martes, 25 de junio de 2013

Demandas de la escuela a la familia

Podemos ver claramente que la familia, y la escuela son instituciones en crisis, en proceso de grandes cambios. A pesar de ello, deben seguir interactuando, modificando reglas de convivencia y las expectativas mutuas ¿Qué podemos decir de esas exigencias? En los siguientes párrafos se analizan las demandas que la escuela le formula a la familia.
 


La escuela formula a la familia una serie de demandas que la mayoría de los profesores desean para su interacción con el alumnado.

1. Los educadores constatan cada día que los niños llegan a la escuela sin el apoyo familiar tradicional que les daba seguridad; el desarrollo de su personalidad está caracterizado por la debilidad de los marcos de referencia. Los centros educativos demandan a los padres aspectos como mayor contacto con los profesores, dedicar más tiempo a sus hijos, dialogar con ellos y mayor participación en actividades educativas.

2. La escuela pide a la familia que prepare al niño para su inserción en el ambiente escolar: socializar para la cultura escolar. Se exige a la familia que sea responsable de que el alumno llegue a la escuela en condiciones, tanto materiales como psicológicas, de educabilidad. En palabras de Savater, el “eclipse de la familia como factor de socialización primaria”, por el que los niños ingresan en la escuela sin la formación social básica, que favorece de entrada el aprendizaje. Si la socialización primaria se ha realizado de modo satisfactorio, la socialización secundaria será mucho más fructífera, pues tendrá una base sólida sobre la que asentar sus enseñanzas.

3. Motivar en el empeño por aprender. Es importante que el niño perciba en su familia el interés por el saber. La motivación es un factor determinante en el aprendizaje como ya ha sido estudiado. Las diferencias no radican sólo en el carácter de los individuos, sino también en el modo cómo hayan sido educados en sus familias, de la específica socialización familiar a que hayan estado expuestos (valores, medios económicos, tipos de socialización). Es importante que el niño despierte el “deseo de saber” en su familia ante la multiplicidad de fuentes informativas.

4. Además, los profesores recuerdan a los padres el papel tan importante que tienen en la creación de un clima facilitador del trabajo intelectual. Un clima propicio para el estudio, de modo que se desarrolle en un tiempo y lugar apropiado; es decir, fomentar el estudio así como la creación de hábitos de trabajo intelectual. En especial, despertar la responsabilidad.

5. Prestar atención al tiempo de ocio de sus hijos. Se debe ofrecer a cada miembro el modo y los medios para ocupar inteligentemente su ocio, favoreciendo sus inclinaciones y sus gustos. Los padres deben tener disponibilidad de tiempo para interactuar con sus hijos, no sólo orientada esta relación a satisfacer necesidades biológicas, sino, también, y sobre todo, a desarrollar capacidades cognitivas, disfrutar de la intimidad, el contacto y el juego. La interacción íntima y lúdica es esencial para los hijos, ya que, en ellas, se aprende a hablar, a escuchar, a tocar y ser tocado, a reír, a expresar emociones, etc. La incomunicación puede tener graves consecuencias para el niño, como el retraimiento, aislamiento, frialdad de trato o soledad. Abogamos por vivir un ocio en familia cuando las edades lo posibiliten, tanto en casa como fuera de ella; diseñar actividades en el hogar que estimulen el desarrollo social y cognitivo de sus hijos y, educar en la “selección” de ofertas.

