domingo, 29 de diciembre de 2013

¿Y si su hijo sufre maltrato en el centro escolar?


El maltrato escolar es ahora objeto de un mayor cuidado ¿Qué tipos de agresiones se observan? ¿Cómo saber si un hijo está siendo objeto de ellos? ¿Qué síntomas observar? ¿Cómo ayudar? ¿Qué actitudes descartar?  

Frecuentemente somos testigos de desgraciadas noticias en relación con la violencia escolar. Niños maltratados por sus propios compañeros de centro escolar. Los ejemplos expuestos son distintos hechos de una misma realidad que es la violencia en las aulas. Se ha oído mucho sobre este tema pero creemos que no se ha terminado de aclarar el concepto. En este artículo pretendemos definir correctamente el concepto de “bullying” y cómo, desde casa, podemos detectar el inicio de un cuadro de acoso fijándonos en algunos detalles que a continuación citaremos. Terminaremos enumerando medidas que pueden tomar para resolver la situación violenta si esta llega a producirse.

Y es que según las mejores investigaciones que tenemos sobre la materia, por poner un dato, en Australia casi uno de cada cinco niños de edades comprendidas entre los 8 y los 17 años es sometido cada semana a malos tratos.

Y otro estudio llevado a cabo por el Grupo de Investigación de la Facultad de la Universidad de Valladolid, el 55 por ciento de los alumnos acosadores sale impune de este tipo de actos.

Según los expertos, el maltrato entre escolares aparece cuando de forma repetida un niño más grande, más fuerte y con más poder que otro comete abusos contra éste o, también si un grupo de niños somete a abusos a otro niño solo. Lo que ocurre es que los malos tratos pueden ser de diversos tipos. Veamos:

1. Verbales: insultos, humillaciones o amenazas.
2. Físicos: golpes, zancadillas, pinchazos, patadas, o bien hurtos o estropeo de los objetos propiedad de la víctima.
3. Sociales: exclusión, difusión de rumores y calumnias contra la víctima.
4. Psicológicos: acecho, o gestos de asco, desprecio o agresividad dirigidos contra la víctima.

Con lo que acabamos de afirmar rompemos el primer error que se está cometiendo y es, pensar que el maltrato es únicamente físico y/o psicológico. El maltrato entre escolares se diferencia de las burlas, tomaduras de pelo, juegos bruscos y peleas características del patio de colegio en que en el caso del maltrato la conducta es continua y el agresor, por lo general, es más grande, más fuerte y más poderoso que la víctima

Y ¿Cuál es el origen de toda esta violencia? Ledia Gutiérrez, psicóloga familiar, explicó que un niño agresivo “solamente está reproduciendo lo que ha visto o ha sufrido en su hogar y llega al colegio a descargar todo lo que está aprendiendo en la familia”.
De ahí viene que emitiera distintos consejos a las familias en función de las características de los niños. Así, los padres con niños rudos deben estar al tanto del comportamiento del niño en la escuela porque en casa pueden aparecer niños tímidos;             deben cambiar determinados comportamientos en la familia que permitan al niño sentirse amado, respetado y escuchado; deben propiciar momentos de juego, estudio, descanso e interactuar con la familia y, deben dar seguridad y confianza en sí mismo.

Por otro lado, los padres de niños tímidos deben enseñarles que responder con violencia no es lo más correcto sino que hay que buscar soluciones pacíficas;  deben involucrarse tanto con su hijo tímido como su agresor para lograr acercamientos más amistosos y hacerle ver que la violencia es negativa; no deben enemistarse con la familia del niño agresor, porque estaría dando un ejemplo negativo a su hijo tímido.

Por último, cabría citar algunas consideraciones hacia los profesores que no deben castigar, etiquetar, rechazar y apartar a los niños “violentos” porque estas actitudes lejos de mejorar su comportamiento alteran la situación; deben conversar con el niño para lograr una mejor comunicación y confianza; y deben vigilar y detectar los cambios de conducta de los alumnos y comunicarlo a los padres.

