radical. Se pone en evidencia un egocentrismo, diferente del que tenían cuando eran pequeños, que les lleva a crear sus fábulas o historias personales en las que se convencen de que lo que les pasa sólo les ocurre a ellos y que el resto del mundo les observa tanto como ellos se miran a sí mismos (el auditorio imaginario).



    Al final, nos encontramos ante chicos y chicas que están tan ensimismados en esta tarea de hacerse adultos y tan sorprendidos por lo que les pasa, que no es de extrañar que sus intereses estén alejados de los contenidos del currículo de la ESO, por muy bien presentados y pensados que estén.



    Dicho esto, ¿qué hacer cuando llegan los "no promociona"?, ¿cómo lograr que sean algo anecdótico y que no se convierta en algo crónico?



Algunas pautas:



    La actitud de los padres debe ser serena y tranquila.



    No podemos permitirnos dejarnos llevar por el enfado (aunque nos disguste lo que ocurre) o por el dramatismo (no es el fin del mundo).



    Dialoguemos con nuestro hijo y escuchémosle (a veces, tras el bajo rendimiento hay preocupaciones que una conversación relajada puede resolver).



    Prestemos atención por si hay otras señales de alarma (en ocasiones, las malas notas van unidas a "llega tarde", "creo que últimamente me falta dinero", "falta a clase"...). Con lo cual, el problema ya no son las notas.



    Estemos en contacto con los profesores y escuchemos los datos que éstos nos ofrezcan (no hay que olvidar que son profesionales de la educación y que pasan mucho tiempo con sus alumnos).



    Transmitámosle con firmeza y con confianza que el estudio forma parte de sus responsabilidades y que ninguno de sus argumentos -quizá muchos y buenos- pueden anteponerse a esta tarea. No nos dejemos enredar en "su dialéctica".



    Ayudémosle a organizar sus tiempos de estudio y respetemos sus tiempos de ocio y descanso.



    Siempre es más rentable proponerle actividades de refuerzo que de castigo. Y si hay algo que le motive con intensidad como un deporte o una afición (aunque no nos guste en exceso), no lo utilicemos como sanción. No resultará y hará que nos confirme como sus enemigos.



    Critiquemos sus comportamientos ante el estudio, pero no su persona (es fácil entrar en desvalorizaciones como "es que eres un vago" o "si no lo haces es porque no quieres").



    Cuando hablemos con nuestro hijo, centremos el tema en el estudio. No mezclemos contextos ("y además de no estudiar, ¿por qué no has hecho tu cama ni has ordenado tu habitación?). Ya habrá otro momento.



    En clave de diálogo y no de amenaza, advirtámosle que sus comportamientos tienen unas consecuencias ("si no estudias por la tarde durante el tiempo pactado, no verás la televisión esta noche").



    Seamos coherentes y firmes durante todo el proceso, que en ocasiones, será largo. No podemos decir hoy algo y mañana negarlo porque no nos viene bien a nosotros ("esta vez te levanto el castigo...", porque mantenerlo significa quedarnos con él en casa supervisando sus tareas).



    Démosle tiempo para el cambio, nada se resuelve de un día para otro.



    Cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia, no podemos seguir tratándoles como a niños. Los adolescentes opinan, piensan y deciden. Pasemos de imponer a negociar, escuchar y compartir, pero sin renunciar a lo que creemos adecuado para ellos.



 



 



Fuente



Escuela de Padres



MEC



Ministerio de Educación de España



 



 

La comunicación en familia

El papel del lenguaje

Las personas se relacionan a través de la comunicación que se hace mediante el lenguaje ayudado por los gestos, los movimientos del cuerpo. El lenguaje es el primer sistema de señales que emplea el hombre para relacionarse con su medio y para aprender lo que le rodea.

El niño, desde la más temprana edad, aprende a identificar los primeros sonidos y su significado y distingue el tono con el que se le habla. Hacia los nueve meses, sabe si sus padres están enfadados o le tratan con afecto y cariño.


El aprendizaje del lenguaje es un paso previo e indispensable para el aprendizaje de la lectoescritura y supone la forma de tomar conciencia de todo lo que se aprende del entorno en el que se vive.


Además del lenguaje, el hombre cuenta con gran cantidad de mecanismos para manifestarse que le permiten ponerse en contacto con los demás: los gestos, las miradas, la expresión del rostro... Estos elementos ponen de manifiesto actitudes, sentimientos, predisposiciones y motivaciones que permiten una comunicación interpersonal trascendente. Desde los primeros momentos de la vida, el bebé capta la intensidad del afecto, aprecia si se le aguanta o se le abraza; valora el tono afectivo de la mirada del adulto cuando le acerca un juguete. También ocurre esto entre las personas adultas y entre los miembros de una familia.



El lenguaje está limitado por los conocimientos de cada uno, es social; sin embargo, los símbolos son personales, inagotables. La posibilidad de combinar ambos lenguajes (verbal y gestual) implica comunicación.




El diálogo, otra forma de comunicación.


Cuando sólo se usa el lenguaje verbal (difícil, pues en la práctica nunca aparece desligado del gestual) hablamos de diálogo. Se dan dos formas extremas de diálogo: por exceso o por defecto. Ambas, provocan distanciamiento entre padres e hijos. Hay padres que, con la mejor de las intenciones, procuran crear un clima de diálogo con sus hijos e intentan verbalizar absolutamente todo. Esta actitud fácilmente puede llevar a los padres a convertirse en interrogadores o en sermoneadores, o ambas cosas. Los hijos acaban por no escuchar o se escapan con evasivas. En estos casos, se confunde el diálogo con el monólogo y la comunicación con el aleccionamiento.


El silencio es un elemento fundamental en el diálogo. Da tiempo al otro a entender lo que se ha dicho y lo que se ha querido decir. Un diálogo es una interacción y, para que sea posible, es necesario que los silencios permitan la intervención de todos los participantes.


Junto con el silencio está la capacidad de escuchar. Hay quien prescinde de lo que dice el otro, hace sus exposiciones y da sus opiniones, sin escuchar las opiniones de los demás. Cuando sucede esto, el interlocutor se da cuenta de la indiferencia del otro hacia él y acaba por perder la motivación por la conversación. Esta situación es la que con frecuencia se da entre padres e hijos. Los primeros creen que estos últimos no tienen nada que enseñarles y que no pueden cambiar sus opiniones. Escuchan poco a sus hijos o si lo hacen es de una manera inquisidora, en una posición impermeable respecto al contenido de los argumentos de los hijos. Esta situación es frecuente con hijos adolescentes. Estamos ante uno de los errores más frecuentes en las relaciones paternofiliales: creer que con un discurso puede hacerse cambiar a una persona.



A través del diálogo, padres e hijos se conocen mejor, conocen sobre todo sus respectivas opiniones y su capacidad de verbalizar sentimientos, pero nunca la información obtenida mediante una conversación será más amplia y trascendente que la adquirida con la convivencia. Por esto, transmite y educa mucho más la convivencia que la verbalización de los valores que se pretenden inculcar.


Por otro lado, todo diálogo debe albergar la posibilidad de la réplica. La predisposición a recoger el argumento del otro y admitir que puede no coincidir con el propio es una de las condiciones básicas para que el diálogo sea viable. Si se parte de diferentes planos de autoridad no habrá diálogo. La capacidad de dialogar tiene como referencia la seguridad que tenga en sí mismo cada uno de los interlocutores.


Hay que tener presente que la familia es un punto de referencia capital para el niño y el joven: en ella puede aprender a dialogar y, con esta capacidad, favorecer actitudes tan importantes como la tolerancia, la asertividad, la habilidad dialéctica, la capacidad de admitir los errores y de tolerar las frustraciones.



La importancia de la comunicación

Si es importante el diálogo en las relaciones interpersonales, lo es aún más la comunicación. La comunicación está guiada por los sentimientos y por la información que transmitimos y comprendemos. La comunicación nos sirve:

- Para establecer contacto con las personas.
- Para dar o recibir información.
- Para expresar o comprender lo que pensamos.
- Para transmitir nuestros sentimientos.
- Para compartir o poner en común algo con alguien.
- Para conectar emocionalmente con otros.
- Para vincularnos o unirnos por el afecto.


Facilitadores de la comunicación
Estos son algunos facilitadores de la comunicación:
Dar información positiva.

Ser recompensante.
Entrenarnos para mejorar nuestras habilidades de comunicación.
Empatizar o ponernos en el lugar del otro.
Dar mensajes consistentes y no contradictorios.
Saber escuchar con atención.
Expresar sentimientos.
Crear un clima emocional que facilite la comunicación.
Pedir el parecer a los demás



Enemigos de la comunicación


Cuanto más estrecha sea la relación, más importancia tendrá la comunicación no verbal. Cuando un miembro de una familia llega a su casa puede percibir un mensaje de bienestar o tensión sin necesidad de mirar a la cara al resto de la familia. En ocasiones, la falta de verbalización (de hablar) supone una grave limitación a la comunicación. Muchas veces la prisa de los padres por recibir alguna información les impide conocer la opinión de sus hijos y, de igual forma, impide que sus hijos se den cuenta de la actitud abierta y predisposición a escuchar de los padres.