6. Mayor atención al aprendizaje de normas en el ambiente familiar.
Acostumbrados a cumplir las normas con “bastante relajación”, los niños se muestran incapaces de ajustarse a un clima de mayor control como es el escolar. Resaltar un concepto que no debe silenciarse: la autoridad – etimológicamente la palabra proviene de un verbo latino que significa algo así como “ayudar a crecer”-. Los muchachos, en período de formación, tienen que ir asumiendo responsabilidades graduadas ya que no pueden tratar de establecer, por sí solos, las normas que deben regir la vida familiar y escolar. Savater llega a la siguiente consideración: “Si los padres no ayudan a los hijos con su autoridad amorosa a crecer y prepararse para ser adultos, serán las instituciones públicas las que se vean obligadas a imponerles el principio de realidad, no con afecto sino por la fuerza. Y de este modo sólo se logran envejecidos niños díscolos, no ciudadanos adultos libres”. Está en manos de los padres contener, controlar y poner límites a las presiones de los hijos ya desde pequeños cuando éstas son constantes e injustificadas. Constituye ésta una labor preventiva. En una reciente investigación realizada por la profesora Pérez Alonso-Geta, cuyo objetivo es conocer en profundidad los valores y pautas de interacción familiar de la adolescencia, se constata que el 43% de los padres encuestados pactan las normas de convivencia con sus hijos, frente al 25% que no lo hace.
En la mayoría de los hogares los adolescentes participan en la toma de decisiones “normativas”. Entre las principales causas de conflicto en la interacción padres-hijos, se destacan la falta de esfuerzo e interés en los estudios o en el trabajo (55,5%); le siguen las malas contestaciones, salidas de tono, tacos (54,9%); ocupan el tercer lugar las salidas, horas de llegada (37,8%), seguido de la falta de colaboración en las tareas de casa (35,9%) y el consumo de alcohol o drogas (30,6%).

7. Atender a la orientación personal y a la educación sexual de los hijos. Ambos aspectos requieren un clima afectivo en la familia. Ser oportunos, evitar evasivas. Cualquier imagen, acontecimiento o noticia puede ser ocasión para un diálogo, una reflexión y una orientación.

8. Educación en valores. El análisis de los valores y actitudes familiares pretende definir qué valores son preferibles en la interacción educativa. Cuando el niño pisa el aula como recinto formativo, gran parte del bagaje cultural de grupo ya ha sido transmitido.
En el contexto familiar es donde el niño va a ir configurando su propia jerarquía y, posteriormente, marcará sus relaciones en la escuela, en los grupos de iguales y con otras instituciones. Parafraseando a Rojas Marcos: “Las semillas de la violencia se siembran en los primeros años de la vida, se cultivan y se desarrollan durante la infancia y comienzan a dar sus frutos malignos en la adolescencia. Estas simientes se nutren y crecen estimuladas por los ingredientes crueles del medio hasta llegar a formar parte inseparable del carácter adulto”. La familia debe responsabilizarse del aprendizaje de unos valores, creencias, actitudes y hábitos de conducta, de modo que los individuos no se hallen “desarmados”, sin criterio propio, frente a la diversidad de información y estilos de conducta que ofrece de continuo el medio social. Muchos desajustes de la sociedad son causados por las enseñanzas de los padres o por su carencia. Es difícil anunciar lo que la sociedad valorará mañana, sin embargo, se puede afirmar que la sociedad moderna necesita individuos que crezcan en valores como la libertad, la tolerancia, la responsabilidad, la iniciativa, educar en la importancia del largo plazo, de la reflexión, de tener tiempo para prever las consecuencias que tendrán nuestras decisiones en el futuro (Alberdi y Escario).

9. Una cuestión importante en estos momentos es la elección vocacional de los jóvenes (Casas). La primera influencia en la orientación de su futuro personal la reciben de los padres y la comunidad inmediata (entorno residencial), por delante de los amigos, medios de comunicación, profesores, etc. La planificación del futuro profesional es una actividad que exige tener en cuenta las circunstancias que rodean a las personas, tanto ambientales como familiares. Pero, no sólo son importantes el nivel socioeconómico familiar y la ubicación del domicilio familiar, se considera necesario profundizar en aspectos de la dinámica familiar cuya influencia en la elección vocacional pueda ser determinante, tales como el nivel cultural y los estilos de vida, las actitudes de los padres ante su propio trabajo, las aspiraciones y expectativas de éstos hacia sus hijos, el número de hermanos y el orden de nacimiento en el núcleo familiar, el valor atribuido a la educación, las relaciones parentales, los climas familiares, etc.



Extraído de
Familia, Escuela y Sociedad
Susana Torío López
Universidad de Oviedo

sábado, 15 de junio de 2013

Demandas de la familia a la escuela

Sabemos que la tarea educativa tiene gran complejidad, y el discurso que circula en la sociedad le otorga mucha importancia. Para lograr los propósitos es necesario que todas las partes involucradas, familia y escuela, trabajen en conjunto, aspiración que por lo general no se logra. Existen demandas mutuas no satisfechas, y los siguientes párrafos reflexionan sobre las demandas que se le hacen a la escuela.



