viernes, 27 de abril de 2012

La falta de hábito lector está detrás del aumento del fracaso escolar

El fenómeno del fracaso escolar es complejo ¿A qué nos referimos? ¿Notas bajas? ¿Repitencia? ¿O falta de aprendizajes? Seguramente, para todos ellos, encontraremos múltiples orígenes, pero es destacable uno de ellos, el relacionado con las capacidades lectoras.



La falta de hábito lector entre los alumnos es un factor clave que afecta de forma decisiva al rendimiento académico y determina un aumento del número de casos de fracaso escolar, por lo que se hace necesario el trabajo conjunto de familias y profesores.

Así lo ha manifestado la directora general de Ordenación y Evaluación Educativa de la Consejería de Educación, Pilar Jiménez, durante la inauguración en Granada del I Congreso Nacional de Familias Lectoras en Red que se celebra este fin de semana en el Parque de las Ciencias.

A su juicio, el fomento de la lectura es un pilar fundamental para impulsar el éxito escolar, ya que gran parte de los casos de problemas de rendimiento escolar se registran en alumnos sin hábito lector.

Pilar Jiménez ha destacado, además, que la lectura contribuye a configurar la personalidad de los niños, al tiempo que ha animado a fomentarla a través de estrategias adecuadas, puesto que se trata de una misión delicada que no debe imponerse ante el peligro de causar el rechazo.

El foro, que reúne a unos 800 participantes entre ponentes, familias y profesorado, tiene como objetivo establecer estrategias de actuación para el fomento del hábito lector entre los niños, un objetivo que, para Jiménez, debe partir del trabajo conjunto de familias y docentes

En este sentido, Jiménez ha destacado el esfuerzo que hace la Consejería de Educación en favor del hábito lector, a través de iniciativas que colocan la lectura en el centro de atención, como la habilitación de un espacio para bibliotecas en todos los centros escolares o el impulso del Plan de lectura y biblioteca.

Para el futuro, la directora general de Ordenación y Evaluación Educativa ha avanzado la firma de un convenio con el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, organizador también del Congreso, que dará un nuevo impulso a estas iniciativas, con actividades dirigidas especialmente a las familias, la distribución de guías para orientarlas a que enseñen a leer o campañas de lectura en familia.

Las actividades del Congreso, que dispone de una zona de exposiciones de experiencias lectoras, finalizarán mañana domingo, con la presentación de conclusiones y la proyección de los materiales audiovisuales que se elaboren durante el foro.


Fuente
La voz digital.es



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jueves, 19 de abril de 2012

Los chicos que leen en su tiempo libre rinden más

La escritura cambió la historia de la humanidad, se trata de una tecnología de probada eficacia. Luego aparecieron los libros, y hoy disponemos de enormes posibilidades de acceder a textos escritos ¿Con qué se relaciona la lectura? Existe unanimidad en vincularla con aspectos positivos, como en este caso con el rendimiento escolar.




Pueden concentrarse mejor y en la escuela se destacan hasta en Matemática. Las vacaciones son una época ideal para incentivar la lectura. Advierten que leer en Internet no produce los mismos efectos.

Leer puede ser para los chicos y adolescentes, además de un placer, una inversión a largo plazo. Dos estudios, uno argentino y otro internacional, dan cuenta de esta evidencia, mientras que los especialistas consultados coinciden: la lectura en los tiempos de ocio hace que los futuros adultos rindan mejor en la vida.

Una reciente investigación británica de la Universidad de Oxford, que siguió a casi 20.000 personas entre la adolescencia y la adultez, reveló que leer por placer asegura un mayor éxito profesional. Los testearon a los 16 años y volvieron a hacerlo a los 33. Los lectores habían llegado a ocupar mejores puestos en empresas que aquellos para los que la lectura no había sido una prioridad.

En la Argentina, se comprobó que los estudiantes que egresan del secundario salen mejor preparados si en sus casas hubo una biblioteca. La conclusión se desprende del último Operativo Nacional de Evaluación del Ministerio de Educación, que examinó a los alumnos de quinto año: a medida que crece la cantidad de libros en el hogar, los desempeños en Lengua y Matemática mejoran. Y la falta de libros en casa explica, en parte, las bajas notas que obtienen en el colegio.

El verano, fuera de las obligaciones escolares de todo el año, es una época ideal para incentivar la lectura, sobre todo en los más pequeños de la familia. Desde la Fundación Leer, aseguran que dedicarles unos 20 minutos diarios a leerles un libro es clave para generar el hábito y que luego, una vez alfabetizados, ellos continúen haciéndolo por sus propios medios.

