miércoles, 26 de diciembre de 2012

Escuela y familia, un enfoque de mejora continua

La Escuela y la Familia llevan una difícil relación, con límites poco claros. Si bien tienen finalidades coincidentes, sus roles no suelen ser claros ¿Es determinante para el éxito, que la familia sea biparental? ¿Es importante la cercanía al Centro Educativo? ¿Las agrupaciones de padres?  ¿Qué sentido pueden tener las “Escuelas para Padres?

En forma constante se habla sobre el rol de la familia en la educación de sus hijos, de hecho la constitución indica como ente educador primario y fundamental a ésta. No obstante debe haber una alianza entre ambos, puesto que muchas veces esta relación es poco sinérgica, saludable y oposicionista, por una parte los profesores indican que no pueden hacerse cargo de todo, entendido esto en ámbitos que van más allá de la educación formal y, por otro, de que es la familia la que debe velar por instalar en el estudiante habilidades iniciales, fundamentales, para el desarrollo de vida en sociedad.

Surge, en este espacio la opción fundada y no sólo teórica de que tanto familia como escuela son los encargados de trabajar en forma paralela, entendiendo que ambos tienen fortalezas y debilidades propios del actuar humano, pero que como tales son perfectibles en la medida que las voluntades se coordinan y pueden llegar a consenso, pues es a través del diálogo como se construye la educación. Por lo tanto, el trabajo con la familia debe ser continuo, generoso y comprometido, ya que el beneficiario directo es el estudiante sobre quien recaen las acciones diseñadas por ambas partes, consideramos a la familia como una agrupación humana, que en sus bases se ve cimentada por la solidaridad y la cooperación para poder satisfacer necesidades de un individuo que se forma en ella y a la escuela, como aquel ente formador, que en palabras de la ley general de educación, vela por la formalidad en los aprendizajes, en cuanto construcción integral de la persona.

Por lo que este informe pretende conjugar visiones de logro y mejora continua a través de los aprendizajes, considerando como pilar de este rompecabezas a la familia como un actor fundamental en el desarrollo de niños y niñas.

Importancia de la Familia en el desarrollo educacional de los(as) estudiantes
Influencia de la colaboración de la familia sobre el éxito educacional de los (as) alumnos(as)
La primera fuente de socialización para cualquier persona desde la niñez es la familia, la misma brinda los primeros estímulos a los bebés en lo relacionado al aprendizaje como el lenguaje y las habilidades blandas de interacción con sus pares o con los demás … y que existe un consenso entre todos los actores de la comunidad educativa cuando se plantea que la educación de los hijos se ve favorecida cuando los padres dedican mayor tiempo a la educación formal de los mismos…

Un estudio realizado en Venezuela, demostró que el apoyo familiar hacia el estudiante formando un ambiente agradable, estimulante, incentivador y que satisfaga las necesidades sicológicas de los mismos puede comprometerlos con sus rendimientos académicos, así, el fortalecimiento de los lazos escuela-familia también favorece el éxito estudiantil, independiente de pertenecer a NSE bajo y una familia estructurada de forma distinta a las de tipo nuclear.

El sistema escolar continúa bajo la expectativa de que los hogares biparentales fortalecen los resultados académicos. Lo cierto es que la evidencia demuestra que esto no es así, al parecer son las prácticas de los padres, sus actitudes y expectativas, más que la estructura misma del hogar. El Estudio Longitudinal de la Primera Infancia (ECLS por sus estudios en inglés) demostró que la existencia o no de ambos padres no es determinante en el resultado académico de los estudiantes. Es más, no existe correlación entre el hecho de contar o no con uno o ambos padres a tiempo completo en el hogar, es decir, un hogar monoparental donde la madre además trabaje, no necesariamente significará un bajo resultado, cómo si lo es el hecho de que la madre no trabaje y ese hogar viva en la pobreza.

Comprendemos que la estructura familiar se encuentra fuera los ámbitos modificables por la escuela, pero sí interactúa con ella. La evidencia demuestra que padres informados del proceso educativo de sus hijos, sí inciden en los resultados académicos. Para esto necesitamos canales de información continuos y flexibles, que ofrezcan información pertinente, fundamentada y veraz respecto a los logros o fracasos del pupilo, a la vez que facilitan el acceso a padres que no siempre disponen del tiempo para acercarse a una reunión mensual en el establecimiento. El inmenso avance las tecnologías de la información facilitaría este proceso y puede ser eficazmente aprovechado por las escuelas. De este modo se aliviaría la carga administrativa de los docentes, y lograríamos una real gestión pedagógica. La evidencia del ECLS demuestra que los estudiantes cuyos hijos pertenecen a las agrupaciones de padres obtienen, el promedio, mejores calificaciones. Una medida simple de obtener mejoras en el nivel académico podría ser generar los espacios necesarios de participación de los padres.

Finalmente, el hecho de que la madre trabaje tampoco es sinónimo de fracaso escolar, por lo menos en la primera infancia y nivel básico. La escuela, y los educadores, pueden ver a los padres como algo más que formadores morales y hacerles participe del proceso curricular de este modo se lograría una mejor comprensión por parte de las familias de fenómeno pedagógico y así, un apoyo real a la mejora escolar.

