jueves, 30 de agosto de 2012

¿Cómo puedo ayudar, desde casa, a promover el éxito escolar?


Mucho se puede hacer desde casa, para lograr éxito escolar ¿Podemos pensar en una receta única? ¿Es importante el temperamento del niño? ¿Cómo actuar? ¿Qué significan los “limites”? ¿Qué característica deben tener?

¡Los comienzos son muy importantes!
Vamos a centrarnos en ver si nuestra actuación como padres o madres, desde que el niño es un bebé, tiene o no una importancia futura en que nuestro hijo o hija tenga éxito en la escuela. Analizaremos brevemente con qué equipamiento viene el niño al mundo y cómo podemos contribuir a potenciar sus fortalezas y corregir sus limitaciones.

Conversación entre dos madres hablando de la “forma de ser” de sus hijos cuando eran pequeños
MADRE1: Mi hijo, desde muy pequeño, desde que era bebé, ha sido un niño muy tranquilo, dormía bien, no daba problemas al comer y se entretenía mucho tiempo con cualquier juguete que le dabas. No fue un niño llorón ni de muchas rabietas; ahora sí, a él los sitios donde había mucha gente le agobiaba, prefería ambientes tranquilos, ha sido más bien tímido, todavía lo es aunque ya menos. Le encantaba que le contará cuentos, que jugáramos con él, no se cansaba, siempre estaba muy atento a las cosas y se podía jugar estupendamente con él. Ha sido siempre muy curioso.

MADRE 2: Pues el mío mayor era así también, ahora el segundo, ese ha sido un trasto. No paraba, todo el día inventando cosas, corriendo y subiéndose por todas partes. No tenía paciencia para hacer nada, se cansaba enseguida de cualquier actividad y si la tenía que hacer sólo menos aguantaba. De bebé nos ha dado unas noches….., le costaba conciliar el sueño, no dormía seguido, malísimo para comer. En cambio es mucho más sociable que el hermano, tiene mucha simpatía, derrocha optimismo y se gana a la gente. No sé cómo siendo hermanos y habiéndolos criado igual pueden ser tan diferentes.

Seguro que le resulta familiar la conversación anterior e incluso habrá participado en charlas informales como ésta en las que describimos una serie de comportamientos habituales en nuestros hijos e hijas pequeños que reflejan un particular modo de actuar y de reaccionar emocionalmente ante las cosas. A este estilo propio de sentir y de actuar con que nacemos y que manifiesta el bebé desde muy pequeño es a lo que llamamos temperamento.

¿Con qué aspectos de la personalidad está relacionado fundamentalmente el temperamento?
Los distintos temperamentos que observamos en los niños son producto de la combinación de una serie de rasgos relacionados con sus funciones biológicas (alimentación y sueño), su nivel de actividad, su modo de reaccionar emocionalmente, su capacidad de adaptarse a los cambios y de interesar por nuevos estímulos y su sociabilidad. Así encontramos niños y niñas a quienes les cuesta relacionarse con los demás, prefieren estar solos a estar con otros y se retraen ante cualquier posibilidad de contacto social. Sin embargo otros niños son más sociables, buscan la interacción con otras personas y disfrutan compartiendo múltiples actividades. Del mismo modo, hay niños inquietos, con poca capacidad de atención, que resisten poco tiempo haciendo una misma
tarea y cambian constantemente de actividad, que responden rápidamente a los distintos estímulos y que no les da miedo enfrentarse a lo nuevo y otros niños son más tranquilos, persisten durante m tiempo en una misma actividad, mantienen la atención durante espacios más largos de tiempo, les cuesta adaptarse a los cambios y responden negativamente a lo desconocido. También apreciamos diferencias entre niños con tendencia a la alegría, con un humor positivo y que soportan niveles altos de estimulación y otros con más propensión a la tristeza y el enfado y que suelen sentir malestar, incluso, con menores niveles de estimulación que los anteriores. Podríamos seguir comentando otros tipos de conducta que son expresión del temperamento de cada niño, pero que, como hemos dicho al principio, siempre están relacionadas con sus niveles de actividad, su sociabilidad, sus reacciones emocionales y su manera de interpretar y actuar sobre las cosas. <!--[if !vml]--><!--[endif]-->