Según Rafael Gagliano, docente de Filosofía y Letras de la UBA, leer libros “permite un nivel de concentración y focalización mayor, reduce la dispersión de la vida mental y posibilita mirar detalladamente una trama o historia y ser fiel a su comprensión e interpretación”.

Gloria Gitaroff, psicoanalista y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, enumera una serie de ventajas difíciles de rechazar: “El hábito de la lectura no sólo nos entrena; ayuda a expresarnos mejor y acostumbra a una correcta ortografía y gramática, y a ampliar el vocabulario. Además, desarrolla la imaginación y la creatividad, aumenta la capacidad de memoria y ejercita la concentración”.

Abraham Gak, ex rector de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, considera que la lectura “permite hablar mejor y, en matemática, contribuye a desarrollar un pensamiento lógico. Quienes están acostumbrados a leer libros adquieren una sensibilidad diferente y se expresan con mayor exactitud, a contramano de los que sólo leen por Internet, donde sólo picotean y adquieren un conocimiento fragmentario”.

Para Patricia Mejalelaty, directora ejecutiva de la Fundación Leer, la lectura es una habilidad transversal a todas las áreas del conocimiento. “Un chico que no lee libros tiene dificultades para comprender y seguramente le va a ir mal en todas las asignaturas. No sólo en Lengua. Por ejemplo, no va a ser capaz de comprender el enunciado de un problema matemático o de sacar ideas de un texto”, grafica. Por eso destaca que es importante que tanto padres como maestros ejerzan un rol de mediadores en el hábito de implantar la lectura. “Donde no sólo sea la lectura sino donde circule la palabra y esté presente la anécdota, en donde los abuelos tengan un rol determinante”, aconseja Mejalelaty. Y agrega: “Cuando los chicos tienen acceso a libros que han sabido captar su interés, como lo logró Harry Potter con una historia atrapante, se sumergen de lleno”.

Axel Rivas, director del Programa de Educación del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC), destaca que el buen desempeño en relación a la disposición de libros en el hogar está emparentado fundamentalmente con una cultura familiar: “Esa correlación no se debe al hecho de que sólo tengan libros, sino a que hay una familia con predisposición a transmitir ese habito desde temprana edad. Se trata de una responsabilidad conjunta en que juegan varios aspectos: el principal es generar confianza en los chicos: todos pueden aprender”.

Los especialistas coinciden en que la presencia de libros en el hogar depende de una tradición y cultura familiar. Y del estrato social. En muchos casos, la ausencia de libros se debe a limitaciones de espacio e incomodidades propias del hacinamiento en las casas. Gak opina que “esto está unido a las condiciones de vida y a los derechos que deben tener todos los chicos. Por eso es tan importante la igualdad de oportunidades”.


Por María Eugenia Pintos
Fuente
Clarin.com



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miércoles, 11 de abril de 2012

La participación de la familia en el proceso de enseñanza-aprendizaje

¿Cómo hacer para que los alumnos aprendan? ¿Cómo lograr que adquieran capacidades relevantes, para aportar a la construcción de una sociedad más democrática y justa? La respuesta no debe partir solamente del aula, sino que la sociedad toda debe implicarse. A continuación se analiza la imprescindible participación de las familias.

 



La incidencia en política educativa del Consejo de Educación de Adultos de América Latina (CEAAL) constató durante los últimos años que aun cuando las familias carecen de mecanismos permanentes y fluidos para participar de manera activa en el proceso educativo de sus hijos, las comunidades son fuentes de recursos para el aprendizaje, la relación comunidad escuela, se constituye como uno de los principios orientadores de las reformas educativas y descansan en la participación como un ejercicio cívico (CEAAL). Sin embargo, es el criterio de P.L Castro que la participación que en América Latina se asume como una opción política en el discurso social. En este contexto los empeños educativos ante las problemáticas comunitarias se asocian a la acción participativa pero, este no constituye aun la proyección de los sistemas educativos en general.

J.C Tedesco plantea que los mayores triunfos son constatados en las escuelas donde se fortalece la autonomía mediante proyectos educativos que permite desarrollar una identidad institucional al compartir tradiciones, trabajo cooperativo, acciones metodológicas, responsabilidad por los resultados considerando que las condiciones esenciales serían la autonomía de la escuela y fortalecer su identidad institucional en los que la participación en el procesos de enseñanza-aprendizaje de la comunidad educativa permita lograr un sistema de relaciones basadas en la interacción y el diálogo.