Por lo tanto existiendo familias “bien” constituidas o no, escuelas y grupos familiares estando conscientes que la colaboración aportaría eficazmente en la educación de los estudiantes aun se desconocen y no logran establecer vínculos que permitan potenciar sinérgicamente la gestión del aprendizaje de los mismos y al parecer los grupos de NSE bajo se enfrentan a mayores dificultades por deficiencias en el apoyo cognitivo, compromiso y recursos necesarios, lo que demanda ante la realidad chilena y oportunidades evidenciadas, la necesidad de fortalecer los vínculos entre la escuela y la familia, para incentivar y fortalecer el desarrollo social y los procesos de enseñanza- aprendizaje de los estudiantes, por lo que una manera, instancia y oportunidad favorable de hacerlo es a través de la Escuela para Padres, ya que, las actitudes de los(as) alumnos(as) serán positivas y elevarán sus rendimientos académicos ante incentivos de los padres y las familias lo cual puede ser enriquecido orientando a los padres de familia en la inteligencia emocional, hábitos de estudio y contribuyendo en su enriquecimiento cultural.

Familia y su relación con el aprendizaje de los alumnos geográficamente:
Por otro lado, existe un consenso entre los educadores, padres y el público en general que la calidad de la educación se beneficia cuando los padres se dedican más a la educación formal de sus hijos sin embargo no existe receta de cómo idear alguna táctica para que los padres realmente comprendan la importancia de su liderazgo en los aprendizajes de los estudiantes. Más aún, esta relación de deteriora en los estratos socioeconómicos más bajos, donde el nivel de escolaridad de los padres es bajo y no existe la confianza necesaria para acceder a la educación, como medida de generación de movilidad social de sus descendientes.

A ello, se le suma la cercanía o lejanía de los centros de estudio, principalmente en zonas del país, donde los estudiantes dedican gran parte de su tiempo al traslado, en desmedro del potencial trabajo que podría realizarse en familia, siempre y cuando ésta sea un aporte eficaz en las competencias que un alumno debe adquirir con el tiempo. En este sentido, la acción de la escuela como facilitadora de la participación de los padres en el proceso educativo es fundamental, pudiendo generar una alianza familia-escuela, que establezca un clima escolar, no sólo en el establecimiento sino también en los hogares de los estudiantes.

Estudios recientes indican que cuando la familia participa en las actividades escolares y se involucra con la tarea escolar de sus hijos e hijas, éstos tendrán más oportunidades de sobresalir académicamente.

Las propuestas para disminuir los efectos geográficos, ligados a las distancias entre las escuelas, los alumnos y sus familias pasan por:
- Transmitir a las nuevas generaciones conocimientos que han sido adquiridos paulatinamente de generaciones anteriores.

- Buscar en la educación las aptitudes naturales y de origen para desarrollarlas y contribuir de ese modo a la formación de su personalidad.

- Desarrollar en el educando habilidades y destrezas, pero principalmente inculcarle valores humanos, que de alguna manera orientarán su vida, asociadas a su familia y entorno.

- Despertar, mantener y acrecentar en los integrantes de la comunidad el interés por elevar su nivel cultural y de sus familias.

Todo este proceso pasa por establecer medidas de gestión pedagógica y convivencia escolar que incluya de manera activa la relación alumno familia y establezca trabajos colaborativos entre profesores y familias, para alcanzar mejores resultados en los aprendizajes de los estudiantes, principalmente en zonas más alejadas y rurales del país, como un marco de mejora continua en la escuela.

La Escuela Para Padres como instancia de educación familiar orientada al apoyo estudiantil
Es necesario comenzar realizando una investigación y diagnóstico sobre la comunidad y las características familiares que forman a la misma, tomando el ejemplo de las experiencias personales según la institución a la que se pertenece, la estructura familiar podría presentar las siguientes características: nivel de escolaridad medio bajo, NSE medio bajo, alta cantidad de madres solteras y violencia intrafamiliar.

Se propone por lo tanto, la elaboración e implementación de un plan de mejoramiento continuo consecuente con la visión de la institución tomada como ejemplo la cual hace alusión a la “participación activa de la familia”, en donde se eduque e integre a la misma a través de las Escuelas para Padres. Primero, la planificación debe partir desde el líder educativo o líder-director ya que según lo trabajado en clases los efectos de los líderes son considerablemente mayores en escuelas que tienen circunstancias difíciles y/o se encuentran en entornos educativos más complejos, así también deberá preparar a su equipo docente para ser capaz de resolver problemas emergentes jamás abordados y de alta complejidad (Fullan, “Liderar en una Cultura de cambio”), el trabajo del plan de mejora será abordado en tres pasos:

a) Iniciación
Construcción de un plan de mejora según la planificación estratégica. Capacitación de los(as) Orientadores(as) en temas como violencia, drogadicción y sexualidad, encuestar a los padres y apoderados para cualificar su grado de involucramiento con la escuela utilizando instrumentos escritos como el propuesto por Raquel-Amaya Martínez en 1991 (Familia y Educación Formal), establecer tiempos bien definidos para/con los docentes la destinado a la preparación de las sesiones, fijar junto con ellos objetivos en común y reuniones de evaluación del plan.