La situación anterior es especialmente importante en la adolescencia. Son múltiples las situaciones en que los padres sienten curiosidad por lo que hacen los hijos y estos, ante una situación de exigencia responden con evasivas.


Otro impedimento para la comunicación es la impaciencia de algunos padres para poder incidir educativamente en la conducta de sus hijos. Todo el proceso educativo pasa por la relación que establecen padres e hijos, y ésta se apoya en la comunicación; por eso es tan importante preservarla y mantener la alegría de disfrutarla. Para ello es suficiente que los padres no quieran llevar siempre la razón y convencerse que comunicarse no es enfrentarse.


La vida familiar cuenta también con unos enemigos claros para establecer conversaciones y la relación interpersonal. La televisión en la comida, los horarios que dificultan el encuentro relajado, los desplazamientos de fin de semana... Hay que luchar frente a estas situaciones y adoptar una actitud de resistencia provocando un clima que facilite la comunicación.


Estos enemigos sirven de obstáculo para comunicarnos. Los podemos resumir así:
Generalizaciones: ("Siempre estás pegando a tu hermana","nunca obedeces"). Seguro que en algún momento hace algo distinto de pegar a su hermana. Posiblemente, alguna vez, sí ha sabido obedecer.

Juzgar los mensajes que recibes: La madre, cuando el padre llega de la calle, dice: "Parece que hoy llegas más tarde". El padre replica: "¿Qué pasa?, ¿los demás días llego antes? ¡Siempre estás pendiente de la hora a la que vengo!
No saber escuchar para comprender bien lo que quieren decir realmente.
Discutir sobre tu versión de algo que sucedió hace ya tiempo. ¿Para qué darle tanta importancia a sucesos ya pasados?
Poner etiquetas
Tener objetivos contradictorios.
El lugar y el momento que elegimos.
Hacer preguntas llenas de reproches.
Abusar de los: "Tú deberías", "Yo debería hacer"; en vez de los: "Qué te parece si...", "Quizás te convenga", "Yo quiero hacer", "Me conviene", "He decidido".
Cortes en la conversación porque se presta más atención a lo que quieres decir, que a escuchar al otro.


Tipos de padres según el uso de la comunicación
En función de las palabras que dirigimos a los niños podemos comunicar una actitud de escucha o, por el contrario, de ignorancia y desatención. Según analiza el psicólogo K. Steede en su libro Los diez errores más comunes de los padres y cómo evitarlos, existe una tipología de padres basada en las respuestas que ofrecen a sus hijos y que derivan en las llamadas conversaciones cerradas, aquellas en las que no hay lugar para la expresión de sentimientos o, de haberla, éstos se niegan o infravaloran:


Los padres autoritarios: temen perder el control de la situación y utilizan órdenes, gritos o amenazas para obligar al niño a hacer algo. Tienen muy poco en cuenta las necesidades del niño.


Los padres que hacen sentir culpa: interesados (consciente o inconscientemente) en que su hijo sepa que ellos son más listos y con más experiencia, estos padres utilizan el lenguaje en negativo, infravalorando las acciones o las actitudes de sus hijos. Comentarios del tipo "no corras, que te caerás", "ves, ya te lo decía yo, que esa torre del mecano era demasiado alta y se caería" o, "eres un desordenado incorregible". Son frases aparentemente neutras que todos los padres usamos alguna vez.

Los padres que quitan importancia a las cosas: es fácil caer en el hábito de restar importancia a los problemas de nuestros hijos sobre todo si realmente pensamos que sus problemas son poca cosa en comparación a los nuestros. Comentarios del tipo "¡bah, no te preocupes, seguro que mañana volvéis a ser amigas!", "no será para tanto, seguro que apruebas, llevas preparándote toda la semana", pretenden tranquilizar inmediatamente a un niño o a un joven en medio de un conflicto. Pero el resultado es un rechazo casi inmediato hacia el adulto que se percibe como poco o nada receptivo a escuchar.


Los padres que dan conferencias: la palabra más usada por los padres en situaciones de "conferencia o de sermón" es: deberías. Son las típicas respuestas que pretenden enseñar al hijo en base a nuestra propia experiencia, desdeñando su caminar diario y sus caídas.


Por último, hay que mencionar la cantidad de situaciones en las que la comunicación es sinónimo de silencio (aunque parezca paradójico). En la vida de un hijo, como en la de cualquier persona, hay ocasiones en que la relación más adecuada pasa por la compañía, por el apoyo silencioso. Ante un sermón del padre es preferible, a veces, una palmada en la espalda cargada de complicidad y de afecto, una actitud que demuestre disponibilidad y a la vez respeto por el dolor o sentimiento negativo que siente el otro.



Consejos prácticos

1. Observar el tipo de comunicación que llevamos a cabo con nuestro hijo. Dediquemos unos días de observación libre de juicios y culpabilidades. Funciona muy bien conectar una grabadora en momentos habituales de conflicto o de sobrecarga familiar. Es un ejercicio sano pero, a veces, de conclusiones difíciles de aceptar cuando la dura realidad de actuación supera todas las previsiones ideales.


2. Escuchar activa y reflexivamente cada una de las intervenciones de nuestros hijos. Valorar hasta qué punto merecen prioridad frente a la tarea que estemos realizando; en cualquier caso, nuestra respuesta ha de ser lo suficientemente correcta para no menospreciar su necesidad de comunicación.


3. Si no podemos prestar la atención necesaria en ese momento, razonar con él un aplazamiento del acto comunicativo para más tarde. Podemos decir simplemente: "dame 10 minutos y enseguida estoy contigo". Recordemos después agradecer su paciencia y su capacidad de espera.


4. Evitar emplear el mismo tipo de respuestas de forma sistemática para que nuestro hijo no piense que siempre somos autoritarios, le hacemos sentir culpable, le quitamos importancia a las cosas o le damos sermones.


5. Dejar las culpabilidades a un lado. Si hasta hoy no hemos sido un modelo de comunicadores, pensemos que podemos mejorar y adaptarnos a una nueva forma de comunicación que revertirá en bien de nuestra familia suavizando o incluso extinguiendo muchos de los conflictos habituales con los hijos.

6. Cuando decidamos cambiar o mejorar hacia una comunicación más abierta, es aconsejable establecer un tiempo de prueba, como una semana o un fin de semana, terminado el cual podamos valorar si funciona o no y si debemos modificar algo más. Los padres tenemos los hábitos de conducta muy arraigados y cambiarlos requiere esfuerzo, dedicación y, sobre todo, paciencia (¡con nosotros mismos!).


 



 



Fuente

Escuela de Padres

MEC

Ministerio de Educación de España



 

Dificultades más frecuentes en el estudio

Introducción

    La vida escolar de los hijos puede pasar por distintas situaciones en cuanto al rendimiento académico. Hay algunos que siguen una trayectoria positiva siempre igual y constante en el rendimiento escolar. Hay otros que han ido bien en Primaria pero al llegar a Secundaria se produce una quiebra en su rendimiento. Otros hay que según van avanzando en los estudios mejoran su rendimiento.

    Cuando surgen estas dificultades conviene afrontarlas cuanto antes, ya que lo que puede ser relativamente sencillo de corregir cuando se produce, pasado algún tiempo, tienden a cronificarse las dificultades y corregirlas es más dificultoso.

    Cuando aparecen los problemas lo importante es enfrentarlos con serenidad, reflexión y rigor.


    Al enfrentarnos al problema que plantea nuestro hijo hemos de tener en cuenta las siguientes consideraciones:


1º.- ¿En qué consiste básicamente el problema?

    Un problema cuanto más precisado está tanto más fácil es encontrar la solución, al contrario cuanto más difuso e impreciso más difícil es darle respuesta.
    Si es posible vamos a tratar de hacer operativo el problema, es decir, en lugar de decir "es un vago", diremos que habitualmente no cumple el horario de estudio por la tarde, en lugar de decir "tiene dificultades en la lectura" diremos que no sabe entonar lo que lee, su comprensión lectora es escasa y le falta velocidad.


2º.- ¿Cuándo ha comenzado el problema y con qué frecuencia se da actualmente?



    Puede ser que sea al pasar de un nivel educativo a otro, de un colegio a otro, de estar con un profesor y pasar a otra clase. Puede que aparezca según va teniendo más dificultades académicas, al juntarse con determinados compañeros....


3º.- ¿Cuáles son las causas del problema? ¿A qué lo atribuye el propio sujeto?



    Saber la raíz del problema no siempre nos resulta fácil, trataremos de indagar en ello para clarificarnos. Bastante información nos puede aportar el que sepamos a que atribuye nuestro hijo el bajo rendimiento, tiene este aspecto tanto más valor, cuanto más maduro es el chaval, porque ahí nos está dando pistas de por donde pueden ir las dificultades.