¿Influirá el temperamento con el que nace el niño o niña en la consecución del éxito escolar?
Muchas de estas conductas que hemos comentado, derivadas del temperamento heredado, son favorecedoras y facilitadoras de los aprendizajes y ayudan a transitar por la escuela con mayor garantía de éxito. Todos sabemos, por ejemplo, de la importancia que tiene la atención, el ritmo de trabajo y la constancia para que un niño aprenda. Sin embargo, hay aspectos del temperamento que pueden originar dificultades a la hora de tener éxito en la escuela. Por ejemplo, niveles altos de impulsividad pueden llevarle a no centrarse en sus tareas, y rehuir el contacto social puede afectar al desarrollo del niño, ya que la mayoría de los aprendizajes se realizan interactuando con otras personas.

¿Es determinante el temperamento o podemos hacer algo para construir una personalidad con más recursos favorables para el éxito en la escuela?
Como hemos visto, el temperamento con el que viene cada niño al mundo lo predispone a pensar, sentir y actuar de una determinada manera, pero estar predispuesto no significa que necesariamente se produzcan estos comportamientos en una sola dirección y no se puedan moldear mediante la educación. El temperamento nos dota de una serie de posibilidades y de limitaciones que van a favorecer o dificultar los aprendizajes. Por tanto, desde el minuto uno, los padres y madres debemos dedicar tiempo a conocer el temperamento de nuestros hijos, a saber las necesidades y preferencias de éstos, adaptarnos a él y comenzar a proporcionar experiencias y pautas estables de conducta que repetidas en una y otra ocasión se conviertan en hábitos favorables que aumenten sus recursos y compensen aquello que el temperamento no facilita.

Son muchos los aspectos que tendríamos que considerar aquí, pero nos vamos a centrar en tres cuestiones que nos parecen muy importantes para los comienzos: el establecimiento de vínculos afectivos y de un ambiente estimulante, el estilo de crianza y el fijar límites a los niños y niñas.

a. Vínculo afectivo y ambiente estimulante
Los primeros años de vida de un niño deben basarse en la creación de un vínculo afectivo positivo con la persona que lo cuida (apego), que le dé seguridad, y la creación de un ambiente estimulante que le permita experimentar sensaciones múltiples, despierte su curiosidad por lo que tiene a su alrededor y desarrolle al máximo las capacidades innatas que trae. Una seguridad básica y un ambiente familiar estimulante pueden tener una influencia notable en los futuros logros escolares. Veamos comportamientos apropiados para desarrollar estos dos aspectos:

1. Mantener, desde el primer momento, un contacto ocular con nuestro hijo, hablarle con dulzura y cariño, abrazarlo, besarlo, acariciarlo, etc.
2. Ser sensibles a las señales del niño, atendiendo con prontitud y de forma apropiada a sus necesidades. No escatimar tiempo en estos momentos.
3. Compartir juegos y otras actividades cotidianas con los niños: leer un cuento juntos, ir al parque, hacer un puzle, dibujar o pintar, ir al campo y disfrutar de actividades al aire libre, etc.
4. Realizar actividades guiadas, aquellas en las que como padre enseñamos algo al niño. Por ejemplo a lavarse los dientes, a vestirse, a recoger, etc.
5. Escuchar y conversar con sus hijos sobre lo que le acontece en la vida, los programas televisivos que ven, sobre sus actividades cotidianas, sobres sus juegos, etc.