b) Implementación
Motivación e influencia del líder-director sobre sus docentes para comprometer con el logro de objetivos, primera reunión entre Directivos y Padres y Apoderados, primera sesión entre Docentes y padres y apoderados para recoger las primeras necesidad familiares de cada curso que se involucren con los procesos de enseñanza-aprendizaje y abordables por el ámbito de influencia de la escuela, sesiones cada 3 meses reemplazable por la reunión de apoderados, enseñar y aconsejar a los padres en temas como manejo de situaciones de violencia, técnicas y hábitos de estudio, generación de ambientes propicios para el aprendizaje, motivación y generación de altas expectativas de sus pupilos y su influencia en su futuro.

Después de cada sesión realizar una evaluación de los resultados de las mismas a través de índices como rendimiento académico, comportamiento estudiantil en lo disciplinario, reaplicar encuestas a los padres, intercambio de prácticas docentes, etc.

c) Institucionalización
Establecer la estructura de las sesiones y desarrollo de la Escuela para Padres como parte de las políticas institucionales y anexo a la Planificación Estratégica a través del Plan de Mejora.

La autoestima de los(as) estudiantes se construye en base a su apariencia y apoyo familiar o círculos cercanos, así también el fracaso escolar puede estar asociado a la escolaridad de los padres, nivel socioeconómico y poder de adquisición de libros (Martínez y Álvarez, 2005), por lo tanto la Escuela para Padres será una importante e influyente instancia para amortiguar, cubrir de alguna manera constructiva y dirigir las expectativas del alumnado a través de la educación de los padres así ayudándolos a salir de su círculo social desfavorable en base a la construcción de posibles altas expectativas de vida.

CONCLUSIÓN
Las escuelas pertenecientes a NSE bajos corren peligros de presentar estudiantes con bajos rendimientos por sus orígenes familiares, los mismos, serán influenciados por falta de recursos de estudio en sus hogares, desmotivación por parte de familias mal constituidas y bajo capital cultural familiar, sin embargo, el ambiente familiar tranquilo, constructivo y altas expectativas de los padres y apoderados puede revertir situaciones de abandono y/o fracaso escolar siempre y cuando los padres y apoderados sepan manejar y dirigir dichas situaciones, por lo que se hace tremendamente necesario y enriquecedor elaborar un plan de mejora continua basa en la Escuela Para Padres para educarlos sobre cómo elevar las expectativas y autoestima de los estudiantes a través de la enseñanza de técnicas de estudio, visión de la vida y establecer metas personales.

Se hace evidente entonces que la influencia de la familia en las expectativas y rendimiento educativo de los(as) estudiantes es determinante.

Extraído de
Módulo:
Liderazgo pedagógico y gestión del aprendizaje
Profesor:
Pedro Montt L.
Integrantes: Eduardo Contreras Rodrigo Cruces Rodrigo Espinoza Fabián Rabi Guillermo Tapia

domingo, 16 de diciembre de 2012

¿Somos capaces de perdonarnos a nosotros mismos?


Los siguientes párrafos, extraídos del libro "Educar sin gritar", nos ayudan a reflexionar sobre la importancia de tener la capacidad de perdonarnos a nosotros mismos, en el camino de ser mejores padres.



Si nuestro hijo tiene problemas, será porque algo habremos hecho mal nosotros”. Algunos padres se repiten esta idea una y otra vez, mientras sus dudas no paran de crecer. La aparición de conductas problemáticas en el hijo suele llevar a sus padres a preguntarse en qué han fallado:


• ¿Deberíamos haber pasado más tiempo juntas?

 • ¿No le demostramos suficientemente nuestro afecto?

 • ¿Teníamos que haber dialogado más?

 • ¿No supimos hacer valer nuestra autoridad?

 • ¿Deberíamos haber sido más severos?

 • ¿Puede ser consecuencia de los problemas en nuestra relación?

 • ¿No supimos entenderlo?

 • ¿En qué nos equivocamos?


Algunos padres no necesitan ni tan siquiera del reproche del hijo para sentirse culpables.

 Aunque a veces se pierdan los nervios y se llegue a hablar mal a los hijos, en la mente de éstos no sólo quedan hechos puntuales, sino también el sentir del día a día. Somos seres humanos, y no somos infalibles. Es natural perder la paciencia en ocasiones, pero esto no significa que uno se autocalifique como  «mal padre» o «mala madre». El hecho de darnos cuenta, tomar conciencia de que podemos avanzar en el autocontrol, y el deseo y la intención de hacerlo mejor, son elementos muy importantes, y a veces casi suficientes para que se produzcan los cambios deseados.


Los sentimientos de culpa difícilmente contribuyan a mejorar la situación, y ayudan poco a la hora de buscar soluciones. Habitualmente lo que hacen es empeorarla y terminan por enturbiar la relación. Sumergen al progenitor en la inseguridad y lo convierten en rehén de su propia culpabilidad. El hijo, aunque esté descontento también con la situación, puede incluso aprovecharse de ella.