El papel de la familia no puede suplantarlo ninguna institución, no obstante, el sistema educativo formal cumple un papel relevante en la educación del niño y del adolescente. Posee una capacidad transformadora en relación a creencias, valores, expectativas, pautas de conducta, etc. “Los centros de enseñanza no quedan exentos de obligaciones. Muy al contrario, tendrán que ser los lugares donde la esperanza, el altruismo, la confianza en los semejantes, las relaciones interpersonales, se construyan bajo estilos de convivencia destinados a la totalidad del género humano” (Rodríguez Neira). Especificamos algunas demandas de la familia a la escuela a fin de caminar en paralelo, dado que persiguen un objetivo común: la formación integral de la persona.

1. Preparación de calidad. Las exigencias actuales de la sociedad para los jóvenes son la formación, alto nivel de estudios y competitividad. Los padres están preocupados por los resultados académicos de sus hijos. Demandan que sus hijos, entre otros aspectos, aprendan a identificar y resolver problemas, a desarrollar hábitos de trabajo intelectual y fomentar capacidades como la observación y la clasificación.

2. Proporcionar referentes para interpretar la realidad, tener ideas claras ante la vida. Una escuela útil para la vida. Formar ciudadanos con capacidades como el dominio de la lengua, la comprensión de los fundamentos de las ciencias y las nuevas tecnologías, el pensamiento crítico, la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas, la capacidad de comunicarse, el comprender al menos una lengua extranjera. Todas estas funciones deben llevarse a cabo en colaboración con las familias y la comunidad local; es una tarea “a lo largo de la vida”.

3. La familia exige a la escuela una formación en valores. La escuela no queda excluida de este proceso ya que, además de ofrecer modelos con los que los alumnos se identifiquen, es capaz de crear las condiciones experienciales para que los valores se trabajen y se internalicen. Los valores se trasmiten, es más, se internalizan. La escuela es el lugar de aprendizaje de formas de convivencia que no cabe aprender en la familia, es el caso de la convivencia civil. Es el primer lugar de aproximación a la diversidad existente en la sociedad; es la primera experiencia con la autoridad impersonal. Los padres piden a la escuela que aproveche las ocasiones para fomentar la disciplina, el diálogo, la convivencia y la tolerancia; en síntesis, comprometerse con una educación para la democracia.

4. Demandan la utilización de medios tecnológicos y procurar que su empleo sea racional. Deben procurar una “actitud crítica” en los adolescentes de modo que aprendan a seleccionar y jerarquizar las múltiples informaciones que transmiten.

5. Atención a las diferencias individuales, el desarrollo de todas sus potencialidades en la medida de lo posible. La diversidad es un concepto cultural en su más amplio sentido; además de las diferencias cognitivas, existen diferencias culturales e individuales, que deben considerarse en el diseño y planificación del proceso enseñanza aprendizaje.

6. Garantizar la seguridad, protección, y el clima educativo del centro.
Propiciar en los centros contextos educativos seguros y satisfactorios para las personas que conviven. La escuela no es una institución dedicada al control, sino al crecimiento y al desarrollo de sus miembros. Para ello, es necesario generar un clima institucional y grupal que no pase por la represión sino por la armonización de sus funciones y de sus miembros. La familia demanda a la escuela que vele por la seguridad de sus hijos y los proteja frente a cualquier desviación: indisciplina, drogas, violencia, etc.

7. Conexión de la escuela con el mundo laboral. La escuela debería potenciar una serie de valores, cualidades y habilidades necesarias para el desenvolvimiento en el mundo social y laboral (capacidad de iniciativa, creatividad, adaptabilidad), así como una serie de cualidades personales (autodisciplina, perseverancia, flexibilidad, trabajo en equipo, responsabilidad).