4º.- ¿Qué hemos hecho hasta el momento para resolver las dificultades y qué resultado nos han dado esas estrategias?



    Para afrontar un problema hay muy diversas estrategias que hay que valorar la idoneidad que tienen para tal fin. Habrá que desechar las que no han dado el resultado apetecido y buscar otras nuevas.

    Vamos a ver las dificultades más frecuentes en los estudios y que podemos hacer con ellas:


1ª.- No estudiar o hacer como que se estudia



Se caracterizan por lo siguiente:

Pueden estar ante el libro bastante tiempo, pero sólo eso "estar" puesto que la cabeza la pueden tener en otro sitio bastante lejos.
Tardan demasiado tiempo para realizar las tareas.
Omiten un tiempo de trabajo, de estudio para realizar las tareas pendientes.
Se meten en su cuarto dos horas o el tiempo que sea y todo el mundo está convencido de que el niño está estudiando, pero estos chicos han podido pasarse la tarde entera haciendo un dibujo u oyendo los walkman.
Estrategias de intervención:

    Este tipo de chavales tienen un déficit de hábitos importante. Los hábitos son recursos importantes para educar. Se adquieren por repetición de actos. La ventaja que tienen es que facilitan a la persona la realización de tareas que pueden ser costosas, como sucede con el estudio en los hijos.

Dedicar todos los días un tiempo al estudio, a la realización de las tareas. Empezar desde poco para ir subiendo según se vaya afianzando. Puede ser como tiempo orientativo, para un niño de Primaria en torno a media hora. Para uno de Secundaria alrededor de una hora.

Más vale poco tiempo y aprovechado que mucho y disperso.

Al ponerse a estudiar o trabajar darse un tiempo para cada una de las tareas que va a realizar y exigirse para tratar de hacerlo en el tiempo que se ha dado.

Hacerse un horario en el que haya tiempo para todo. Poner el estudio en los primeros momentos que se está más descansado.


2ª.- Estudiar los últimos días



Se caracterizan por lo siguiente:


Estudian pero los últimos días, las últimas horas...

Se acuestan tarde, se levantan temprano en el último momento, van a "revienta calderas" por el esfuerzo que hacen al final.

Los padres pueden tener una percepción de que su hijo estudia y se ha esforzado bastante.

Estrategias de intervención:

    Una de las variables que más tiene que ver con el éxito académico, es que el alumno tenga un plan de trabajo diario, así aparece en estudios experimentales. Cuando se deja para el final es imposible asimilar toda la materia, es como querernos comer en un día lo que no hemos comido en diez, por ejemplo.


Tener un horario diario.

Dedicar todos los días un tiempo a los repasos. Cada día de la semana a una materia, por ejemplo una hora, así se va estudiando lo que ya se ha visto y que entrará para el próximo examen.

Que sea consciente que la estrategia de dejarlo todo para el final sirve cuando estamos en escalones inferiores en los estudios, pero al ir avanzando es imposible porque la materia a estudiar nos desbordará.


3ª.- Confundir "lo entiendo" con "ya me lo sé"



Se caracterizan por:


Confunden el "lo entiendo" con "ya me lo sé". Leen una lección y como la entienden, ya creen que la saben y dejan de estudiar.

Desconocen que el proceso de aprendizaje implica en un primer momento entender lo que se quiere asimilar y después tiene que haber un momento de fijación en la memoria, que se realiza a través de la repetición de los contenidos.

Referido a las disciplinas que precisan la realización de ejercicios y prácticas, los chavales que presentan esta dificultad son aquellos alumnos que fallan en las operaciones aunque sepan como se pueden hacer los ejercicios.


Estrategias de intervención:

    Se impone una tarea de clarificación al alumno para que entienda los distintos momentos que tiene el proceso de aprendizaje: comprender los mensajes, elaborar un resumen-esquemático y fijarlos en la memoria. Estos pasos se descubren tras una breve experiencia en los estudios, pero puede ocurrir en los inicios de la vida académica que omitan alguno de los pasos comentados.


Hacer un seguimiento durante algún tiempo para comprobar que se ha entendido los pasos a seguir para estudiar un tema.

Que se den cuenta que tareas más difíciles conllevan más esfuerzo: repetición que lo que es más sencillo.

Preguntarles los padres lo que dicen que han estudiado para comprobar los resultados.



4ª.- Dificultades de concentración

Se caracteriza por:

Les cuesta mucho concentrarse, les cuesta ponerse a estudiar: desde que se sientan hasta que empiezan a estudiar pasa más de media hora. Están muy "a medio gas" y se les va fácilmente la imaginación.

Cualquier cosa que acontece a su alrededor atrae la atención y pierden el tiempo.

Su rendimiento neto es escaso, si se entiende por tal el tiempo en general que se dedica a una actividad menos el tiempo perdido por desconcentración.

Estrategias de intervención:

    Si la concentración es la capacidad de dirigir todas las capacidades del conocimiento a la realización de una tarea, se ve que nos encontramos ante una de las habilidades fundamentales en el proceso del conocimiento. Se podría decir que si no hay un mínimo de concentración es prácticamente imposible el aprender algo, por tanto, la mejora de la concentración conlleva la mejora de la capacidad de aprender.

     Como todas las capacidades, el desarrollo de la concentración es consecuencia de la ejercitación de la misma, por ello es frecuente que quien más dificultades tiene en la concentración es quien menos trayectoria de estudio tiene en su vida y al contrario.


La eliminación de los estímulos irrelevantes que puedan captar la atención de quien estudia: revistas, fotografías, prendas...
La eliminación de estímulos a los que pueda prestar atención de tipo sonoro, p.e. la radio o visual, p.e. la televisión.
Darse un tiempo para la realización de cada tarea o actividad y exigirse para tratar de realizarla en el tiempo previsto. No es conveniente enfrentarse a una tarea con tiempo ilimitado para realizarla.
Hay que empezar a estudiar a una hora fija para conseguir un buen rendimiento cerebral. Si una persona se acostumbra a hacer el esfuerzo de concentrarse todos los días a la misma hora, al cabo de unos días la cabeza se concentra con más facilidad a esa hora.
Como la concentración supone un "calentamiento mental" puede ser conveniente que antes de ponernos a estudiar dediquemos varios minutos –no más de cinco- a tachar letras que nos hemos propuesto en una hoja de periódico, p.e. las "a" que encontremos o las "o", para después a continuación pasar a la actividad que tengamos prevista.
En la misma línea que el punto anterior podemos trabajar mentalmente series de números y letras combinándolas, p.e. sea la serie 1 2 3 4 A . Se trata de ir corriendo la letra A hasta la izquierda, así :
1 2 3 A 4 / 1 2 A 3 4 / 1 A 2 3 4 / A 1 2 3 4. Estas series se pueden complicar interviniendo más letras o números.
Tener claras las metas. No cabe duda que cuando algo queremos de verdad y lo proponemos como meta a conseguir, movilizamos todos los recursos que tenemos para tratar de alcanzar esa meta. En la medida que tengamos más claras nuestras metas en el estudio, más concentración tendremos para conseguirla.
Intercalar descansos. El proceso de atención tiene una curva de manera que cuando se lleva un tiempo decae. Por ello, es conveniente intercalar descansos para recuperar la concentración. Esos tiempos de descanso pueden ser por cada hora u hora y media de estudio, unos minutos de descanso –entre cinco y diez- .
Para sujetar la imaginación lo que podemos hacer es utilizarla en el estudio: en vez de hacer el esfuerzo de cambiar de pensamientos y empezar de nuevo cada vez que se nos va, hay que poner la imaginación en cada tema de estudio. Si está con volcanes, que se imagine cómo son, la lava que echan, etc. Eso ayuda también a que se grabe mejor las lecciones.


5ª.- Dificultades en la lectura

La lectura y su comprensión constituyen las herramientas de trabajo de nuestro intelecto. Las dificultades que tengan nuestros hijos en la lectura de inmediato se trasladarán en el aprendizaje.
Las dificultades en la lectura se caracterizan por:


No tener la suficiente velocidad lectora y comprensión de los textos que se leen. Tener que volver a leer algo para enterarse del texto.
Tener una pobreza de vocabulario significativa que se nota en las dificultades que se tienen para saber el significado de palabras de uso bastante habitual.
Tener dificultades en la expresión escrita para realizar textos con estructuras correctas y claras.
Tener tendencia a postergar las tareas. Se siente un rechazo a la lectura como medio de entretenimiento.Si hay un problema más serio de fondo como puede ser la dislexia habrá que acudir al especialista para su solución, pues no basta con estudiar más.

Estrategias de intervención:

La habilidad lectora como cualquier otra habilidad se desarrolla con el entrenamiento, es por ello que la primera tarea a realizar es el ejercicio. Todos los días dedicar un tiempo a leer en voz alta para adquirir una entonación correcta que ayuda a la comprensión. Volver a repetir la lectura del mismo texto tratando de reducir el tiempo que se tarda en leerlo sin que afecte a la correcta entonación.