En no pocas ocasiones se pierde demasiado tiempo y energía poniéndose a la defensiva, buscando justificaciones o echando la culpa al cónyuge, al hijo o a la «juventud de hoy». A perdonar se enseña perdonando, comprendiendo las equivocaciones, disculpando los errores. Es difícil perdonar a los hijos cuando el nivel de exigencia e intransigencia es desproporcionado. E igualmente será difícil enseñarles a disculpar también a los  demás si los padres no son capaces de perdonarse a sí mismos por sus errores.


Los padres no son infalibles. Son seres humanos que pueden equivocarse. Pero en el propósito de la mayoría está el abordar la tarea educativa con la mejor intención posible. Es necesario reducir esa acusada tendencia a la culpabilidad con la que muchos padres pierden todo un caudal de energía que podrían aprovechar para poner remedios, cambiar y emprender nuevas prácticas educativas.



De
Educar sin gritar, de Guillermo Ballenato.
Editorial El Ateneo.

sábado, 8 de diciembre de 2012

La participación de los padres de familia en la educación


Existe unanimidad en considerar a la familia y la escuela como socios de un complicado emprendimiento, la formación de las nuevas generaciones. Hay ámbitos donde la familia es el actor principal, y la escuela colabora, pero en otros sucede lo contrario ¿Qué rol desempeña cada institución?



El siguiente texto es la ponencia que la doctora Marcela Chavarría Olarte de la Universidad Panamericana dictó en el Primer Coloquio: la Participación de Padres de Familia en la Educación, organizado por el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe). Es importante rescatar sus reflexiones sobre uno de los puntos imprescindibles en el ámbito educativo: la participación de los padres en la educación. En su conferencia titulada “La familia como agente educativo primario”, la ponente opina sobre la naturaleza educativa de la familia y su función y trascendencia como agente educativo primario.


Reflexionar sobre la naturaleza educativa de la familia y comprender su función y trascendencia como agente educativo primario es una tarea fundamental. En este sentido, es necesario centrarse sobre algunas de las relaciones interpersonales en la familia para darse cuenta que tienen, sin duda, un significado educativo. Ser padre, madre, hermano o esposo implica una intención educativa en la familia; se forma parte del ámbito natural para nacer, crecer y vivir con la dignidad de personas. Asimismo, la familia es la instancia educativa primaria, pues ahí se inicia el proceso de perfeccionamiento de todas las facultades específicamente humanas.


Recordemos que en la familia se distinguen características básicas que la hacen distinta de la relación animal. Hay tres diferencias clave. En primer lugar, la comunicación de afecto y valores entre los integrantes es la relación como individuos que nos identifica y nos personaliza; por lo tanto, la familia humana es un espacio en el que los progenitores le transmitan algo más que la vida biológica a sus hijos, les transmiten afectos, valores, costumbres. La paternidad es una función que se ejerce poniendo en juego la inteligencia y la voluntad, y consistirá, precisamente, en establecer una relación inteligente y libre con los hijos que les ayude a desarrollar sus capacidades.


La segunda diferencia es la convivencia entre padres e hijos, la cual se prolonga por años de manera directa en función de las necesidades racionales de desarrollo de los hijos, y de manera indirecta por toda la vida. La tercera diferencia es que en la familia humana se mantienen tres estratos de relaciones interpersonales, tres generaciones: abuelos, padres e hijos, lo cual entre los animales irracionales no sucede.


La familia es una relación compleja, humana, profunda, distinta, en donde la relación biológica y la procreación no son más que un punto de partida, pero no su esencia. La familia es una comunidad natural duradera, una unidad de vida humana, en la que converge el desarrollo biopsicosocial de varias generaciones en forma interdependiente.


En este sentido, la familia es una estructura social básica de naturaleza educativa, pues su finalidad esencial es perfectiva en estricto respeto de la naturaleza humana, y también porque allí nos educamos todos, es decir, perfeccionamos nuestras capacidades naturales. En el seno familiar recibimos los primeros elementos para nuestro proceso de perfeccionamiento humano, actualizamos nuestras potencialidades, aprendemos a ser mejor hoy de lo que éramos ayer.


La paternidad es una misión de vida que rebasa un proceso biológico, es una relación en la que se comunican costumbres, ideas, cualidades, defectos y valores. Esto lleva a definir, entonces, que el significado esencial de la paternidad es estrictamente educativo.


Por otro lado, la relación entre hermanos también es una relación educativa porque brinda la experiencia de compartir ropa y comida y, además, plantea la posibilidad de discusiones, reconciliaciones y el perdón, lo que prepara para resolver los conflictos derivados de la convivencia social.


La familia, ámbito de responsabilidad educativa Existen consejos de participación social en donde se propicia la participación de los padres. Sin embargo, aún no se comprende cabalmente, incluso en el ámbito legislativo e institucional, que el papel de los padres en la educación no es de colaboradores de la escuela. La labor de los padres en la educación es el de ser los principales educadores de sus hijos, por lo tanto, cuando se habla de educación de los padres en la escuela o de vinculación familia-escuela, más que hablar de los padres como colaboradores, se tendría que hablar de la escuela como colaboradora de los padres o, por lo menos, de un binomio real de colaboraciones escuela-familia.