Alta ansiedad, estrés y miedo son, al parecer, las tres claves mediante las que se puede detectar si un hijo es víctima de acoso. El experto José María Avilés, miembro del Grupo de Investigación de la Facultad de la Universidad de Valladolid, afirma que las víctimas pueden desarrollar respuestas agresivas y en casos extremos, pensar en el suicidio. Para este especialista, el agresor considera que interioriza “una manera de comportarse que puede desembocar en situaciones de delincuencia muy graves” y sobre los espectadores, afirma que llegan a aprender a mirar para otra parte, e incluso a verlo de forma normal. Para detectar este fenómeno con más detalle en el acosado, hay que fijarse en la aparición de los siguientes síntomas que pueden darse de forma aislada o bien combinados unos con otros:

1. Su hijo/a tiene dificultad para relacionarse con sus compañeros o los profesores. Sin embargo, quien puede informar de este hecho son los mismos amigos ya que el maltrato se inflige donde no puede ser visto por los adultos. Por otro lado, la víctima se aísla y se niega a contarlo a alguien.

2. Existen indicios evidentes, externos, que resultan más difícil ocultar. A saber:
·      moratones, rasguños o cortaduras cuyo origen el niño no alcanza a explicar;
·      ropa rasgada o estropeada;
·      objetos dañados o que no aparecen;
·      dolores de cabeza, de estómago o de otro tipo cuya causa no está clara;
·      lágrimas o depresión sin motivo aparente;
·      variaciones de humor o problemas de concentración;
·      accesos de rabia extraños;
·      renuncia a ir a la escuela;
·      trastornos del sueño o enuresis;
·      renuncia a jugar con los amigos, retraimiento social o temores ante otros niños;
·      rebelión constante contra las normas o excesiva sumisión ante las mismas;
·      miedos irracionales;
·      agresiones a hermanos, especialmente en niños que han sido afectuosos y pacíficos;
·      deseo de tomar otra ruta para ir a la escuela o volver a casa;
·      empeoramiento del rendimiento escolar;
·      peticiones de dinero sin explicación del motivo.

En una situación similar a la descrita es necesario adoptar una serie de MEDIDAS y en un determinado orden. El primer paso a dar sería conseguir la confianza del hijo pero objetivo es muy difícil de conseguir y menos que surja como iniciativa por parte de ellos. Debemos saber que el hijo necesita:

 saber que se le escucha y se le cree;
 llegar a confiar en la manera en que sus padres se ocuparán del problema;
 hablar con más franqueza acerca de lo sucedido;
 aprender a dominar hasta cierto punto su propia situación;
 aprender técnicas y estrategias para protegerse;
 volver a tener seguridad en sí mismo.

En esta situación los padres pueden ayudar de la siguiente manera:
 haciendo que su hijo participe en la toma de las decisiones sobre lo que hay que hacer;
 escuchando atentamente lo que el niño les dice;
 diciéndole que le comprenden.

Pero hay determinadas actitudes erróneas de los padres adoptan y que no ayudan y son las siguientes:
 se alteren o se angustien;
 se sientan culpables o sientan vergüenza;
 le hagan creer al niño que la situación no tiene importancia;
 le echen la culpa al niño;
 culpen a la escuela;
 acusen a otras personas sin estar enterados de los hechos;
 busquen chivos expiatorios;
 exijan saber de inmediato todos los pormenores de lo ocurrido; o
 busquen soluciones fáciles.

Para evitar situaciones de este tipo, se debe mantener la sangre fría y dar los siguientes pasos que seguro ayudarán mucho más que no presentarse de forma inmediata en el centro escolar para “resolver el problema” donde seguro que se dirán cosas o se harán determinados actos de los que después habrá que arrepentirse:

• animar al niño a que cuente todo lo que quiera sobre lo sucedido, a fin de tener una idea exacta de los hechos;
• mantener la mente abierta, sin olvidar que lo que están oyendo es sólo una parte de lo ocurrido;
• hacerle preguntas al niño, sin alterarse, con suavidad;
• ayudarle a reflexionar sobre lo sucedido hasta ahora;
• ayudarle a decidir qué hay que hacer para resolver la situación.

Es importante averiguar datos sobre que ocurrió, quién estuvo implicado; dónde ocurrió; cuándo y si hubo testigos y quiénes fueron.