Participación de los padres en la educación escolar: tema encauzado, pero no resuelto
La importancia de la educación para una sociedad es tal que debe suponer un compromiso de todas las personas e instituciones en la tarea educativa y de aprendizaje. Tiene pleno sentido plantearse la participación de la familia en la educación escolar por cuanto no son sistemas independientes que actúen por separado, sino sistemas interdependientes cuyos resultados no son explicables de forma aislada. Dicha participación puede considerarse como derecho democrático y como garantía de calidad educativa escolar (Vázquez, Sarramona y Vera). En el caso español, han sido las sucesivas leyes orgánicas las que desarrollaron tal participación de los diferentes sectores de la comunidad educativa, y por tanto, de los padres y madres.

La historia de las relaciones familia-centro no ha estado exenta de confrontaciones y de distanciamientos, más que de oportunidades de colaboración. En términos generales, el clima de participación dentro de la institución escolar ha aumentado considerablemente en España en los últimos años. Si bien las Asociaciones y los Consejos Escolares son los mecanismos institucionales de comunicación y participación, las iniciativas singulares de relación directa o indirecta entre familias y centro adquieren especial relevancia (actividades, reuniones, entrevistas, correspondencia escrita, ...) ya que tienen la virtualidad de centrarse en el proceso formativo del alumnado.

Las familias, por tanto, podrán participar en la planificación general del sistema educativo (Vázquez, Sarramona y Vera), sea a través del diálogo directo con la Administración, sea a través de los organismos de participación creados a tal efecto, los Consejos Escolares. Respecto a la organización general del sistema los padres tienen derecho a participar en aspectos que tienen incidencia en la vida social y familiar: el horario y el calendario escolar, criterios de adscripción a centros públicos y concertados, sistema de financiación, etc. Por otro lado, si nos adentramos en el nivel “meso” y “micro” del sistema educativo, esto es el centro escolar y el aula, las asociaciones de padres/madres, han de poder participar de manera institucional en todo cuanto se refiera a la actividad profesional de los docentes y especialistas en educación.

Vázquez, Sarramona y Vera aluden a lo acontecido en cuanto a la presencia de los padres en los Consejos Escolares de Centros (convocatoria de elecciones de representantes que se realizan cada dos años) en el curso 2002-03. Un análisis de los niveles de participación en estas elecciones proporciona información sobre el escaso nivel de compromiso que asumen los padres. La participación es más elevada en centros donde los padres perciben la utilidad de estos Consejos Escolares y constatan que tienen un rol que asumir en el centro. De igual modo, de los porcentajes de pertenencia de los padres a las Asociaciones de centro en el conjunto de España se desprenden los siguientes aspectos: si se comparan los datos en una visión evolutiva se observa un incremento de inscripciones, pero un descenso en el nivel de participación efectiva; también, se observa mayor grado de pertenencia a las asociaciones en los centros privados; mayor porcentaje de participación en actividades que organizan las Asociaciones en padres/madres de las escuelas públicas, especialmente, en la etapa de primaria; mayor participación en los centros pequeños que en los de mayor tamaño; etc. En definitiva, la participación real de los padres y madres en la vida de los centros es minoritaria y viene asumida, generalmente, por pequeños grupos. Aunque teóricamente se dice querer participar mucho, se muestra de hecho menor grado de participación en aspectos relacionados con las familias (actividades, colaboración, etc) y con el profesorado (formación, grupos de trabajo,...). Los resultados de este estudio, en su conjunto, no difieren sustancialmente de otros.

La vía de comunicación más habitual entre la familia y el contexto escolar es la reunión con el tutor (81%), seguido de las cartas, reuniones de padres del grupo clase y reuniones convocadas por la AMPA (66%, 55% y 54%, respectivamente), descendiendo considerablemente, la conversación telefónica (16%).

Estando muy claro el derecho de los padres a la participación, no lo está tanto en la asunción operativa en la vida de los centros escolares. Queda un largo trecho por recorrer en materia de participación de la comunidad educativa en su conjunto.