La familia tiene áreas de responsabilidades específicas que forman parte de la educación integral y sin las cuales una persona no funciona adecuadamente en la sociedad; por ejemplo, la educación de los afectos. Un profesor de educación básica puede educar en el ámbito del respeto, pero si el niño no es respetado en su ambiente familiar, entonces nunca entenderá realmente dicho valor. Una profesora puede tratar de educar sobre la honestidad, y tal vez el niño manifestará conductas aparentemente honestas en el ámbito de la escuela, pues aprende que ahí las cosas funcionan así, pero si en su familia es un valor desconocido, entonces en realidad no se está apropiando genuinamente de él. Se adquiere una doble moral, donde las conductas escolares son para la escuela y las conductas familiares para la familia, mientras que en la vida real, en la sociedad, todo es relativo. Entonces la educación de los afectos, que aterriza en la formación moral y en la formación cívica, y que éstas a su vez incluyen la formación de hábitos y actitudes de conducta, es fundamentalmente un área de responsabilidad de los padres, y los profesores somos sus colaboradores.


La formación intelectual es una responsabilidad prioritaria de la escuela, y ahí los padres son nuestros colaboradores. Existen áreas de responsabilidad que se comparten de una manera más equilibrada, pero hay otras en las cuales cada ámbito tiene que hacer su parte. Entonces, culturalmente la familia tiene áreas de responsabilidad especiales, y al hablar de vinculación familia-escuela es necesario respetar el papel prioritario de los padres como primeros y principales educadores.


El reto de los educadores consistiría en ser agentes activos en favor de la familia para que ésta cumpla su función. Los maestros y las maestras deben realizar un esfuerzo cotidiano en sus propias familias e impulsar a su vez los esfuerzos en la familia de sus educandos por medio de la orientación.


La misión principal como profesional de la educación es orientar a los padres para que asuman con responsabilidad y eficiencia su función de principales educadores de sus hijos. Así, la vinculación familia-escuela y la participación de los padres en el ámbito escolar deben suceder más en términos de orientación educativa para padres de familia y no tanto que la familia limite su participación a asuntos administrativos, cívicos o de infraestructura.


Si reconocemos a la familia como el agente educativo primario, reconoceremos que trabajar y velar por la familia es hacerlo por nuestra plenitud como personas y como género humano.



Extraído de
La participación de los padres de familia en la educación
La familia como agente educativo primario
Marcela Chavarría Olarte
Alas para la equidad.
Órgano informativo del Consejo Nacional de Fomento Educativo,
Año 4, No. 38, marzo-abril, 2012


viernes, 30 de noviembre de 2012

Participación ciudadana y democracia

Las escuelas deben hacer su aporte a la convivencia democrática, y no se trata de “enseñar democracia” como un contenido más, sino que debe practicarla en todos los niveles, como un estilo de vida en común. Además ¿Cómo ingresar en el camino de la Calidad Educativa, sin el involucramiento de todos? ¿Es lo mismo una democracia representativa que una participativa? Los siguientes párrafos, si bien están pensados para el contexto europeo, nos pueden servir para orientarnos.


La FAPEO es la federación de las asociaciones de padres establecidas dentro de los colegios públicos. Este movimiento de padres de alumnos está constituida como una asociación con fines no lucrativos desde 1966. La FAPEO es, desde el decreto “Misiones”, la única federación que representa a los padres en la enseñanza oficial y reconocida por los poderes públicos.


Entre los objetivos fundamentales de FAPEO están facilitar la participación de los padres en el sistema educativo (fomentar las relaciones familias-escuela, promover la creación de asociaciones de padres, representarlos ante los responsables de la Educación, ofrecer cualquier opinión de utilidad a dichos responsables, etc.) y garantizar la promoción de la enseñanza pública y de la defensa de los intereses de todos los alumnos que la cursan.


La FAPEO ofrece a los padres servicios de ayuda para crear asociaciones de padres, e información para su funcionamiento. Publica “Triálogo”, publicación trimestral de información general y “Flash Infor”, periódico de carácter técnico con información sobre legislación. Además, elabora análisis sobre temas de interés para los padres, realiza encuentros temáticos, dispone de un servicio jurídico y redacta documentos que presenta a los distintos responsables políticos.


La concepción de la FAPEO de la participación ciudadana de los padres en el sistema educativo y en la sociedad
En Bélgica, los padres que deseen implicarse en el sistema educativo pueden hacerlo en distintos niveles. En primer lugar, pueden entrar a formar parte de la asociación de padres del colegio de su hijo o hijos, y ser su representante presentándose a las elecciones que tienen lugar durante la asamblea general anual. La FAPEO insiste mucho en el aspecto democrático, en el hecho de que los representantes de las asociaciones de padres sean elegidos por sus semejantes. Se trata de una condición sine qua non para que la FAPEO reconozca la legitimidad de las asociaciones miembros de la federación. Cuando no haya una asociación de padres en el colegio, existe la posibilidad de crear una, algo que fomenta la FAPEO apoyando y acompañando a las personas que deseen organizarla.