Una vez dados estos pasos, se pueden adoptar otras medidas como:
 No intentar por su cuenta “meter en vereda” a los agresores; rara vez funciona, sino que, al contrario, suele agravar la situación.
 Hay que comunicarse con el centro escolar cuando se haya llegado a un acuerdo con el hijo sobre la forma, el cuándo, con quién...
 Pedir una cita con el director, profesor o persona que se considere más idónea para tratar el asunto. Se debe evitar presentarse en la escuela sin concertar antes una cita.
 Presente de forma tranquila y ordenada la información que tenga.
 Señale con su modo de actuar que usted desea colaborar con la escuela en la búsqueda de una solución. Indique lo que usted y su hijo desean hacer y pida que el representante de la escuela también opine al respecto.
 Pregunte sobre el Reglamento de Régimen Interior del centro escolar y su contenido en materia de malos tratos y exija que se aplique.
 Anote las medidas que la escuela promete tomar, y pida otra cita para informarse de las actuaciones realizadas.

Por último, cabría apuntar una serie de instrucciones para ayudar a su hijo/a a hacer frente al problema. Estas pueden ser las siguientes:

1. Si los abusos se están cometiendo camino a la escuela o de regreso a casa, vea si es posible que tome otra ruta, se junte con otros niños o, acaso con la ayuda de la escuela, encuentre un compañero más robusto con quien pueda ir acompañado. Estas medidas podrán ser útiles mientras se está resolviendo el problema.

2. Si a su hijo le cuesta hacer amigos, anímelo para que haga un mayor esfuerzo por conseguirlo, ya que el tener un buen amigo, aunque sea uno solo, puede ser decisivo frente al problema de los malos tratos.

3. Invite a casa a los amigos de su hijo, para que se vayan afianzando las amistades iniciadas en la escuela.

4. Hable con su hijo sobre lo ocurrido y propóngale algunas medidas que podría adoptar para ayudarse, tales como:
·      fingir no oír los comentarios hirientes;
·      repetirse a sí mismo, en voz baja, consejos para animarse, tales como: «eso es problema suyo, no mío», o «yo estoy bien»;
·      aprender a portarse de manera más firme, serena y enérgica, para que pueda enfrentarse al agresor sin sentir miedo, ni angustiarse, ni ponerse ofensivo ni violento; y
·      entender que, en el caso de los malos tratos, está bien, y de ninguna manera constituye un acto de delación, contárselo a otro.


Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

martes, 3 de diciembre de 2013

La responsabilidad en el niño y el adolescente


La responsabilidad es un hábito muy valorado en las escuelas, y también constituye un objetivo a lograr. Este tema está relacionado con el de los límites ¿Cómo contribuir a formar un sentido de ellos? ¿Cuál es el significado de las recompensas? ¿Cómo se lleva a cabo el aprendizaje de la responsabildad?
 
Enseñar a los niños a ser responsables requiere un ambiente especial en el hogar y en la escuela. Se trata de conseguir un ambiente que les ofrezca información sobre las opciones entre las que deben escoger y las consecuencias de cada una de ellas, y que les proporcione también los recursos necesarios para elegir bien.

La responsabilidad es la habilidad para responder; se trata de la capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, es decir, dentro de los límites de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas. Por otro lado, una respuesta se considera efectiva cuando permite al niño conseguir sus objetivos que reforzarán sus sentimientos de autoestima.

La responsabilidad conlleva, en cierta forma, ser autosuficiente y saber defenderse. Estas son dotes propias de poder personal que, según Gloria Marsellach Umbert en su artículo "La autoestima en niños y adolescentes", significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida.

Para un niño es normal tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme el niño va comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres y educadores pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras:
·      Sabiendo claramente ellos mismos lo que esperan de los niños.
·      Exponiendo sus expectativas de manera que los niños las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidad acerca de tareas y deberes.
·      Averiguando si el niño entiende estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
·      Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o debes escolares, sin ambigüedades.
·      Explicando al niño las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir al niño. La coherencia es más importante que la severidad.
·      Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa "el olvido"
·      Participando padres y madres (cuando sea posible) en la explicación de las reglas al niño. Así sabrá que ambos las apoyan y mantienen.
·      Consiguiendo que todos los niños de la familia o de la clase tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.