Todo esto favorece el que el niño o niña se desarrolle en un ambiente seguro, mejore su autoestima y su autoconocimiento, confíe más en las personas, establezca relaciones óptimas con otras personas en el futuro, mejore la atención y la concentración, sea constante en terminar lo que empieza, descubra el gusto por aprender, esté motivado para descubrir nuevas cosas, etc.

b. Estilo de crianza
Las investigaciones realizadas sobre los estilos de crianza parecen corroborar que los padres o madres que transmiten calidez, que son afectuosos con sus hijos, que les prestan atención, les escuchan, comparten juegos, etc. y al mismo tiempo establecen límites ajustados a su edad, mantienen una cierta vigilancia y control y exigen lo que son capaces de dar, proporcionan el mejor ambiente para el desarrollo del niño: favorece su autoestima, el niño resiste y se recupera mejor de las dificultades, y mejora las habilidades emocionales y sociales, todo ello tan necesario para aprender. Algunas conductas que pueden ejercitar los padres y madres para favorecer este estilo de crianza responsable serían estas:

1. Cuidarlo con ternura, dedicándoles tiempo, caricias, amor y una presencia estable.
2. Compartir numerosos momentos de juegos, de vivencias, de experiencias, en un ambiente tranquilo y afectivo.
3. Permitir al niño o niña que se equivoque, no anticiparse a sus errores y hacerles ver que poco a poco irán saliendo mejor las cosas. Enfrentarse a las dificultades hace que se apropien de recursos y estrategias útiles para el futuro y pierdan el miedo a probar cosas nuevas y a aprender. Se vuelven también más constantes.
4. Evitar hacer aquellas tareas que el niño o niña ya pueda realizar por sí solo. Valorar y elogiar su esfuerzo, su trabajo y su colaboración. De esta manera se esforzarán por hacer las cosas bien y serán más responsables.
5. Ayudarle a resolver las situaciones conflictivas a través del diálogo y de sus propios recursos.

c. Fijar límites
Los niños y niñas necesitan explorar el mundo para conocerlo y adaptarse a él, pero también necesitan unos límites que les guíen en esta tarea, que les proporcionen seguridad, que les indiquen hasta dónde pueden llegar para que la convivencia no se perturbe y no perdamos el respeto por los demás y por las cosas. Unos límites razonables y equilibrados favorecen el aprendizaje y educan en la responsabilidad. Estaremos sentando las bases para un futuro en el que el niño tendrá que asumir unas normas establecidas en la escuela, tendrá que respetar a los que convivan con él en su centro, tendrá que cumplir unos horarios de estudio, tendrá que renunciar a determinados deseos en algunos momentos para cumplir con sus obligaciones académicas, tolerará mejor las frustraciones, mejorará su autocontrol, etc. Veamos algunos consejos para establecer límites a los niños y niñas.

Algunas consideraciones a la hora de fijar límites y establecer normas
1. Los límites no deben ser demasiado restrictivos ni demasiado amplios.
Un control excesivo sobre el niño suele provocar que éste se rebele ante la falta de libertad y se le impide, al mismo tiempo, la oportunidad de crecer y aprender. Por su parte, límites demasiado amplios no educan en la responsabilidad y promueven que el niño exceda los límites con mucha frecuencia.
2. Los límites deben tender a guardar un equilibrio.
Que sean lo suficientemente firmes para guiar a nuestros hijos, proporcionarles seguridad y enseñarles a ser responsables y lo suficientemente flexibles para que ejerzan su libertad, su poder y su control sobre las cosas.
3. Las normas y límites deben ser claras y comprensibles.
Los niños necesitan saber qué comportamientos se espera de ellos, hasta dónde pueden llegar y qué ocurrirá si se exceden en sus pretensiones. Esto ayudará a entender cuál es el camino de las conductas aceptables.

4. Los límites hay que revisarlos cada cierto tiempo.
El desarrollo del niño irá marcando los tiempos de revisión de los límites establecidos para que hagamos los cambios oportunos en cada momento, otorgando un mayor espacio de libertad y responsabilidad.
5. La enseñanza de las normas es efectiva si el mensaje que transmites es coherente con tus actuaciones.
Si decimos: “Baja el volumen de la televisión, sino tendré que apagarla”. Si el niño no obedece, debemos ser firmes y apagar la tele.
6. Los límites no pueden variar según las circunstancias.
Hay veces que estamos muy ocupados o de buen humor y lo que no permitimos en otras ocasiones lo permitimos en ese momento y le decimos: “Vete a jugar ahora y luego haces los deberes” cuando días antes le hemos gritado porque quería jugar antes de trabajar.
7. Es conveniente fijar y dar a conocer las normas antes de aplicarlas.
Es conveniente que nuestros hijos e hijas conozcan con antelación las normas y se les debe escuchar antes de establecer las limitaciones. Algunas pueden adoptarse en común y otras tendremos que fijarlas nosotros.
8. Construir las normas en positivo.
Es preferible decir “Hay que hacer las tareas del colegio antes de ver los dibujos en la tele por la tarde” que decir “No ves los dibujos hasta que no realices tus tareas del colegio”.