Los padres disponen asimismo de la posibilidad de integrarse en un Consejo de Participación. Éstos, tras la aprobación del decreto “Misión” en 1997, han pasado a ser obligatorios en los colegios de la comunidad francesa de Bélgica, que incluye Bruselas y Valonia.


El Consejo de Participación, que se reúne al menos dos veces al año, es un lugar de encuentro de todas las personas relacionadas con el colegio donde se intercambia información, opiniones, deseos, donde se elaboran proyectos y cada uno pone su energía al servicio del centro educativo y del bienestar de todos los alumnos. Los padres tienen un lugar y algo que decir en este Consejo, junto a los demás miembros de la comunidad educativa como son el personal docente, la dirección, el personal de mantenimiento y los alumnos.


Los padres que deseen comprometerse más pueden asumir la función de delegado FAPEO en su respectivas asociaciones de padres, y pueden presentarse asimismo a las elecciones de su división regional (la FAPEO agrupa a 6 divisiones regionales: Bruselas, Brabant Wallon, Hainaut, Lieja, Luxemburgo y Namur), o incluso a las elecciones de la FAPEO como presidente.


La FAPEO insiste de forma particular en la distinción entre democracia representativa y democracia participativa. Recordamos frecuentemente a los padres de nuestras asociaciones que no son los dueños y gestores de la escuela pública. En efecto, esa tarea ha sido delegada en los miembros electos que cuentan con la legitimidad necesaria para gestionar la institución. Dicho esto, el interés particular de los padres por ese aspecto crucial de esta institución pública como es el centro educativo les permite comprobar sobre el terreno si los objetivos anunciados por el poder político se traducen en hechos.


Como es lógico, la ciudadanía expresa su opinión no sólo en el ámbito de la educación, sino también en el ámbito de la vida diaria y de la vida política. Todo ciudadano belga mayor de edad (es decir, que tenga al menos 18 años) tiene el derecho y sobre todo el deber (en Bélgica el voto es obligatorio) de votar en las elecciones municipales, regionales, provinciales (excepto en Bruselas), federales y europeas. El ciudadano belga dispone además de la posibilidad de presentarse a todas estas elecciones. Por otra parte, cabe destacar que todas estas instituciones democráticas son a su vez controladas por otros organismos fundados asimismo sobre el modelo democrático.


Una vez más, la FAPEO muestra un gran interés por el hecho de que en todos estos niveles de participación los representantes de las asociaciones de padres, en los Consejos de Participación, en las regiones y en el propio seno de la FAPEO, en lo que respecta al sistema educativo y a los distintos niveles de poder en la sociedad, sean hombres y mujeres elegidos democráticamente.


Desde que fue creada en 1966, la FAPEO ha defendido y sigue defendiendo, en todas partes y de forma constante, los valores propios de la participación ciudadana y de la democracia.


FAPEO insiste de forma particular en la distinción entre democracia representativa y democracia participativa.



Autor
Philippe Schwartzenberger
Presidente de la Federación de Asociaciones de Padres de la Escuela Oficial de Bélgica (FAPEO)
En
Padres y madres de alumnos y alumnas

martes, 20 de noviembre de 2012

La corresponsabilidad

¿Quién es responsable de los aprendizajes de los alumnos? Desde la retórica, todos aspiramos a una escuela con equidad, y sentido inclusivo, pero para ello es imprescindible la participación y la responsabilización de todos los actores. Los siguientes párrafos reflexionan al respecto.


La concepción de la FCPE sobre la participación de los padres y madres en el sistema educativo se centra en una palabra: corresponsabilidad. La corresponsabilidad es la división de las responsabilidades educativas y del acto educativo entre la familia y otros educadores potenciales. Comienza en el momento en que los padres confían el niño a terceros (escuela de educación infantil, ayudante maternal, etc.) y continúa durante varios años, en primaria y secundaria, cuando el estudiante comparte su vida entre su familia y otros espacios educativos. Durante todo este período un principio se impone: el niño está en el centro del proceso educativo.


Los padres y las madres son los primeros protagonistas de la corresponsabilidad. La gran dificultad para desarrollar la corresponsabilidad reside en la obligación constante de la búsqueda de un acuerdo y de una complementariedad entre los distintos educadores, en cumplimiento de las especificidades y papeles de cada uno. Se trata de intercambios de información e ideas entre los distintos participantes para definir objetivos educativos comunes y medios de alcanzarlos.


Para la FCPE, el sistema educativo debe entender esto, para así aceptar e integrar a los padres, a todos los padres, y realizar un esfuerzo para incluir a quienes sintiéndose excluidos de la sociedad no se atreven a participar en la escuela o no saben qué sentido dar a la escolaridad de sus hijos. El objetivo de la educación en un país es estrechar el vínculo entre la familia y la escuela y superar las barreras sociales y culturales.


Este proceso de corresponsabilidad no debe olvidar al menor como sujeto activo, que podrá comprometerse también, a través de su proyecto personal y de las responsabilidades que asumirá en el aula y en el centro educativo. En todo planteamiento educativo, la dimensión emocional no puede ignorarse, porque da sentido al acto educativo.