Un niño es responsable cuando sus actos coordinan, de forma creativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los adultos tienen que ayudar al niño a obtener este equilibrio, a definir sus propios valores y a resolver las dificultades en función de sus propios sentimientos.

El niño que posea sentido de la responsabilidad cosechará éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se beneficiará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres creen que las recompensas por buen comportamiento son una especie de "soborno", pero las recompensas de orden material (dinero, juguetes...) sólo se convierten en sobornos si son la única técnica que se utiliza para motivar a un niño.
Recompensas son aquellas cosas que el niño valora, cosas que desea o que necesita. Existen también recompensas que no son materiales que conviene recordar:
·      Hágale saber al niño, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: "has limpiado tu armario estupendamente"
·      Proporciónele ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con los logros del niño: "¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando el cuarto de baño"
·      Apoye al niño cuando lo necesite: "Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes"
·      Muestre interés por lo que hace el niño y anímele: "Ya que tienes que ir a una reunión de los boyscouts esta noche, yo me ocupo de lavar los platos"
·      Comparta con el niño algunas tareas de tanto en tanto, como reconocimiento a sus esfuerzos: "La verdad es que ayer dejaste tu habitación limpísima: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?

En ocasiones las responsabilidades de los niños producirán cierta incomodidad a los adultos. Los niños necesitan que los adultos sean pacientes y tolerantes.

El aprendizaje de la responsabilidad
A los niños que no sean considerados responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias. Enseñar a los niños a ser responsables no quiere decir enseñarles a sentirse culpables. Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán los medios, las actitudes y los recursos necesarios para valorar con eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.

Uno de los aspectos básicos de la enseñanza de responsabilidad a los niños es la cuestión: "¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?" Los niños pueden saber hacer las cosas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunos artificios que estimulan al niño a recordar, tretas que pueden abandonarse conforme el niño crece y va siendo capaz de asumir mayores responsabilidades:
1.         Escriba las cosas y colóquelas en lugar visible.
2.         No les recuerde las cosas a los niños una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Recordar las cosas a los niños se convierte en una mala costumbre de la cual los niños pasan a depender.
3.         Establezca costumbres lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se incrementa la capacidad de recordar de los niños.
4.         No le dé miedo castigar al niño que se "olvida".
5.         Acuérdese de lo que usted ha dicho. Si los padres lo olvidan, están otorgando al niño, tácitamente, permiso para hacer lo mismo.

Una vez que a los niños se les ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas. Los padres relevan a sus hijos de sus responsabilidades si...
 ...les recuerdan las cosas cuando ellos "se olvidan"
 ...lo hacen ellos mismos porque "es más sencillo"
 ...subestiman la capacidad de los hijos.
 ...aceptan que los niños se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
 ... hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
 ...creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son "buenos" padres.

¿Cómo enseñar a los niños a ser responsables?
Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (aspecto este al que hemos hecho referencia anteriormente). Por otro lado, el niño seguirá siendo irresponsable si la respuesta que obtiene es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza. Los niños a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes pautas nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado:
1.         Desarrolle la sensación de poder del niño.
Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a los niños a ser responsables incrementa su sensación de poder.

2.         Ayude a los niños a tomar decisiones.
Los niños que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:
• Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión.
• Buscar otras soluciones.
• Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuencias.
• Valorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.

3.         Establezca normas y límites.

4.         Utilice tareas y obligaciones para crear responsabilidad.
Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.

5.         Sea coherente.
Es la mejor forma de indicar al niño que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a los niños a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.

6.         No sea arbitrario.
Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.

7.         Dé recompensas por ser responsable.
Un niño es responsable si...
 ...realiza sus tareas normales sin que haya que recordárselo en todo momento.
 ...puede razonar lo que hace.
 ...no echa la culpa a los demás sistemáticamente.
 ...es capaz de escoger entre diferentes alternativas.
 ...puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
 ...puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se mueve (amigos, pandilla, familia, etc.)
 ...posee diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención.
 ...respeta y reconoce los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles o gratuitas.
 ...puede concentrar su atención en tareas complicadas (dependiendo de su edad) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración.
 ...lleva a cabo lo que dice que va a hacer.
 ...reconoce sus errores.



Fuente
Escuela de Padres
MEC
Ministerio de Educación de España

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