Hacerse preguntas sobre un texto leído acerca de las ideas más importantes que hay en el mismo.

Corrigiéndole los defectos de lectura ayudándole a hacerse un cuadernito de vocabulario. Con ese pequeño diccionario personal tendrá que hacer ejercicios con las palabras desconocidas.


6ª.- Lagunas en las materias. Falta base



Se caracteriza por:

    Tener dificultades en las materias en que sus contenidos tienen una gran conexión entre unas partes y otras, p. e. las matemáticas. Es como una escalera con bastantes peldaños entre los que se da una continuidad. De igual manera que si en una escalera falta un escalón, no impide su utilización, pero cuando son varios seguidos se hace imposible transitar por ella, así en una materia que falte un escalón –conocimientos de unos contenidos previos- se puede superar con atención especial. Pero cuando faltan varios escalones –es decir, áreas importantes para proseguir estudios posteriores- es muy difícil avanzar en el estudio adecuadamente.

   No tener asimiladas unas estructuras básicas de los contenidos de las diversas áreas, como consecuencia de un estudio para salir del paso en cursos anteriores.

Estrategias de intervención:

Dedicación de un tiempo especial a tratar de remediar esa laguna. Puede ser a través de un hermano mayor, los padres o un profesor particular. Se entiende que esta ayuda es complementaria a la marcha de las clases y por tanto, supeditada a éstas.
Potenciar las técnicas de estudio, no tener las suficientes habilidades para estudiar suele dejar lagunas en las materias que se han estudiado.


7ª.- Ansiedad ante los exámenes

Se caracteriza por:


Miedo a suspender o por tener un exceso de responsabilidad que les lleva a angustiarse. Suelen ser buenos estudiantes. Comienzan a estudiar y como salen con el gran miedo a suspender, se angustian. Quizá tras un año de malas experiencias, de un fracaso, de haber suspendido muchas... pierden la confianza en sí mismos y se sienten agobiados.

Tener en los días previos y/o en la realización de los exámenes un nivel de ansiedad o nerviosismo claramente por encima de lo normal. Hay que decir que los exámenes son situaciones generadoras de ansiedad para todos, pero hay una parte del alumnado que responde de manera sobredimensionada en este aspecto, teniendo un efecto negativo para el rendimiento en los exámenes.

La persona tiene pensamientos negativos y catastrofistas sobre los resultados que va a obtener. Anticipa que suspenderá, que no rinde, que se vendrá abajo....

Tener una activación de algunos sistemas fisiológicos de la persona, así en el sistema digestivo se suele tener sensación de nudo en el estómago, duermen mal, le sudan las manos, dificultades en poder desayunar porque se puede vomitar.....Aparece tensión muscular en algunos miembros como brazos, espalda o piernas. Pueden darse también palpitaciones.

Presentar movimientos o acciones automáticas que no puede controlar como comerse las uñas, necesidad de mover la pierna, dar toquecitos con el bolígrafo en la mesa...

Estrategias de intervención:

Es muy conveniente que se le explique de manera didáctica qué es lo que le está pasando y que sepa que tiene remedio lo que tanto le está afectando.

Explicarle que la ansiedad se manifiesta en tres niveles de respuesta. El primero es a través de los pensamientos negativos que tiene. El segundo a través de los sistemas fisiológicos de la persona: sudoración, palpitaciones, nudo en el estómago, y el tercer nivel se manifiesta a través de la necesidad de movimientos que tiene, que le puede llevar hasta el abandono del examen.

Intervenir en los tres niveles anteriores con distintas estrategias. Respecto de los pensamientos, cortando los negativos y catastrofistas, centrando la atención en lo que tengo que hacer aquí y ahora, no compararme con los demás en cuanto a lo que tienen hecho del examen, etc. Respecto del segundo nivel fisiológico, enseñando a nuestros hijos a relajarse. Es conveniente que practiquen algún deporte, pues tiene un efecto relajador. En el tercer nivel conviene que nunca abandonen el examen por mal que se puedan encontrar haciéndolo.

Todas estas estrategias requieren un entrenamiento y por tanto, tiempo y perseverancia por delante para que se puedan notar los resultados.

Para más información, consultar de nuestra web temática "Orientación Educativa" el artículo: Ansiedad ante los exámenes


Fuente

Escuela de Padres

MEC

Ministerio de Educación de España



 

lunes, 27 de diciembre de 2010

Motivación familiar

Coloco el resumen y las conclusions del trabajo de investigación sobre Motivación Familiar, el resto pueden leerlo en Scribd.

RESUMEN
Con base en el Modelo de Expectativa-Valor de Elecciones (Jacobs y Eccles, 2000) se realizó un análisis cualitativo del proceso de interacción madre-hijo(a), vinculado con la motivación de este(a) último(a) hacia el aprendizaje escolar. Participaron 12 diadas madre-hijo(a). Los niños(as) cursaban 2º, 4º o 6º grado de primaria (niño y niña de
cada grado con alta motivación y grupo equivalente con baja motivación) y fueron seleccionados mediante la Escala de Orientación Intrínseca versus Extrínseca en el Salón de Clases de Harter (adaptada por Jiménez y Macotela, 2008). Se videograbó la interacción madre-hijo(a), mientras el niño(a) realizaba una tarea escolar en el hogar y después, se les entrevistó por separado. Se encontró que las madres de los niños(as) con alta motivación enfatizan los logros de sus hijos(as), les apoyan con mayor gusto y dedicación en la tarea escolar y establecen condiciones favorables en el hogar. Las madres cuyos hijos(as) presentan baja motivación, suelen limitarse a supervisar el cumplimiento de la tarea y emplean frecuentemente la crítica. Se concluye que es necesario diseñar programas para fomentar la motivación hacia el aprendizaje en el hogar.

CONCLUSIONES
El estudio de casos específicos en detalle y la comparación con otros casos permite hacer una generalización representativa del contexto y de los(as) participantes estudiados, que podrá hacerse extensiva a otras familias provenientes de un medio sociocultural semejante.
Dicha generalización constituye una hipótesis a considerar y no una conclusión. La información recolectada en el presente estudio verifica en lo general, la relevancia y la dinámica de las variables consideradas en el Modelo Cognoscitivo-Social de Expectativa-Valor y el Modelo de Socialización de los Valores en el Hogar de Eccles-Parsons y col. (en Jacobs y Eccles, 2000), los cuales sirvieron de base en la planeación de la investigación y el análisis de los datos.
En el grupo estudiado se confirma que las condiciones del hogar y las creencias y prácticas de las madres que enfatizan y estimulan el aprendizaje escolar, favorecen la motivación de sus hijos(as) hacia el aprendizaje.
El análisis detallado mostró la importancia que tiene la actitud de la madre hacia su hijo(a) y su trabajo escolar, en particular la confianza en las capacidades de su hijo(a) y el interés y entusiasmo con que realiza su labor de apoyo.
Los datos señalan que diversos factores socioeconómicos son mediadores de las creencias y conductas de las madres y los niños(as), y también permiten
apreciar que la interacción entre las madres y sus hijos(as) con alta motivación al aprendizaje, es más positiva. Se observó que el nivel socioeconómico influye
en las actitudes de la madre hacia el aprendizaje escolar de su hijo(a) y que el apoyo del padre al sostén del hogar y la relación de armonía y colaboración entre padre y madre, favorecen la dedicación de ella al trabajo escolar de su hijo(a).
En todos los casos analizados, se identifican deseos de progresar y se da importancia a los estudios; la diferencia estriba en lo que las madres hacen y sobre todo en cómo lo hacen, lo que señala la necesidad de impulsar y orientar la labor de las madres y los padres para que su esfuerzo en el hogar impacte favorablemente en la motivación de los niños(as) por aprender.

motivación familiar

Si no pueden bajar el PDF de Scribd, pueden solicitarlo a achristin@gmail.com

lunes, 20 de diciembre de 2010

Notas rendimiento escolar y valores

Mis hijos andan nerviosos. La entrega de notas en este trimestre está a punto de producirse, y aunque piensan que han hecho bien los exámenes, siempre acaban diciendo que los profesores son muy duros y que no saben qué resultado tendrán. Muchos padres dan -damos- excesiva importante al baremo de las calificaciones y se dan por satisfechos con que no lleven suspensos.

Yo creo que el rendimiento escolar debería ser ese baremo y no sólo el de las notas, que puede obedecer a algo meramente subjetivo o responder a un mal día de nuestros hijos a la hora de hacer el examen. Qué duda cabe que unas calificaciones están para eso: para calificar el nivel de estudios que van adquiriendo nuestros hijos. Pero el esfuerzo continuado durante el trimestre es lo que verdaderamente habría que valorar en el chaval.


¿Cómo se puede controlar ese nivel de esfuerzo, que para unos será 5 y para otros 8? No solamente el seguimiento que hagan los profesores y tutores en el centro escolar, sino lo que observamos los padres en casa. Apunto algunas pistas, por si os valen:


-Que el chico/a venga contento del colegio y comente las incidencias del día.