Extraído de
EL ÉXITO ESCOLAR
¿Cómo pueden contribuir las familias del alumnado?
Santiago Ramírez Fernández
Antonio García Guzmán
Christian Alexis Sánchez Núñez
Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos


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jueves, 23 de agosto de 2012

El éxito escolar como un fenómeno multidimensional

Nos toca vivir una época con más dudas que certidumbres, entre nuestras preguntas está ¿Qué escuela queremos? En función de una respuesta ¿Qué significa “éxito” en la escuela? ¿Qué aportes hacer desde la familia?



Hemos podido comprobar que son muchas y variadas las situaciones que influyen en el éxito escolar, situaciones que especialmente son difíciles de afrontar en el momento actual debido a los continuos cambios sociales que se producen.

 Así, partiendo de que la educación es tarea de todos y que debe estar dirigida a preparar al alumnado para la vida en una sociedad futura, que a buen seguro será diferente a la actual, deberíamos plantearnos al menos la eficacia de los modos tradicionales que tenemos de concebir la escuela y su función educadora.


Aunque todos hemos contribuido siempre a la educación de los hijos (padres, escuela, amigos, televisión,..), ha habido momentos y lugares en los que el protagonismo lo ha tomado una sola institución. Así, por ejemplo, durante mucho tiempo, se concibió que el sentido o la utilidad de la escuela era instruir técnicamente en aquellos conocimientos que posibilitaran la inserción social y laboral de los estudiantes, ya que las primeras influencias educativas y socializadoras durante la niñez era una misión familiar. Esta escuela procuraba enseñanzas estables y homogéneas para todos los jóvenes, pues con ello era suficiente para tener éxito, dado que los roles laborales que demandaba la sociedad no sufrían cambios. Sin embargo nuestra sociedad actualmente es diversa y cambiante, aquello que tiene valor en un momento determinado no tiene por qué tenerlo siempre y aquello que es válido y adecuado para algunos no tiene por qué serlo para todos. De hecho, se reconoce como esencial, en una educación ciudadana para la sociedad del conocimiento, la capacidad de adaptarse a situaciones cambiantes, el fomento de la creatividad y el aprendizaje a lo largo de la vida.


Esta situación nos alerta de la necesidad de configurar escuelas más abiertas e integradas en la comunidad. Se precisa de una educación más flexible y atenta a las distintas situaciones y necesidades de los usuarios, una escuela que sea vivida y compartida por todos y todas.


En este sentido, son diversas las iniciativas a nivel nacional e internacional que defienden la necesidad de cambios en el modo de gestionar y desarrollar la educación. De hecho, se están desplegando distintas experiencias educativas que demuestran ser eficaces para la consecución de éxito escolar. Aunque son diferentes los elementos y actuaciones que se desarrollan tratando de buscar éxito escolar (creación de climas positivos de aprendizaje, atención educativa inclusiva, aprendizajes auto-regulados o activos del propio alumnado, roles del docente como mediador y facilitador, la gestión positiva de los conflictos del aula, establecer grupos de trabajo interactivos, atender al funcionamiento de los grupos, colaboración entre el profesorado,….), existe un denominador común en todas ellas: la idoneidad de los procesos de democratización de la educación en las escuelas y las prácticas educativas abiertas a toda la comunidad. Esto requiere la existencia de comunidades educativas comprometidas con la tarea de educar.
 