En Francia, los padres están representados en los distintos niveles del sistema educativo: en los consejos escolares de primaria ("école maternelle" de 3 a 6 años, "école élémentaire" de 6 a 11 años); en los consejos de centro en la secundaria ("college" de 11 a 15 años y "lycée" de 15 a 18 años); en los consejos escolares departamentales; en los consejos escolares regionales; y, a nivel nacional, en el Consejo Superior de la Educación. Los representantes de los padres ante la institución escolar son elegidos, mediante elecciones, cada año en los centros educativos.


En la primaria, el consejo escolar vota el reglamento interno, discute la organización de la semana escolar (sobre 4 ó 5 días, por ejemplo) y debate sobre todos los problemas relativos a la escuela. El consejo escolar también elabora el proyecto educativo del centro, y emite su juicio sobre el funcionamiento general de la escuela: actividades extraescolares y complementarias, apertura fuera del horario lectivo, y cuestiones de higiene, salud y seguridad, entre otras funciones. Sobre el reglamento interno y el proyecto educativo de centro el consejo escolar sólo tiene carácter consultivo. En otros asuntos, son el director, el inspector de educación o el municipio quienes deciden.


En la secundaria, los padres elegidos son miembros del consejo de administración. El consejo de administración tiene por papel elaborar y votar el presupuesto del centro, definir el proyecto educativo, aprobar el reglamento interno y cuestiones de higiene, salud y seguridad. Establece también los principios de organización del tiempo escolar, define las actividades educativas opcionales y la apertura del centro a su entorno, organiza la recepción y la información de los padres.


Durante el verano de 2006, el Ministerio de Educación nacional publicó dos reglamentos oficiales para precisar el papel de los padres de alumnos en la escuela. Esta nueva normativa refuerza el derecho de los padres a ser informados, a reunirse en los locales escolares, y reafirma el papel de las asociaciones de padres, en particular para la difusión de la información a los padres. Por fin, estos textos insisten sobre la necesidad de organizar las reuniones escolares a horas que permitan la presencia y la participación de los padres.


El FCPE representa a alrededor de 325.000 familias, e integra a 100 asociaciones departamentales y a 22.000 asociaciones de padres. Federa también padres de alumnos de la enseñanza francesa en el extranjero. Su organización es piramidal: el consejo local interviene en el centro educativo; el consejo departamental interviene ante las administraciones y otras instituciones departamentales o regionales; la federación nacional interviene ante el Ministerio de Educación nacional y otras instituciones a nivel nacional.



Entendemos la corresponsabilidad como la división de las responsabilidades educativas y del acto educativo entre la familia y otros educadores potenciales.



Autor
Faride Hamana
Presidente de la Federación de los Consejos de Padres de la Escuela Pública de Francia (FCPE)
En
Padres y madres de alumnos y alumnas


martes, 13 de noviembre de 2012

Participación y consejos escolares

El camino hacia la Calidad Educativa tiene una enorme autopista, que es el involucramiento social en los problemas Educativos, y esto se puede materializar con la participación activa de la familia. Para poder llevarlo a cabo, los Consejos Escolares deben convertirse en un instrumento de participación democrática. Los siguientes párrafos tienen vigencia para todas las comunidades de habla hispana.



Una de las tareas primordiales de padres y madres consiste en dar una atención permanente a nuestros hijos e hijas, pues somos los primeros responsables de su educación. Pero no es menos cierto que para garantizar una formación adecuada hay que dar un segundo paso, que es participar, intervenir en la gestión y control del centro educativo, a través de tareas acordes con nuestra disponibilidad y con las necesidades que haya marcado nuestra asociación de padres y madres de alumnos. Quienes no se dejan atrapar en las redes del conformismo y asumen sus derechos y deberes como padres y madres verán, con toda claridad, la necesidad imperiosa de establecer estrategias para intervenir con eficacia en el proceso educativo de sus hijas e hijos.


El consejo escolar del centro, con todas sus limitaciones, es un órgano incuestionable de participación y un instrumento de primer orden para lograr un proyecto educativo que satisfaga las expectativas de la comunidad educativa en su conjunto. Así, puede facilitar la igualdad de oportunidades, la formación de las personas para adaptarse a su medio social y cultural, así como la adquisición de hábitos y destrezas para desenvolverse adecuadamente como agentes sociales.


El consejo escolar debe funcionar democráticamente, algo enormemente difícil si no existe un claustro de profesores y profesoras que haya asumido los valores democráticos, un APA dinámica y una asociación de alumnado, o, en su caso, una Junta de Delegados y Delegadas, que vertebren y posibiliten un funcionamiento en doble dirección, es decir, tanto de abajo a arriba, como de arriba abajo. Si no se hace así, el grado de democracia educativa será pequeño, el funcionamiento será dirigista y el modelo organizativo será vertical, con una clara superioridad de quienes disponen de los resortes y mecanismos de control del poder efectivo en el centro. Un modelo de gestión democrática del consejo escolar no consiste en un funcionamiento rutinario y formalista, es decir, en la celebración de las reuniones previstas por la legislación, y pasar como quien pisa ascuas por las funciones de control y gestión encomendadas. Un consejo escolar demostrará vitalidad en la medida que los representantes de los distintos sectores tengan una vinculación estrecha con sus representados y existan mecanismos y cauces para, con agilidad y sin excesivas servidumbres burocráticas, plantear iniciativas y tomar acuerdos.