-Que hable de sus tareas educativas.

-Que no haya que repetirle ochenta veces que se siente a hacer los deberes.

-Que se haga el remolón y se enchufe a la televisión o a los videojuegos.

-Que anime a sus hermanos a estudiar.

-Que no tarde un siglo en hacer los deberes.

-Que no se queje constantemente de la cantidad de tareas que le han mandado.

-Que sólo haya que supervisarle ligeramente y no "sentarse" con él o ella a hacer los deberes.


Ese esfuerzo del día a día, que es el que vale, debería ser el baremo, y las notas sólo una pista de cómo ha hecho los exámenes, pero no los conocimientos que está adquiriendo.


Mis hijos saben que les damos una importancia relativa a las evaluaciones, que sí creo que es necesario que existan, ya que les puede también servir de acicate. De lo que se trata -y lo que a la larga les va a servir en su vida profesional futura- son los valores que adquieran desde pequeños: el optimismo, el esfuerzo diario, la constancia, el afán de superación ante un bache, la solidaridad y el compañerismo, el respeto a los demás, etc.


Ellos ahora no se dan cuenta de la importancia de adquirir esos conocimientos y están despreocupados ante lo que se les avecina: lidiar en una sociedad muy competitiva y agresiva. Si los padres y educadores ponemos unas bases sólidas en formarles en estos valores, tendrán mucho ganado.


Eso es lo que tenemos que valorar cuando nos entregan las notas



Fuente

http://comunidad.terra.es/blogs/madrecienporcien/

 

sábado, 18 de diciembre de 2010

El orden es clave para un año escolar exitoso

Siempre el inicio de un año escolar viene acompañado del interés de los padres de que sus hijos lo realicen con éxito, pero ¿cómo conseguirlo?

Lo primero que hay que hacer, si es que el menor se quedó de año o pasó con dificultades, es realizar un recuento de cuáles fueron las fallas y los aciertos, porque a veces cíclicamente se vuelve a repetir lo del año anterior, manifiesta Arelly Zapata, psicóloga, máster en Neurocirugía Infantil y directora del Instituto de la Metodología Infantil.

“Tenemos que ver cuáles fueron nuestros puntos más débiles, cuál fue el frente más vulnerable del alumno. ¿Tal vez las matemáticas o castellano? Entonces hay que reforzar esas áreas y buscar ayuda”, señala Zapata.

También recomienda que después de este paso –tanto para los padres de los chicos que tuvieron bajo rendimiento como los que no, o los que van por primera vez va a estudiar– hay que establecer rutinas. Crearles hábitos que favorecerán su desenvolvimiento académico para este año y los siguientes.

Dentro de estas rutinas están: ponerles horarios para levantarse, lavarse los dientes, desayunar, salir a clases, bañarse, almorzar, hacer las tareas, jugar, practicar deportes, merendar, dialogar con los padres, acostarse.

Pero hay que vigilar que estos horarios se cumplan sin necesidad de que se presenten fricciones entre padres e hijos, mucho menos maltratos físicos.

“Hay que tomar en cuenta que no será fácil, porque si para un adulto no es sencillo manejar una rutina, peor para un menor. Por ejemplo, ¿cuántas personas adultas inician una dieta y la terminan?”, dice Zapata.

Beatriz Lira de Cassinelli, psicoterapeuta y psicóloga educativa, señala que lo principal es que haya responsabilidad de los padres en el hogar, para que el estudiante surja de sus problemas y se vuelva responsable, preocupado de sus estudios.

“Los padres tienen que atender al niño en su alimentación, control de las tareas. Saber con quiénes juegan, ver que no dediquen su tiempo desocupado solo a ver televisión, vigilar que aprendan a usar el internet para buscar información para sus tareas, para despejar dudas sobre algún tema, aprender”, indica Lira.

Muchos padres están dedicados a sus problemas y no saben cómo están sus hijos en los estudios. Tal vez porque no tienen tiempo o no están interesados en dárselo. Hay que dejar un espacio para ellos, porque estos los necesitan sentimental y emocionalmente. Si no, se corre el riesgo de que se resientan, decaigan en los estudios como una forma de rebeldía, de llamar la atención, anota Lira.

Dentro de las responsabilidades de los padres se señala el motivarlos con palabras de elogios por algún logro, porque hicieron bien la tarea, se bañaron a la hora indicada, en fin. También recompensarlos, por ejemplo, por algo bueno que logró en la semana, ya sea en los estudios o como parte de la rutina fijada.

“Juntamos la diversión con lo de imponer algo. Si el niño se logró acostar todas las noches a la misma hora, le doy algo que le guste, algo pequeño, como un paseo, una hamburguesa. Es distinto a si se lo hace indiscriminadamente, entonces ellos lo concebirán como una obligación”, indica Zapata.

Otra de las indicaciones para que el alumno tenga un exitoso año escolar es buscar un plantel donde, aparte de educarlo, lo estimulen y valoren. Los padres también deben cerciorarse de que en la institución no saturen a los chicos con tareas, al punto que no les dejen tiempo ni para dormir lo suficiente (ocho horas) o distraerse.

Dentro del éxito escolar cumple un papel importantísimo la alimentación. Al respecto, la médico nutricionista Narcisa Zambrano anota que durante la jornada estudiantil los niños y adolescentes tienen desgaste físico y mental, por ello deben recibir una buena alimentación.

Señala que nunca debe faltar el desayuno con lácteos, frutas y cereales. Después un refrigerio, el almuerzo con vegetales, carnes y frutas. Un refrigerio a media tarde (alguna fruta) y la merienda, que puede ser un vaso de leche con un sándwich con mermelada o pollo.

Añade que el almuerzo debe ser hasta las 15:00 y para nutrir el cerebro no deben faltar los carbohidratos (como los cereales), proteínas (como las carnes) y grasas (como la mantequilla de maní).

Tareas
La rutina diaria se puede colocar en un cartel (el menor debe participar en su elaboración) en la casa.

Si los padres trabajan y no tienen quién vigile la realización de las tareas de sus hijos, pueden ponerlos en un plantel que dé ese servicio o contratar un maestro de confianza.

No se debe poner al niño a estudiar en una habitación en la que esté encendida la televisión, pues no se concentrará.

Hay que enseñarle al alumno el manejo de una agenda donde registre y organice obligaciones.

Después de llegar de clases debe tomar un descanso que puede ser de una hora, luego hacer los deberes.

Es necesario que realicen deportes y actividades relacionadas con el arte, porque estimula muchas áreas a nivel cerebral. La natación favorece la atención y hace que el cerebro descanse de la actividad intelectual.

En los adolescentes establecer hábitos es un poco difícil, pero no imposible. Con ellos hay que razonar y negociar, pero sutilmente, y ser más estricto en las órdenes. Estas deben ser claras y precisas.

Los padres no tienen solo que pedir, sino también educar con el ejemplo.


Autora
CECILIA ROBALINO
Fuente
http://www.eluniverso.com/

Hábitos que Garantizan el Rendimiento Escolar

Viene la guerra mayor: crear firmes costumbres que ayuden a nuestros hijos a tener un año escolar... exitoso!
Por fin, lo peor ha pasado ya: el primer día de clases! Ahora viene el verdadero trabajo, que consta de hacer el año escolar de tus hijos, exitoso y con buen rendimiento. ¿Cómo lograrlo?... Sencillo! Toma nota de los consejos que a continuación te daremos y que te ayudarán mucho a lograr este objetivo. Muchos padres aún no son conscientes del rol tan importante que tienen en la vida de sus hijos, sobretodo en la etapa escolar. De ellos depende en gran parte, el éxito académico de los chicos. Pero nunca es tarde para comenzar, y menos ahora que las clases apenas empiezan.
Para que tus hijos tengan un exitoso rendimiento escolar, es clave que les ayudes en su vida cotidiana. Todo cuenta, desde la alimentación y los horarios hasta la rutina del sueño. Anímalos a desarrollar buenos hábitos mientras asisten al colegio como el del estudio, la nutrición y el manejo del tiempo.
Ayúdalos a poner en práctica los siguientes hábitos:

Empieza el día con un desayuno nutritivo
Es indispensable que tus hijos tomen un desayuno nutritivo por la mañana, antes de salir a la escuela, aún si dicen no tener hambre. Abreles el apetito ofreciéndoles alimentos variados como las frutas, yogurt con cereal, y jugos naturales de su fruta favorita. Procura además que tus hijos consuman alimentos ricos en calcio como el queso y la leche. Varios estudios indican que los niños bien alimentados son más propensos a lograr buen rendimiento escol ar y a tener mejor capacidad para concentrarse y aprender.

Organiza todo un día antes
Evita que tus hijos dejen todo para el último momento. Ayúdalos para que con anterioridad escojan la ropa que se quieren poner el día siguiente. Anímalos para que preparen su mochila con los útiles escolares y las tareas que tienen que entregar. La idea de preparar todo un día antes es con el objetivo de evitar el estrés, enojos y olvidos.