Se ha demostrado que en los centros escolares donde existe una relación colaborativa con las familias, no sólo se alcanza un mayor éxito académico del alumnado, sino que se obtienen beneficios y mejoras para todos (familias, centro, profesorado, etc.). De hecho, la normativa vigente reconoce el derecho de las familias a estar informadas sobre el progreso del aprendizaje e integración socioeducativa de sus hijos y a participar en el proceso de enseñanza y aprendizaje para mejorar el rendimiento de los mismos1.
 

Hay muchos padres y madres que se esfuerzan diariamente por ayudar a sus hijos en sus tareas escolares y aprendizajes, pero, en general, en nuestro país, sería deseable una mayor participación e implicación educativa familiar, es decir, se necesita de una mayor colaboración entre la familia y la escuela a la hora de coordinarse para educar.


Si bien es cierto que existen canales tradicionales de participación de las familias en la escuela como el consejo escolar y las asociaciones de padres y madres, la realidad es que su contribución al éxito escolar debe mejorarse como ya veremos más adelante.



Beneficios de la relación colaborativa entre la familia y el centro educativo para el éxito escolar

ÉXITO ESCOLAR
FAMILIAS
• Mejora la comunicación con los docentes
• Mejora la comunicación con los hijos/as
• Mejora la comprensión de los programas escolares
• Actitud positiva hacia la escuela y su personal
• Aumenta la autoconfianza y la autoestima
• Aumentan las habilidades sociales
• Aumenta el compromiso social y comunitario

PARA EL ALUMNADO
• Aumenta el rendimiento académico
• Mejora la actitud hacia la escuela
• Adquiere más habilidades sociales
• Aumenta la probabilidad de cursar estudios post-obligatorios
• Tiene mejores hábitos de estudio
• Disminuyen los comportamientos conflictivos
• Disminuye el absentismo y el abandono escolar

 CENTRO EDUCATIVO

• Más competente y eficaz
• Enseñanza más centrada en el niño/a
• Mejor relación con las familias y la comunidad
• Profesorado más satisfecho y comprometido
• Instituciones que enseñan y aprenden



Unas veces son las creencias y rutinas familiares las que dificultan la implicación en la escuela, otras, sin embargo, surgen de la propia sociedad que no posibilita una conciliación laboral que permita a las familias atender las situaciones escolares de los hijos,… y, a veces, es el propio funcionamiento escolar o la actitud de los docentes lo que no fomenta el que las familias participen en el centro.


De esto modo, la situación que tenemos actualmente, dista mucho de ser un sendero cómodo, limpio y señalizado por el que transitar, más bien se trata de un camino borroso, que hemos descuidado y que se ha difuminado entre la maleza torcida que ha crecido con el tiempo y la pasividad de algunos para desbrozarla. Si queremos llegar al destino que hay al otro lado del camino, hemos de tomar decisiones, ponernos manos a la obra y esforzarnos por despejarlo y señalizarlo. Hay que trabajar por aquello que uno quiere y no darse por vencido como ocurría en el cuento de las dos ranas.




CREENCIAS CREAN REALIDADES
Dice una historia que dos ranas cayeron en un enorme cubo de nata de una lechería. Una le dijo a la otra:
-Es mejor que nos demos por vencidas, estamos perdidas. No podremos salir de aquí.
-Sigue nadando –le dijo su compañera-. Conseguiremos salir de alguna forma.
-Es inútil –chilló la otra-. Es demasiado espeso para nadar, demasiado blando para saltar, y demasiado resbaladizo para arrastrase. Ya que de todas formas voy a morir, es mejor que sea ahora.
Y dejándose caer, murió ahogada. Su amiga, en cambio, siguió moviéndose intentando nadar, sin rendirse. Cuando se hizo de día se halló encima de un bloque de mantequilla que ella misma había batido. Y allí se quedó, sonriente un buen rato, mientras se comía las moscas que llegaban en bandadas en todas las direcciones. Creer que puedes conseguir algo, es el primer paso para que así suceda.
Jaume Soler y M. Mercè Conangla