Extraído de
Familia, Escuela y Sociedad
Susana Torío López
Universidad de Oviedo



miércoles, 5 de junio de 2013

Familias y Escuelas como Socios


Si bien todos aceptamos que es imprescindible que la familia y la escuela, formen una sociedad en pos de finalidades comunes, existen numerosos obstáculos para remover. No se trata solamente de conseguir mejorar rendimiento escolar, sino es muy importante formar comunidades democráticas, hábiles en el "arte de convivir" ¿Cómo lograr involucrar a las familias? ¿Qué estrategias utilizar?


Treinta años de investigación confirman que la participación familiar ejerce una poderosa influencia sobre el éxito del niño en la escuela. Cuando las familias se involucran en la educación de sus hijos, ellos obtienen mejores grados y calificaciones más altas en las pruebas, asisten a las escuela con mayor regularidad, cumplen más con sus tareas, demuestran mejor actitud y comportamiento, se gradúan con mayor frecuencia de la escuela secundaria, y tienen mayor tendencia a matricularse en la universidad, que aquellos estudiantes con familias menos involucradas. Es por esta razón una meta importante para las escuelas aumentar la participación de la familia en la educación de sus hijos, especialmente aquellas escuelas que presten servicios a estudiantes de bajos recursos económicos y con riesgo de fracasar.

Para que las familias trabajen en sociedad con las escuelas, éstas deberán proveerle las oportunidades y el respaldo necesario para lograr esta participación. Muchas veces la escuela espera que las familias lo hagan todo por su propia cuenta. El desarrollo de una eficiente sociedad con las familias requiere que todo el personal escolar (administración, maestros y personal de apoyo), cree un espacio escolar acogedor para los padres, y los incite a alzar su voz y formular preguntas, y a que participen apropiadamente en la toma de decisiones. El desarrollo de esta sociedad también requiere que el personal escolar provea información y entrenamiento necesarios para lograr esta participación, esforzándose por invitar a los padres a participar en la educación de sus hijos.

¿Cómo logran las escuelas exitosas involucrar a las familias?
Las escuelas que más han logrado involucrar a los padres y otros miembros de la familia en la facilitación del aprendizaje de sus hijos, miran más allá de las definiciones tradicionales de la participación - formar parte de las organizaciones de padres y maestros, o firmar reportes trimestrales- y tienen un concepto más amplio que incorpora a los padres como socios totales en la educación de sus hijos. En vez de esforzarse solamente por incrementar la participación en actividades basadas en la escuela, éstas buscan apoyar a las familias en aquellas actividades fuera de la escuela que inciten al aprendizaje del niño. Las escuelas que han desarrollado una exitosa sociedad con los padres, ven el logro estudiantil como una responsabilidad común, y todos los socios - padres, administradores, maestros, y líderes comunitarios - desempeñan un importante papel en el apoyo educacional del niño.

Una sociedad escuela-familia efectiva requiere una continua colaboración mutua, el apoyo y la participación del personal escolar y las familias, tanto en el hogar como en la escuela, en actividades que puedan afectar directamente el éxito del aprendizaje del niño. Si las familias van a trabajar con las escuelas como socios totales en la educación de sus hijos, las escuelas deberán proveer las oportunidades y el apoyo necesario para alcanzar el éxito. Los programas escolares y distritales que logran tener éxito, facilitan la comunicación padre-escuela y ayudan a los padres a apoyar el trabajo académico de sus hijos, tanto en la escuela como en el hogar. Algunos programas involucran a los padres en actividades de planeamiento y dirección escolar y como voluntarios. Algunos también proveen servicios coordinados no educacionales esenciales para que las familias apoyen el desarrollo académico de sus hijos.

¿Qué estrategias usan estas escuelas para superar los obstáculos comunes a la participación familiar?
           Superar las limitaciones de tiempo y recursos. Las familias y los miembros del personal escolar necesitan tener tiempo para conocerse entre sí, con el fin de construir una sociedad firme. También necesitan tiempo para planificar su trabajo conjunto y aumentar el aprendizaje del estudiante, y ejecutar sus planes. Los programas exitosos consiguen tiempo y recursos para que ambos socios, maestros y padres puedan desarrollar una sociedad escuela-familia.