Desarrolla una rutina diaria
Para que tus hijos tengan éxito en su vida académica es importante enseñarles a fijar prioridades y tener un buen manejo de su tiempo. Ayúdales a desarrollar una rutina, quizás trazando una breve lista o fijando una hora especifica para cumplir con sus tareas y así recapitular lo que aprendieron en clase. Procura además, incluir en su rutina un tiempo determinado para que hagan actividades que le gustan y se diviertan, como un deporte o juego con sus amigos o vecinos.
Crea un ambiente propicio para hacer las tareas
Asigna un lugar determinado de la casa libre de distracciones como la televisión o teléfono celular para que tus hijos puedan hacer las tareas. Procura que este sitio cuente con buena ventilación, sea espacioso y este bien iluminado.

Revisa las tareas
Tómate el tiempo de revisar las tareas con tus hijos. Procura hacerles preguntas para repasar el material que estudió en clase. Supervisa las notas que tomaron en clase y si es el caso, sugiere pautas para que apunten de una forma más inteligente. Recuérdales que no es necesario escribir todo lo que esté diciendo la maestra, sino más bien frases y palabras claves que resuman las ideas principales. Si es necesario, busca la ayuda de un tutor Si notas que tu hijo tiene dificultad con un tema en particular, procura ayudarle. Sin embargo, si consideras que sale de tus manos porque no manejas el tema, ya sea porque hace mucho tiempo no has puesto en práctica tus conocimientos de matemáticas o ciencias naturales, no pases por alto la opción de pedir apoyo en la escuela de tu hijo.
Habla con la maestra para que te recomiende un tutor que le pueda ayudar a tu hijo con la materia que se le dificulta. Varias escuelas tienen programas de tutoría para asistir a los estudiantes en todos los niveles escolares, y por lo general son gratuitos.

Hazlos dormir bien
Es necesario que tus hijos descansen y duerman lo suficiente para que al otro día, estén frescos de mente y puedan concentrarse mejor y con mayor facilidad en clase. Ir a la cama temprano suele ser la tarea más difícil del día, pues muchos niños arman tremendo berrinche antes de dignarse a obedecer. Para hacer esto más fácil es recomendable seguir una rutina, como por ejemplo leer un libro antes de dormir, o escuchar música que les calme. Lo ideal es que vayan a dormir temprano y a una hora determinada, para que no se sientan cansados al día siguiente.
Los pasos a seguir para crear buenos hábitos que aseguren el buen rendimiento escolar de los hijos, no son difíciles, pero si requieren de estricta disciplina, sobretodo de los padres. Esto garantizara éxito académico en los chicos, y tranquilidad y satisfacción en los grandes


Fuente
http://www.elaviso.com

jueves, 16 de diciembre de 2010

La responsabilidad en el niño

Enseñar a los niños a ser responsables requiere un ambiente especial en el hogar y en la escuela. Se trata de conseguir un ambiente que les ofrezca información sobre las opciones entre las que deben escoger y las consecuencias de cada una de ellas, y que les proporcione también los recursos necesarios para elegir bien.

La responsabilidad es la habilidad para responder; se trata de la capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, es decir, dentro de los límites de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas. Por otro lado, una respuesta se considera efectiva cuando permite al niño conseguir sus objetivos que reforzarán sus sentimientos de autoestima.


La responsabilidad conlleva, en cierta forma, ser autosuficiente y saber defenderse. Estas son dotes propias de poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo "La autoestima en niños y adolescentes", significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.


Para un niño es normal tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme el niño va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:


Sabiendo claramente ellos mismos lo que esperan de los niños.
Exponiendo sus expectativas de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o debes escolares, sin ambigüedades.
Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño. La coherencia es más importante que la severidad.
Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa "el olvido"
Participando padres y madres (cuando sea posible) en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.


Un niño es responsable cuando sus actos coordinan, de forma creativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los adultos tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio, a definir sus propios valores y a resolver las dificultades en función de sus propios sentimientos.


El niño que posea sentido de la responsabilidad cosechará éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se beneficiará de las consecuencias positivas de esos éxitos.


Muchos padres creen que las recompensas por buen comportamiento son una especie de "soborno", pero las recompensas de orden material (dinero, juguetes...) sólo se convierten en sobornos si son la única técnica que se utiliza para motivar a un niño. Recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también recompensas que no son materiales que conviene recordar:


Hágale saber al niño, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: "has limpiado tu armario estupendamente"
Proporciónele ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: "¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando el cuarto de baño"
Apoye al niño cuando lo necesite: "Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes"
Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: "Ya que tienes que ir a una reunión de los boyscouts esta noche, yo me ocupo de lavar los platos"
Comparta con el niño algunas tareas de tanto en tanto, como reconocimiento a sus esfuerzos: "La verdad es que ayer dejaste tu habitación limpísima: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?


En ocasiones las responsabilidades de los niños producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos sean pacientes y tolerantes.


El aprendizaje de la responsabilidad

A los niños que no sean considerados responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias. Enseñar a los niños a ser responsables no quiere decir enseñarles a sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán los medios, las actitudes y los recursos necesarios para valorar con eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.


Uno de los aspectos básicos de la enseñanza de responsabilidad a los niños es la cuestión: "¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?" Los niños pueden saber hacer las cosas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos artificios que estimulan al niño a recordar, tretas que pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:


1. Escriba las cosas y colóquelas en lugar visible.

2. No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Recordar las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre de la cual los niños pasan a depender.

3. Establezca costumbres lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se incrementa la capacidad de recordar de los niños.

4. No le dé miedo castigar al niño que se "olvida".

5. Acuérdese de lo que usted ha dicho. Si los padres lo olvidan, están otorgando al niño, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.


Una vez que a los niños se les ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si...


...les recuerdan las cosas cuando ellos "se olvidan"
...lo hacen ellos mismos porque "es más sencillo"
...subestiman la capacidad de los hijos.
...aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
... hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
...creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son "buenos" padres.


¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?

Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.


Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:


1. DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DEL NIÑO.
Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.


2. AYUDE A LOS NIÑOS A TOMAR DECISIONES.
Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:
· Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión.
· Buscar otras soluciones.
· Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuencias.
· Valorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.


3. ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.


4. UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD.
Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.


5. SEA COHERENTE.
Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.


6. NO SEA ARBITRARIO.
Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.


7. DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.


UN NIÑO ES RESPONSABLE SI...

...realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
...puede razonar lo que hace.
...no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
...es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
...puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
...puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
...posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
...respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
...puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración.
...lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
...reconoce sus errores.



 



 

Fuente

Escuela de Padres

MEC

Ministerio de Educación de España



 

La autoestima de los padres también es importante

En el artículo titulado "La importancia de cuidar la autoestima" ya se trataba su concepto y decíamos que es "la idea que tenemos de nuestra valía y se basa en todos los pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que sobre nosotros mismos hemos ido recogiendo durante nuestra vida" También nos ha gustado la siguiente definición sobre la autoestima cuando dice que es "la experiencia de moverse por la vida con un sentimiento de bienestar y satisfacción".

    También decimos en el mismo artículo que "la autoestima significa saber que eres valioso y digno de ser amado" Desde aquí nos remitimos a este artículo porque se analizan a fondo las características, cómo se construye la autoestima y factores que influyen en la misma así como la relación que existe entre la autoestima y la adolescencia.

   Es hora de tratar aquí cómo influye a autoestima de los padres en los hijos. s Los buenos padres se preocupan por cuidar y formar correctamente la autoestima de los hijos. Esto se consigue cuando aumentan la suya: si de por sí es alta, todavía mejorarán más la de sus hijos y si todavía merece aumentarla más, tendrá un efecto más positivo.

   Antes hemos hecho referencia a la importancia que tiene el bienestar y la satisfacción para la construcción de una buena autoestima. No nos referimos aquí al bienestar que siente una persona consigo mismo sino la que se genera cuando nos preocupamos por los demás y estamos pendientes del bienestar y la satisfacción de los demás. Los adultos que tienen baja autoestima tienden a pensar demasiado en por qué se sienten mal, sin embargo los que poseen autoestima alta piensan más en todo aquello que les hacen sentirse bien.   


 En definitiva, con la autoestima nos referimos a un estado interior de sentimientos positivos que genera una seguridad en lo que se hace, se piensa y por tanto asegura el bienestar. Los padres deben buscar aumentar la satisfacción en su labor como padres y en la vida de familia en general para así aumentar su autoestima y su buena actuación hacia los demás.



 
 Llegamos a la conclusión de que es necesario encontrar satisfacción de la vida diaria, de la vida familiar, pero no todos los padres lo consiguen. Existen factores que dificultan obtener satisfacción de la vida familiar. Algunos de ellos son los siguientes:

Hoy día es frecuente encontrar familias en las que trabaja el padre y la madre y esto supone escaso tiempo para dedicarse a solucionar los problemas que van surgiendo.