El aprendizaje no es sólo una tarea académica sino que, como proceso de apropiación, ocurre a lo largo de toda la vida y es resultado de la (co)responsabilidad que asumen los sujetos implicados en el proceso de formación del escolar. Por tanto, en él concurren diferentes sujetos los cuales connotan un tipo de participación.

Los procesos de cambio curricular en Cuba demuestran que estos no constituyen ni aseguran por sí solos la transformación educativa con profundidad. El balance de las reformas de los años 60 y 70” contribuyeron al mejoramiento educativo, pero no existió un propósito intencionalmente explícito y estructurado de promover cambios en los sistemas de relaciones de la escuela. Estos procesos fueron centralizados, aunque hubo consultas con especialistas y docentes, no se logró tomar en cuenta las perspectivas y demandas particulares de escolares y familiares.

Los 80 y los 90 implicaron nuevos retos al perfeccionamiento del sistema educativo y en esta oportunidad, la participación de la familia y la comunidad no priorizó su vínculo con la escuela al convertir en la subsistencia diaria en la clave de sus acciones. La escuela, por su parte recibió el impacto avasallador del problema económico aun cuando se logró mantener la oferta educativa a todos los ciudadanos. No obstante, el planteamiento y reclamo a la participación de la familia en el proceso de enseñanza-aprendizaje creció sin que se lograra alcanzar las implicaciones necesarias.

En general la pedagogía que se generó en el cambio educativo del primer decenio del siglo XXI corroboró la idea de que para lograr estos propósitos se precisa la coherencia y la coordinación de las actuaciones de los distintos sujetos implicados en los procesos de cambio en función de alcanzar metas comunes y los participantes deben tener una representación del sistema educativo que se quiere llegar. Consecuente con estas ideas, las claves para el cambio radican en: coordinación entre los/las participantes en torno a principios, objetivos y planes de acción, representación anticipada del modelo a alcanzar.

Desde esta posición D. Castellanos considera que “el éxito depende de la movilización de todos los factores y agentes implicados, de modo que comprendan los propósitos esperados, que se les ofrezca la oportunidad de resignificar sus ideas y satisfacer sus necesidades, así como construir espacios de acción y transformación”

Para N. González participar es más que movilizar, más que intercambiar criterios, más que opinar, significa sensibilizarse, tomar parte, implicarse, decidir y actuar comprometidamente. Desde perspectivas similares se asume que la participación implica ampliar todo lo referente a las teorías educativas tradicionales, que circunscriben la educación a las influencias que realizan la escuela y el maestro dentro del sistema de enseñanza escolarizada.

Mientras, A. Fernández define la participación como: “proceso donde las personas se involucran con creciente responsabilidad y compromiso en las fases de análisis de su realidad, la toma de decisiones, la planificación, ejecución, evaluación y reformulación de esas decisiones…al promover su autotransformación y la transformación cualitativa de esa realidad, lo que implica un crecimiento personal y social” en el cual se considera que, en todo proceso participativo es importante que las personas se involucren, quieran, sepan y puedan participar pues, querer participar implica: … tener una percepción clara de rentabilidad, del para qué va a participar, qué logrará satisfacción social y afectiva desde las vivencias en este proceso participativo”.
Luego, “saber participar es: poseer formación para la tarea que se va a emprender, cómo participará, supone formación para la comunicación y el trabajo grupal que se generará en este proceso participativo”; formación que se genera desde el mismo proceso participativo y grupal. Asimismo “poder participar implica: que se brinde el espacio para participar, organización participativa para las acciones que se generan desde este proceso participativo, comunicativo y grupal”. 

De acuerdo con P.L Castro -en la participación no basta el cambio en las formas de propiedad sobre las formas de producción, también se requiere un enfoque de la educación de la familia y la comunidad para que se favorezca la consolidación de esta cultura en torno a la escuela. Advierte que la participación en la educación puede ser interpretada como una actividad popular de aprendizaje, y que participar es, por tanto, tomar parte en la formulación de las acciones educativas, en su planificación, especialmente en su ejecución, así como en la evaluación de sus efectos. Precisa este autor que: “Es un proceso a través del cual los grupos humanos se motivan y se comprometen en la búsqueda de soluciones”.