Aplícate el cuento



Igual que estas dos ranas se encontraron, sin buscarlo, en un apuro que iba a condicionar definitivamente su existencia, los padres y madres nos encontramos con diversas dificultades para ejercer una participación educativa. Ahora que sabemos que es necesaria la colaboración y el esfuerzo compartido para conseguir éxito escolar y mejorar la educación, debemos decidir si nadamos para intentar cambiar la situación o nos dejamos ahogar dándonos por vencidos. Los que ya vienen luchando en este medio adverso son aquellos padres y madres participantes en el AMPA que, día a día, se empeñan en aportar su granito de arena a la educación de sus hijos. Esta publicación tratará de ofrecer consejos que les motiven a seguir con el esfuerzo, además de claves y ejemplos que ayuden a convencer al resto de padres y sugerencias que propicien estilos y sinergias que consigan transformar la nata en mantequilla con mayor celeridad.







Extraído de
EL ÉXITO ESCOLAR
¿Cómo pueden contribuir las familias del alumnado?
Santiago Ramírez Fernández
Antonio García Guzmán
Christian Alexis Sánchez Núñez
Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos





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jueves, 16 de agosto de 2012

Una complicidad necesaria: establecemos buenas relaciones entre familia y escuela

En la dura tarea de preparar a las nuevas generaciones, sólo le queda a la familia y la escuela un camino, el de la colaboración, pero esto no es sencillo ¿Cuáles son los obstáculos? ¿Qué es lo que hay que remover? ¿Cuál es el camino?


“Todos los padres y madres del mundo quieren lo mejor para sus hijos, y por ellos hacen todo lo posible. Todos los maestros y maestras actuamos en la misma dirección con nuestro alumnado. No nos queda otra salida que acercarnos, mirarnos con respeto y aceptar, asentir con aquello que nos toca hacer a cada cual, sin prejuicios, sin exigencias, sin culpabilidades cruzadas. Tan sólo desde el reconocimiento absoluto del otro, y desde el amor que funda lo humano, vamos a encontrar las vías para hacer de esta relación entre la familia y la escuela un lugar de encuentro que ha de dar numerosos frutos, puesto que entre nuestras manos está, en gran medida, el futuro de las nuevas generaciones”.
Parrellada

Éste es el camino, la familia y la escuela están obligadas a entenderse, la educación de nuestros hijos e hijas exige que ambas instituciones abandonen y olviden la historia de desencuentros que ha precedido la relación entre ellas.

Hubo un tiempo, que nuestros padres y abuelos recordarán, en la que había una clara división de funciones entre la escuela y la familia. La primera era la encargada de enseñar una serie de conocimientos necesarios para la incorporación del individuo a la vida social y laboral, mientras que la familia se responsabilizaba más de la crianza y la educación cívica y moral de los hijos e hijas. Cada institución debía cumplir sus roles y no inmiscuirse la una en las tareas de la otra. Hoy en día, como consecuencia de la incorporación de la mujer al mundo laboral, el elevado número de horas que los padres pasan fuera de casa y la diversidad de modelos de familia existentes, estas funciones se están difuminando y, en muchos contextos, la escuela está asumiendo ambas. Por otro lado, los muros de la escuela no dejan fuera las problemáticas sociales y familiares de una sociedad moderna que están repercutiendo en la formación de la personalidad de los más jóvenes y que trasladan con ellos al centro docente. Ante este aumento de prestación de servicios de cuidado infantil en los centros, de la mayor dedicación en la educación moral y del carácter de un alumnado cada vez más diverso y de la complejidad y exigencia de una sociedad cambiante, es necesario y urgente que familia y escuela dejen de ser extraños entre sí y que no actúen cada una por su cuenta. Es el momento de los acuerdos y de los compromisos y así nos lo hace ver la propia legislación vigente:

A los padres y madres les corresponde “Participar de manera activa en las actividades que se establezcan en virtud de los compromisos educativos que los centros establezcan con las familias, para mejorar el rendimiento de sus hijos” (LOE, 2006).

Sin embargo, este encuentro no está siendo fácil ni se está produciendo de la mejor manera.