           Proveer información y entrenamiento para los padres y el personal escolar. La falta de información y habilidad para comunicarse entre ellos, puede ocasionar el mal entendimiento y desconfianza entre los padres y el personal escolar. La iniciativa de abrir la brecha informativa entre los padres y las escuelas, está al centro de cada uno de los 20 programas estudiados en este Libro de Ideas. Los padres y el personal educativo en estos programas, están aprendiendo cómo confiarse entre ellos y trabajar juntos para ayudar a los niños a triunfar en la escuela, a través de talleres y una serie de actividades de mayor alcance, tales como boletines informativos, manuales, y visitas a domicilio.

           Reconstruir la estructura escolar para dar respaldo a la participación familiar. El desarrollo de una exitosa sociedad escuela-familia implica la total participación de la escuela y no de un sólo individuo o programa. La organización escolar y prácticas tradicionales, especialmente en las escuelas secundarias, a menudo disuaden a los familiares de participar. Las escuelas pueden efectuar cambios con el fin de crear un ambiente más acogedor y más atractivo para los padres, y lograr que ellos se incorporen y colaboren con el éxito de sus hijos. Cualquiera que fuesen los pasos tomados por la escuela para desarrollar su sociedad con las familias, aquellas que logran mayor éxito están preparadas para reconsiderar todos sus establecidos patrones de trabajo y construir nuevas estructuras menos jerárquicas, más personales y más accesibles a los padres.

           Superar las diferencias escuela-familia. Las diferencias de idiomas, culturas y habilidad educacional que separan a las familias del personal escolar, pueden todas éstas dificultar la comunicación y participación familiar en las actividades escolares. Estrategias enfocadas a estas diferencias incluyen un mayor alcance a los padres con poca educación formal, servicios bilingues que traten con los diferentes idiomas y faciliten la comunicación tanto oral como por escrito con la familia, respecto a los programas escolares y al progreso del niño, y la promoción del entendimiento entre culturas con el fin de acrecentar la confianza entre los padres y la escuela.

           Acudir al apoyo de entidades externas para desarrollar sociedades. Muchas escuelas Titulo I, han logrado beneficiar y reforzar sus sociedades acudiendo a entidades de apoyo disponibles en su comunidad local y más allá de ésta. La colaboración y el esfuerzo para proveer a las escuelas y familias con las herramientas necesarias para facilitar el aprendizaje pueden incluir, asociaciones con negocios locales, con servicios de salud y otras agencias comunitarias, con colegios y universidades, así como el apoyo del distrito escolar y del estado.

Guías para una Sociedad Efectiva
La experiencia de muchas escuelas y distritos nos llevan a observar algunas características comunes presentadas por exitosas sociedades escuela-familia. Las escuelas que han logrado involucrar a un gran número de padres y otros familiares en la educación de sus hijos, invierten su energía en hallar soluciones a los problemas, y no excusas. Las escuelas exitosas ven el logro del niño como una responsabilidad compartida, y todos los socios - padres, administradores, maestros y líderes comunitarios - desempeñan un papel importante en el respaldo del aprendizaje de los niños. Incluso, las escuelas exitosas adoptan un abordamiento de equipo, donde cada socio asume responsabilidades para el éxito de la sociedad familia-escuela.

A la vez que las sociedades exitosas comparten la responsabilidad, cada socio específico debe asumir su propia responsabilidad, para que la sociedad pueda funcionar . Sobre todo, las escuelas bajo la guía de los directores, poseen la responsabilidad primordial de iniciar estas sociedades. Las escuelas pueden invertir grandemente en el desarrollo profesional que respalde la participación familiar, dar tiempo para que el personal trabaje con los padres, proveer los recursos necesarios, diseñar estrategias innovadoras que cumplan con las necesidades de las diversas familias, y proveer información útil a las familias para que ellas aprendan a contribuir al aprendizaje de sus niños.

Una vez que las escuelas inicien el diálogo e incorporen a los padres como socios totales, las familias típicamente están dispuestas y listas para asumir igual responsabilidad para el éxito de sus hijos. Idealmente, esta sociedad ocurre dentro de un marco en donde las personas que elaboran las políticas, los grupos comunitarios, y los empleadores comparten las mismas metas de la escuela, contribuyendo activamente a su éxito. En resumen, una coalición de amplia base conformada por socios con una ideología común es la fundación de cualquier sociedad exitosa. Cuando los miembros de la comunidad trabajan en conjunto, todos los socios - y especialmente los niños - tienen asegurado el éxito.