Así, el proceso de enseñanza-aprendizaje orientado a la participación supone estimular la reflexión y la cooperación de los sujetos implicados, por tanto, persigue la transformación de las actitudes de individuo, pues “la participación se refiere al ejercicio del poder que se realiza en la toma de decisiones conjuntas asegurando un ambiente democrático, no es un fin en sí mismo, sino un medio. Presupone un acceso al espacio de la toma de decisiones, pues solo habrá participación activa si los que participan pueden influir sobre las líneas de conducción de los procesos (Atinche).

En este punto, se insiste en que la participación de la familia y la comunidad es un elemento indispensable para el desenvolvimiento del proceso enseñanza-aprendizaje en la escuela. Ellas son las dos instituciones sociales-familia/comunidad- más importantes con que cuenta la sociedad para la adquisición y trasmisión de toda la herencia histórica cultural de la humanidad, mientras la comunidad -como síntesis de esta constituye “el entorno social más concreto de existencia, actividad y desarrollo del hombre (A. Blanco)

Pero, la familia, al integrar sus hijos al sistema educativo, contrae determinados compromisos y responsabilidades con el proceso docente educativo; tales obligaciones aparecen recogidas y reguladas en los códigos legales que refrendan el cumplimento de los derechos del niño: el pleno desarrollo de su personalidad sustentado en el amor y comprensión como responsabilidad de sus padres los cuales deben propiciar un ambiente y seguridad moral y material. En este caso ambos padres tienen obligaciones comunes en lo que respecta a la crianza y el desarrollo del niño, lo cual se convierte en su preocupación fundamental.

En Cuba, las leyes como la Constitución de la República, el Código de la Familia reconoce y establece las responsabilidades de la familia y el Estado en la educación. Así “la familia es la célula básica de la sociedad, se le atribuyen responsabilidades y funciones esenciales en la educación y formación de las nuevas generaciones” y “la enseñanza es función del Estado”, para agregar luego, que “la familia, la escuela, los órganos estatales y las organizaciones de masas y sociales tienen el deber de prestar atención a la formación integral de la niñez y la juventud”.

Los estudios del ICCP, al coincidir con los consensos internacionales (UNICEF, ONU, UNESCO, CEAAL), refieren en las propuestas la importancia de la participación de la familia y la comunidad en el proceso formativo además, hacen énfasis en elementos como: el papel de estos en la transformación de los seres humanos, papel orientador del modelo que representa la proyección del estado futuro a alcanzar, necesidad de la dirección del cambio, protagonismo de las escuelas y de todos los agentes participantes en los procesos elementos que se articulan y que se concretan en el modelo educativo.

De este modo al ampliar la percepción y lectura de los contextos educativos, se establecen metas en cada propuesta orientadas al desarrollo integral del escolar y se alcanzaron respuestas científico metodológicas confiables, compartidas que permite la toma de decisiones coherentes con los objetivos estratégicos y pertinentes al contexto donde se trabaja con énfasis en la escuela. Estos procesos de trabajo que se generan a partir del enfoque de los sujetos hacen comprender la transformación de una forma lenta pero renovadora a partir de conductas que asumen-autoorganizadas- los sujetos implicados en los espacios de interacción y a nivel de instituciones.

Estas ideas configuran la fuerte tradición de vínculos entre la familia y la escuela, que se materializan en las distintas formas de comunicación, de preparación, orientación familiar y de manera especial en la estructura de participación que tiene el modelo pedagógico escolar: consejos de escuela, organización de base que se origina a partir del triunfo revolucionario y donde los padres tienen el papel protagónico, con la intención de favorecer a la formación integral de sus hijos (P.L Castro).

En sentido general, se establece que la familia asume la responsabilidad de la educación inicial del hijo y continuar después, se convierte así en la principal ayuda -afectiva, moral y material- del proceso educativo que continúa en la escuela. Por su parte la escuela, al continuar la educación iniciada en el marco familiar, atiende a sus particularidades y se encarga de otorgar a esta una connotación social al propiciar la asimilación de contenidos seleccionados y la adquisición de habilidades y capacidades concretas.

En este encargo se incluye además, la contribución de la escuela a la propia educación de los familiares, mediante la orientación para el adecuado cumplimiento de sus funciones. Por tanto, entre ambas instituciones deben establecerse relaciones de interdependencia, que no significa la solución de todas las contradicciones entre ambas, sí no la coordinación de las influencias educativas en una misma dirección.