La ausencia de sentido familiar se manifiesta por el creciente número de divorcios, problemas de alcohol, droga, aumento de malos tratos, etc.

  La clave por tanto es sentirse satisfecho como padre/madre. Para ello hay algunos sentimientos básicos que hay que procurar experimentar como si fueran claves para encontrar la satisfacción:
               Debemos divertirnos.
               Debemos estar confiados en que los hijos están sanos y son felices.
               Hay que estar confiado de que los demás nos respetan como padres.
               Debemos estar satisfechos con el trabajo que hacemos.
               Hay que luchar contra el exceso de ansiedad.
               Debemos estar seguros de que los hijos agradecen nuestras contribuciones a sus propios logros.

   La autoestima como padre depende entre otros factores de la satisfacción que se obtiene del hecho de ser padre y de la vida familiar en general. Siguiendo a REYNOLD BEAN en su libro "Cómo ser mejores padres" encontramos que hay baja autoestima en los padres si se demuestra a menudo lo siguiente:



Se deprimen fácilmente (sentimientos de tristeza, energía baja, pensamientos taciturnos) cuando están en casa, incluso cuando los demás parecen sentirse bien.
Evitan hacer cosas con toda la familia por las molestias que ello conlleva.
Los padres no está de acuerdo en temas que conciernen a los niños, así que evita discutirlos, aunque necesite hablar de ellos con alguien.
Están involucrados en más luchas de poder de las que desearían.
Tienen la impresión de que sus hijos manejan su vida.
A menudo no saben cómo manejar a los niños. No quieren que nadie adivine que no saben lo que están haciendo.
Tienen la impresión de que todos los demás (profesores, médicos, enfermeras, padres, artículos de revistas y comedias de televisión) saben más sobre cómo educar a los niños que ellos mismos.
Siempre sienten la necesidad de controlar a sus hijos por miedo a que se le vayan de las manos.
Se deprimen o enfadan cuando los niños les dicen algo ofensivo, en lugar de mantener la compostura.
Desearían un día libre pero parecen incapaces de conseguirlo. Nunca es el momento adecuado.
Nadie en la familia parece hacer bien las cosas y ellos se ven obligados a hacer cosas que desearían que hicieran otros.
La lista de responsabilidades como padre se hace cada vez más larga, pero carecen de motivación para cumplir con su deber. Tienen la impresión de que le están exprimiendo.




   Ante las afirmaciones que se están vertiendo en este artículo es conveniente concretar que es necesario aumentar la autoestima como padre o madre. A continuación y siguiendo una vez más el libro antes citado de REYNOLD BEAN, se aportan algunas sugerencias que pueden ayudar al lector:

                Pasen tiempo a solas con cada uno de sus hijos siempre que puedan para que no le distraigan las necesidades de los otros miembros de la familia. Éste es el método más importante y el menos utilizado para aumentar la satisfacción en la vida familiar.

               Tengan "secretos" para cada miembro de la familia (incluido usted mismo) para que los "tesoros" privados de cada uno estén a salvo de la curiosidad de los demás.

               Los padres debe pasar tiempo a solas todas las semanas, sin niños ni otras distracciones. Es imprescindible salvaguardar este tiempo sagrado.

               Permitan que la casa esté desordenada durante el día, mientras todos están cumpliendo con sus obligaciones, pero exijan que luego participen de la limpieza por la noche. Al fin y al cabo, la casa es de todos.

               Tengan siempre algo disponible para comer que guste a la familia porque la comida es un factor  importante de seguridad, aunque esta medida no soluciona por sí sola los desórdenes nutritivos o la obesidad, que se basan en factores emocionales, no en la disponibilidad de la comida.

               Aprendan a planificar para no desaprovechar las oportunidades satisfactorias por la aparición de acontecimientos imprevistos. Una buena planificación es imprescindible en las familias con poco tiempo libre.

               Establezcan tradiciones familiares cada semana, mes o año. Esto es especialmente importante si los parientes viven a una cierta distancia o si los hijos viven fuera de casa. Acepten el hecho de que a la gente no le gusta que le impongan tradiciones, pero sí los recuerdos agradables que conllevan.

               Si les gusta la música, tengan un casete portátil o un compact-disc con auriculares para poder escuchar la música sin molestar a nadie.

               Cultiven sus amistades. A largo plazo, no se puede depender de la familia para satisfacer todas las necesidades sociales. Ello otorga expectativas poco realistas a los demás miembros de la familia.

               Valoren cada día en una escala que se invente. Esto les obligará a evaluar la calidad de cada día y a encontrar maneras de mejorar. También le proporcionará un sentimiento de satisfacción cuando el día ha ido maravillosamente. Muestre su invento al resto de la familia.

               Dividan sus metas en etapas, para avanzar todos los días en la dirección adecuada. No pospongan las cosas hasta que pueda conseguirlo todo de una sola vez. Si no, lo más probable es que nunca alcance sus metas y se enfade y deprima.

               Escojan un día cada dos semanas y propóngase no gritar durante todo el día. A menos que les divierta gritar, la mayor parte de las personas se sienten estúpidas e impotentes después de hacerlo. Un día sin sentirse estúpido puede hacer maravillas por la autoestima. Si no tienen la costumbre de gritar, elijan prescindir de alguna otra cosa que les haga sentirse estúpidos e  impotentes.

               Desarrollen su propia lista de cosas que puede hacer para aumentar su autoestima. Sin embargo, no incluyan cosas que desean cambiar porque pocas personas pueden cambiar un comportamiento neurótico y disfuncional por ponerlo simplemente en una lista. Sólo conseguirán frustrarse intentando cambiar cosas que no están en sus manos.

               Aprendan a decir "no". Muchos padres no saben, sobre todo si los niños exigen continuamente. Pero no siempre se les puede dar lo que quieren.



 



Fuente



Escuela de Padres



MEC



Ministerio de Educación de España

lunes, 13 de diciembre de 2010

La alabanza y la crítica en la relación padre/hijo

Introducción
Las alabanzas y las críticas son juicios de valor que emitimos hacia alguien (en este caso hacia los hijos) que hay que saber comunicar, transmitir y usar en los momentos adecuados. Esta realidad mejorará la labor de los padres y su relación con los hijos.

En nuestra sociedad estamos acostumbrados a emitir constantemente juicios de valor y comentarios sobre hechos y acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor, en nuestro entorno más inmediato, de nuestros hijos, de la familia. Estos comentarios los emitimos, en ocasiones (por no decir en la mayoría de ellas) alegremente sin pensar en las repercusiones que puedan tener.


Este es el caso de las alabanzas y las críticas hacia nuestros hijos. Se tratan de juicios, unas veces positivos y otras negativos; unos días pueden parecernos imprescindibles (las necesitamos, las necesitan nuestros hijos) y otros días, incluso perjudicar porque se sabe que no son merecidas.


Tememos ser juzgados

Al principio, el niño necesita los juicios constantes de los padres para controlar su conducta y aprender a comportarse porque decimos que posee una moral heterónoma, es decir, depende de los mayores, de otros para comportarse y aprender. Con el tiempo, ya cerca de la adolescencia y en plena etapa adolescente, el chico y la chica se vuelven seres con autonomía moral, queremos decir con ello que son capaces de crear sus propias normas, valores, actitudes y conductas y no son tan dependientes de los mayores. Es esta fase y a partir de ella cuando el individuo teme más los juicios que los otros emiten sobre sus actos, tanto buenos como malos.


Este comportamiento de rechazo hacia los juicios de los otros se explica sobre todo en los adolescentes porque disponen claramente de dos vidas, una exterior que es la que se aprecia, se percibe por todos los que le rodean a diario, lo que dicen, hacen... La otra, está determinada por su vida interior, sus intenciones, motivaciones, deseos y sentimientos más íntimos que suponen un torbellino de ideas que hacen al individuo más aislado.


Es este el motivo por el que nos preocupa que los demás nos juzguen. Creemos que nosotros somos los que mejor nos conocemos y nos violenta pensar que los demás nos juzguen por lo que parece que somos, no por lo que realmente somos.


Pero esta realidad la tienen que vivir, en cierta medida, los niños y adolescentes, porque precisan ser guiados, reconducidos en su conducta, y esto lo llevan a cabo los padres por medio de juicios que exteriorizan en alabanzas y críticas.


Relación ante las alabanzas y las críticas

La reacción que los hijos presentan ante las alabanzas y críticas es difícil de predecir. A veces reaccionan a las alabanzas diciendo que son inmerecidas. Cuando hay baja autoestima, los hijos intentan evitar la crítica o el castigo. Algunos siempre desean más alabanzas, nunca tienen suficiente. Por otro lado, mientras que unos no reaccionan a la crítica, otros se derrumban a la mínima.


Es siempre difícil predecir cuál será su reacción ante un juicio. Como norma general, es mejor limitar tanto las críticas como las alabanzas para que tengan más significado cuando realmente sean necesarias. Por otro lado vamos a conseguir más efectividad. Una pauta interesante a seguir es decir a alguien algo agradable de vez en cuando, especialmente si quien recibe el halago no se lo espera.