¿Qué puede estar dificultando la colaboración necesaria entre familias y profesorado?
El pedagogo Tiburcio Moreno, en un artículo publicado recientemente, nos señala de forma acertada dónde pueden encontrarse algunas de las limitaciones y dificultades para que la participación de los padres y madres en la escuela no esté siendo tan completa y efectiva como deseamos. Nosotros hemos añadido y completado sus observaciones.

¿QUÉ DIFICULTA LA COLABORACIÓN ENTRE FAMILIAS Y PROFESORADO?
A veces el profesorado tiene la creencia de que las familias de bajo nivel socioeconómico no están preparadas para dar el apoyo y la orientación necesaria a sus hijos.

La participación de las familias en la escuela es entendida por ambas partes de forma muy limitada, circunscribiéndola a la asistencia a reuniones formales y/o informativas y a otras actividades puntuales organizadas por el centro.

Hay padres y madres que dicen inhibirse y no participar por falta de información técnica y legislativa, no saber hablar en público, por un cierto sentido del ridículo ante su falta de formación, etc.

Los profesores a veces se quejan del desinterés de las familias por solucionar los problemas escolares de sus hijos (por ej: no acuden cuando se les llama), y, en otras ocasiones, critican la intervención de aquellos porque sobrepasan los límites recomendados (por ej: terminan haciéndoles los trabajos a sus hijos e hijas).

Existe una escasa preparación y tiempo del profesorado para involucrar a las familias en labores que faciliten el aprendizaje académico de los hijos e hijas.

Debido a las ocupaciones laborales, los padres y madres no siempre están disponibles en los horarios que los requiere el personal docente y argumentan falta de tiempo para atenderlos en casa.

Algunas actitudes o experiencias negativas en el centro ha llevado a veces a los padres y madres a rehuir el contacto con el personal de la escuela y viceversa.

Tendencia a culpabilizar y responsabilizar al otro de los fracasos del alumno. Los distintos estudios demuestran como el profesorado culpa a los niños y a las familias de los bajos rendimientos del alumnado y, a su vez, tanto los alumnos como las familias suelen culpar al centro.

Extraído de
EL ÉXITO ESCOLAR
¿Cómo pueden contribuir las familias del alumnado?
Santiago Ramírez Fernández
Antonio García Guzmán
Christian Alexis Sánchez Núñez
Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos


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miércoles, 8 de agosto de 2012

El fracaso escolar debería ser eliminado entre el riesgo de los jóvenes

El fracaso escolar debería ser eliminado entre los riesgos de los jóvenes, o por lo menos reducido a mínimas expresiones. Pero existe, y ¿Afecta a todos por igual? En los siguientes párrafos se analiza las diferencias, según el sexo de los afectados.



Quizás sea la condición histórica en que hemos vivido las mujeres desde que el patriarcado se impuso como forma de organización de la sociedad, pero lo cierto es que investigadores estadounidenses han confirmado que los fracasos escolares podrían impactar más en las mujeres que en los hombres.

Según un protocolo desarrollado por la Universidad de Washington, publicado en la Journal of Adolescent Health, las adolescentes expulsadas, suspendidas o que abandonaban los estudios secundarios antes de graduarse son más propensas a padecer depresión grave a los 21 años que los varones con experiencias similares. Ya no se trata solo de que el temprano fracaso escolar femenino conduzca a mayor pobreza, tasas más altas de necesidad de asistencia pública y tasas de estabilidad laboral menores, sino que ahora también habrá que agregar a la lista de perjuicios los que ocasiona en la salud mental de las niñas.

Afortunadamente el estudio también asegura que proporcionalmente son menos las mujeres que fracasan en los estudios. El 45 por ciento de las niñas y el 68 por ciento de los varones incluidos en el estudio experimentaron un fracaso académico importante, pero el 22 por ciento de las niñas tuvo problemas posteriores de depresión, comparando con el 17 por ciento de los niños. Las niñas fracasan menos, sin embargo por ser en más severas desde el punto de vista familiar, social y también a nivel psicológico, suelen sufrir más, y reaccionar al fracaso de una peor manera.



Autora
Rosa Mañas
Guiainfantil.com

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