Las estrategias efectivas para formar sociedades difieren de una comunidad a otra, y las más adecuadas para una comunidad en particular dependerán del interés, necesidades y recursos locales. Sin embargo, la innovación y la flexibilidad son siempre parte fundamental de cómo promover en forma exitosa la participación familiar en la educación de los hijos. Muchas escuelas mejoraron su potencial de innovación y flexibilidad cuando implementaron programas de alcance escolar. Su experiencia sugiere las siguientes guías para una exitosa sociedad:

           Las sociedades no pueden ser abordadas con una actitud “talla única.” Hay que partir de algo que funcione bien, comenzando la sociedad escuela-familia a través del trabajo en conjunto con la familia para identificar las fuerzas, intereses, y necesidades de las familias, los estudiantes, y el personal escolar, y diseñando estrategias que respondan a esas fuerzas, intereses y necesidades que hayan sido identificados.

           El entrenamiento y desarrollo del personal constituyen una inversión esencial. Hay que reforzar la sociedad escuela-familia con el desarrollo y entrenamiento profesional de todo el personal escolar, así como de los padres y otros miembros de familia. Tanto el personal como las familias necesitan conocimiento y habilidades que le permitan trabajar entre ellos y con la comunidad en general para apoyar el aprendizaje de sus hijos.

           La comunicación es la base fundamental de las sociedades efectivas. Elabore un plan de estrategias que satisfaga la variedad de necesidades que presenten las diferentes culturas e idiomas, estilos de vida y horarios de trabajo del personal y las familias. Incluso una sociedad escuela-familia con el mejor de los planes irá a fallar si no existe una eficaz comunicación entre los participantes.

           La flexibilidad y diversidad son elementos claves. Reconozca que la efectiva participación de los padres puede suceder en diferentes formas, las cuales no necesariamente requieren la presencia de los padres en los talleres, las reuniones o la escuela. El énfasis debe ser en ayudar a que los padres apoyen a sus niños para que ellos aprendan, y esto puede tomar lugar tanto en la escuela, como en el hogar o en cualquier otro lugar en la comunidad.

           Debe sacarse provecho de los entrenamientos, asistencia y fondos ofrecidos por fuentes fuera de la escuela para apoyar los proyectos. Estos pueden incluir los distritos escolares, las organizaciones comunitarias y las agencias públicas, colegios y universidades locales, agencias de educación etc.

           Los cambios toman tiempo. Reconozca que se requiere un continuo esfuerzo por un largo período de tiempo para desarrollar una exitosa sociedad escuela-familia, y que cada vez que se resuelve un problema a menudo surgen nuevos retos. Además, una sociedad exitosa requiere de la participación de muchos socios, y no sólo de algunos de ellos.

           Los proyectos deben evaluar periódicamente los efectos de la sociedad, empleando múltiples indicadores. Estos indicadores pueden evaluar la participación de las familias, del personal escolar y la comunidad, y su satisfacción con las actividades relacionadas a la escuela. También pueden incluirse mediciones de calidad de la interacción escuela-familia y del progreso educacional del estudiante.

A pesar de que sería imposible atribuir el aumento del éxito de los estudiantes u otros logros en las escuelas o distritos, sólo a las actividades de participación de los padres, sí aparenta ser cierto que muchas escuelas cuya meta primordial es involucrar a los padres, también ven mejoras en los logros de los estudiantes. Estos resultados positivos pueden ser debidos al propio aumento de participación de los padres, o, con mayor probabilidad, a una constelación de factores que incluyen un programa educacional sólido, y el compromiso por un alto estándar para todos los estudiantes. No obstante, es evidente que la fuerte participación de los padres es factor importante en muchas de las escuelas que logran elevar el nivel de éxito de sus estudiantes.


Fuente:
Funkhouser, J.E. & Gonzales, M.R.
Family Involvement in Children’s Education: Successful Local Approaches. OERI, U.S. Dept. of Education.
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