Los adultos suelen ser críticos

Normalmente los padres esperan que los hijos hagan las cosas tal y como a ellos les gustaría. Como eso no es posible y, normalmente no se da el caso, terminan recurriendo a la crítica sobre todo cuando las cosas no se hacen o se dejan a medio hacer.


En estas situaciones es difícil no ser crítico y la verdad es que no se puede evitar. Lo que sí debemos vigilar y cuidar es criticar menos y si lo vamos a hacer, que sea en el momento adecuado. Se trata pues de ser menos crítico, de que los padres no sean constantes jueces de la actitud y comportamiento de los hijos. Si esto ocurre estamos negando la libertad de autocrítica de cada individuo y estamos influyendo negativamente en el desarrollo de su propia autonomía moral.


Si alguien recibe constantemente los mismos mensajes o los recibe de la misma forma (a voces, de malas maneras...), termina por no hacer caso a los mensajes que pretenden conseguir el efecto contrario, es decir, que el individuo modifique su actitud y conducta ante un hecho como puede ser el rendimiento escolar, mantener el orden de la habitación...


Y si los hijos no suelen hacer caso de la mayoría de las cosas que de forma reiterada dicen los padres, en cierta forma es bueno, porque también los adultos se deben parar a pensar el contenido de los mensajes que dirigen a los hijos, muchos de ellos cargados de negativismo, sin validez moral,... en una palabra, no se piensa bien lo que se dice a los hijos. Y no solo no suelen hacer caso de los mensajes de los padres, sino que además, y por suerte, suelen olvidar los comentarios que más pueden herir.


Las mejores metas se alcanzan cuando los hijos son capaces de llegar a sus propias conclusiones sin depender tanto de los adultos. Pero, ¿y si este momento no llega?, ¿tendrán paciencia los padres? Realmente, es una situación muy delicada porque la experiencia no demuestra que no esperamos lo suficiente y los adultos terminamos criticando otra vez. Esta situación casi no se puede evitar, podríamos decir que va implícita a la propia situación de la relación entre padres e hijos.


La fórmula la podemos encontrar cuando se dicen cosas agradables, de la forma adecuada, en el momento justo. Los hijos sabrán perdonar a los padres aunque éstos les juzguen demasiado a menudo. La alternativa a ser un constante crítico es decir cosas agradables de vez en cuando, sobre todo cuando los hijos no se lo esperan. Para ello, es preciso disponer de algo muy elemental y que por desgracia en el mundo actual no encontramos con facilidad, y son los momentos para hablar que deben tener las dos partes y que, seamos claros, los hay, por muy atareados que nos encontremos todos, incluidos los hijos.


La autoestima no se aumenta con las alabanzas

La alabanza no aumenta automáticamente la autoestima del individuo. Sí es verdad que la alabanza refuerza una autoestima ya existente o una experiencia con efecto positivo en la autoestima.


Además de alabar o elogiar hay que decir la verdad y los hijos aprenden a diferenciar cuándo un mensaje es verdadero o no. El valor de la alabanza y la credibilidad de la persona que emite el juicio disminuyen automáticamente cuando dicha alabanza no se merece.


Se sabe cuándo un niño posee una autoestima baja porque su comportamiento busca constantemente las alabanzas que refuercen sus virtudes ya que él no es capaz de hacerlo porque presta más atención a sus faltas o defectos. Este es el motivo por el que estos niños dependen de mensajes externos, de quien les rodea. Debemos conseguir que confíen más en ellos mismos, en sus propios sentimientos de satisfacción cuando logran algún éxito. Si realmente un niño busca la aprobación de los demás, de los padres, es bueno dársela pero sin exagerar como por desgracia se suele hacer, pensando que cuanto más enfaticemos nuestra aprobación, más feliz haremos al niño y eso en realidad, es engañarle.


Una estrategia a seguir muy frecuente y no difícil de poner en práctica es cuando un niño se acerca y nos pregunta si nos gusta el dibujo que ha hecho o si le ha quedado bien lo que ha pintado... En esta situación, debemos devolverle la pregunta y pedirle que nos diga su opinión sobre su actividad, si le gusta o no a él, cómo la ve. En caso de que su comentario o su percepción sea negativa habrá que preguntarle por qué, que razone y conseguir una explicación lo más racional y justa.


Antes hemos dicho que las alabanzas sirven para reforzar la satisfacción del niño sobre lo que ha hecho. Son más efectivas si van dirigidas a un niño que se siente bien y no cuando se siente mal. Por otro lado ya hemos dicho que no hay que hacer que el niño dependa demasiado de las alabanzas.


Si nos encontramos un niño demasiado crítico consigo mismo, hay que ayudarle a comprender por qué se produce esta situación. La respuesta la podemos encontrar en algo que se suele dar y es que sus expectativas y metas son demasiado altas y por tanto alejadas de la realidad (incluidas las expectativas de los padres) Los hijos deben aprender que es bueno ser autocrítico (sin exagerar) para mejorar el nivel de rendimiento.


Si la idea del hijo coincide con los comentarios que los padres hacen de él, se consigue que el hijo confíe más en el criterio del adulto, siempre y cuando el adulto haya sido sincero y se base en la realidad. Como conclusión podemos afirmar que los buenos padres (que también hacen juicios negativos) gozan de mucha credibilidad, no abusan de las alabanzas o las críticas y han aprendido a coincidir con los sentimientos de sus hijos.


Cuándo son más efectivas las alabanzas y las críticas

Si las utilizamos cuando el hijo las espera, conseguimos hacer lo que demos hacer como buenos padres. Cuando se desempeña el papel que el hijo espera conseguimos seguridad en éste último. Esta situación se puede dar cuando el hijo espera la aprobación de los padres ante un buen resultado escolar. En este caso hay que elogiar, pero no olvidemos que lo que más vale es la idea y la opinión que el propio chico tiene de su éxito. Al contrario tenemos una situación parecida cuando un niño sabe que ha hecho algo mal y no puede evitar que los adultos lo descubran; ahora el elogio pierde valor porque el juicio negativo ya se ha producido con antelación en la mente del niño.


Una actitud positiva no es lo mismo que una alabanza

Cuando decimos algo agradable a un niño no tiene por qué ser un juicio y por tanto no es una alabanza. Podemos comentar a los hijos algo bueno que ha ocurrido sin necesidad de que ellos hayan intervenido y sean los protagonistas. Se trata de compartir con los chicos los momentos buenos y manifestar, exteriorizar, las buenas sensaciones que un hecho (que directamente puede no tener nada que ver con ellos) puede suponer para los adultos.


Podemos decir cosas agradables sobre una característica personal favorable del niño y así se demuestra que uno no siempre tiene que hacer algo para merecer elogios. Sobre algo agradable que haya hecho el niño. Sobre algo bueno de uno mismo para mostrar que la autoestima positiva es buena; con esto estamos transmitiendo que es posible sentirse bien con uno mismo sin buscar la aprobación de los demás. Sobre otras personas para demostrar que es positivo tener buenos sentimientos hacia ellas y es una forma de demostrar cómo hay que valorar a los demás. Sobre cualquier hecho, acontecimiento y mostrar así que uno se siente bien por algo (un nuevo día, un fin de semana, la comida de cada día, etc.) Sobre un árbol, una puesta de sol, un paisaje para demostrar que es bueno obtener satisfacción de las experiencias cotidianas.


En definitiva, decir cosas agradables demuestra que se tiene una actitud positiva, muy necesaria para todos y más en las relaciones entre padres e hijos.


Hay que destacar las virtudes

Muchos no son capaces de tener una autoestima alta porque no son capaces de identificar sus puntos fuertes. Esto es debido a que nos fijamos en demasía en nuestros defectos y menos en las virtudes y esta actitud la reflejan los adultos con sus hijos.


En realidad, todos tenemos más virtudes de las que creemos. Si por virtud entendemos una cualidad que destaca por encima de lo habitual, es importante subrayar las virtudes de los hijos por encima de los defectos.


Debemos saber que un niño puede tener virtudes aunque cometa muchos errores. Si esto es así será más fácil definir a un niño cuando estamos hablando con otro adulto. Digo esto porque en el entorno escolar (por ejemplo), los padres pecan demasiado de aspectos negativos cuando tienen que hablar de las características de sus hijos a los maestros.


Ejemplos de virtudes que pueden destacarse en los niños en situaciones concretas son: la lealtad del niño cuando ha mentido para defender a un amigo; el valor del niño que por primera vez va al colegio aunque tenga miedo; la persistencia que demuestra un niño al subir a un árbol aunque se rompa los pantalones; la integridad que demuestra un niño cuando es falsamente acusado pese a contestar con descaro a un adulto...


Es difícil ver una virtud en un acto que también podría exigir un castigo. Cuando se comprende a los niños, aunque se les critique o castigue, el acontecimiento será recordado durante mucho tiempo.


Fuente

Escuela de Padres

MEC

Ministerio de Educación de España

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