Extraído de

La participación de la familia y la comunidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje de la escuela primaria en Cuba: una perspectiva diferente

Yaquelín Alfonso Moreira y María Magdalena López Rodríguez del Rey
UCP “Conrado Benítez García”




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martes, 3 de abril de 2012

Niños que hacen ejercicio son mejores estudiantes

La aparición de la televisión trajo consigo nuevos hábitos, los seres humanos no estamos preparados para algunos de ellos. Las nuevas tecnologías, principalmente el ordenador, agregó su cuota, al problema del sedentarismo ¿Afecta esto al rendimiento escolar? ¿Qué podemos hacer al respecto?




Un estudio holandés afirma que el buen desempeño escolar depende de la práctica continua de actividad física, la cual también ayuda a combatir el sedentarismo y la obesidad.

Cuando un niño hace ejercicio, su organismo secreta hormonas que favorecen la interconexión entre las neuronas (es decir, hay más sinapsis), lo que se traduce en una mayor capacidad de aprendizaje. De esta forma, asimila mejor la información que le llega del entorno.

La fisiatra Doris Valencia, docente de la Universidad Nacional y experta en neurodesarrollo, explica que “el ejercicio útil es aquel que involucra funciones cerebrales como concentración y memoria”, por ejemplo, fijarse la meta de hacer una cesta en baloncesto o en las escondidas saber dónde está el otro jugador.
Cuando el cerebro está más abierto al aprendizaje, el rendimiento escolar es óptimo.
En este sentido, el ejercicio rutinario contribuiría a que un niño tenga buenas calificaciones, como lo afirmaron científicos holandeses luego de hacer una revisión de estudios previos que relacionaban la actividad física con el buen desempeño en el colegio.

Los investigadores analizaron 14 estudios, que involucraron unos 12.000 pequeños.
En un artículo publicado en Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine, los expertos aseguran que el ejercicio hace que llegue mayor flujo de sangre y oxígeno al cerebro; conduce al aumento de hormonas como las endorfinas y la norepinefrina (lo que redunda en una disminución de los niveles de estrés y mejora el estado de ánimo), y favorece la conexión neuronal. Todo esto se relacionaría con mejores funciones cognitivas.

Practicar de forma regular actividades deportivas, dicen los científicos, incluso puede mejorar el comportamiento de los estudiantes en el salón de clases.
“Los niños que aprenden a participar en actividades deportivas también aprenden a obedecer reglas. Esto podría significar que son más disciplinados y más capaces de concentrarse mejor durante las lecciones”, afirma Amika Singh, una de las investigadoras.

“Cuando hablamos de actividad física hay que aclarar que no se trata de correr por correr; es importante la competencia sana.

Es clave que en el entorno escolar haya cosas básicas que les permitan subir, bajar, trepar, alcanzar”, recalca Valencia. En esto concuerda la psicóloga Irene Rodríguez, magíster en educación. Según ella, la arquitectura escolar se ha ido modificando con escaleras, rodaderos y obstáculos para que niños y jóvenes tengan que moverse y evitar el sedentarismo.

MÍNIMO 60 MINUTOS DIARIOS DE ACTIVIDAD FÍSICA
Según el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades en Estados Unidos (CDC), una de las mejores maneras para incentivar la actividad física en los niños es que los padres sean el ejemplo y lleven una vida activa y saludable.

Recomienda hacer de la actividad física una parte de la rutina diaria de la familia y llevar a los hijos a lugares donde pueden ser activos, como parques, canchas de baloncesto o fútbol.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda, incluso, que los niños y adolescentes sanos de 5 a 17 años hagan un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa, particularmente actividad aeróbica como caminar, correr o andar en bicicleta.

También fortalecimiento óseo y muscular con ejercicios como saltar la cuerda, al menos tres veces por semana.

ACTIVIDADES PARA NIÑOS
Actividad aeróbica moderada para niños: senderismo; andar en patineta, patines o bicicleta; caminar a diario.
Actividad aeróbica vigorosa: juegos activos que implican correr y perseguir; bicicleta; saltar lazo; artes marciales, deportes como baloncesto, natación, tenis o gimnasia.
Fortalecimiento muscular: flexiones de codos (con las rodillas en el suelo), barras, trepar cuerdas o árboles, abdominales y gimnasia.
Fortalecimiento óseo: juegos como golosa, brincar, saltar lazo y deportes como la gimnasia, baloncesto, voleibol y el tenis.
En la etapa escolar: disminuir los juegos de video, de computador y el tiempo de televisión, pues ocasionan pereza física y mental.


Andrea Linares G.

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