Cuando miembros de un APA, con mucho esfuerzo, logran que la Programación General Anual recoja sus sugerencias, ponen en marcha una escuela de madres y padres que satisfaga las expectativas de quienes asisten, promueven actividades complementarias, organizan una sema- na cultural, mejoran la operatividad de los consejos escolares o ayudan a hacer más fluidas las relaciones entre los diferentes sectores de la comunidad educativa y las relaciones del centro con el entorno, es lógico que se sientan satisfechos y tengan el legítimo orgullo de haber impulsado y participado en la elaboración y realización de estas actividades y de un gran proyecto: la educación.



“Un consejo escolar demostrará vitalidad en la medida que los representantes tengan una vinculación estrecha con sus representados”.



Autora
Pilar Triguero
Presidenta de la Confederación de APAs de Andalucía (CODAPA)
Extraído de
Padres y madres de alumnos y alumnas

lunes, 5 de noviembre de 2012

El conflicto como entorno para crecer de modo saludable


¿Qué es un conflicto? ¿Constituye una oportunidad de crecimiento? ¿Es algo necesariamente negativo? ¿Cómo se viven las transformaciones? ¿Qué rol juegan las pantallas?



El niño, y el adolescente, de modo más intenso y continuo, viven en el laberinto del conflicto. En la tendencia contradictoria entre el interior, que les pide salir, explorar, descubrir su identidad, probar, acariciar los riesgos; y el exterior, que establece límites, normas y obligaciones. Es interesante la observación de Jean-Pierre Warnier que considera más conveniente el término de identificación, ya que es contextual y fluctuante. Es decir, en el actual marco globalizado, todos nosotros asumimos identificaciones múltiples que movilizan elementos distintos de la lengua, la cultura, etc., en función del contexto. En cualquier caso, el crecimiento supone una molesta y complicada crisis de identidad, en la que niños y jóvenes, ejercitan la lucha diaria consigo mismos, con los demás y con el entorno, buscando descubrir y apropiarse de su personalidad. Ciertamente, la presencia de un adolescente en casa o en la escuela es muchas veces complicada, pero no se puede olvidar que ellos están creciendo en esta tensión, y que ese crecimiento tampoco les resulta ni cómodo, ni fácil.


El conflicto crece con la paradoja del aislamiento y alejamiento de la familia, y la aproximación y búsqueda de compañía en el grupo. Será este encuentro con el “exterior” lo que les enseñará las normas y pautas sociales. Al joven le interesa, sobre todo, ser “alguien en el grupo”, por el afán de integración y pertenencia.


La autoestima significa ser valioso y digno de ser amado. “Valioso” porque eres capaz de resolver algunas situaciones con éxito y por lo tanto puede estar a la altura de los demás, y “digno de ser amado” porque se trata de una persona y por lo tanto tiene derecho a ser amada de manera incondicional, es decir, sabe que está rodeada de personas a las que realmente les importa. Es un autoconcepto que desempeña un importante papel en la vida de las personas. Tener un autoconcepto y una autoestima positivos es de la mayor importancia para la vida personal, profesional y social. Favorece el sentido de la propia identidad, constituye un marco de referencia desde el que interpretar la realidad externa y las propias experiencias, influye en la imagen que se tiene de sí mismo, y, por consiguiente, en su propio rendimiento y proyección, condiciona las expectativas y la motivación y contribuye a la salud y equilibrio psíquicos.


El adolescente experimenta la autoestima especialmente desde cuatro aspectos básicos:

a) Vinculación: dejó los estrechos lazos que tenía que con la familia, con su padre y madre, auténticos referentes, para iniciar un camino de exploración de nuevas vinculaciones, especialmente con el grupo de iguales.

b) Singularidad: atributo que le satisface en la medida en que es considerado y reconocido por los demás por sus propias cualidades. Este reconocimiento le aporta respeto y aprobación.

c) Poder: como conjunto de medios y recursos para modificar sus circunstancias, lo que le afecta y rodea.

d) Modelos y pautas: verdaderos puntos de orientación y referencia para su modo de pensar, sentir y comportarse. Referencias para establecer sus valores y creencias. El asentamiento de estos cuatro aspectos generarán en el adolescente su autoestima, el concepto de sí mismo, y su valía como persona vinculada, única, con capacidad para decidir desde unos modelos y criterios claros y asertivos.



De los últimos estudios realizados por la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción) y referidos por Elena Rodríguez, cinco son los referentes más significativos.

1. La normalidad como aspiración.
2. Demuestra que eres joven.
3. Dos tiempos, dos modos de ser.
4. Integración=consumo.
5. Responder a una expectativa”.

“Ser normal” es considerado como “ser y hacer lo que todos”. Reproducir sin esfuerzo lo que se espera de ellos, les hace sentir incómodos y les molesta ser etiquetados. Los adultos los vemos distintos, innovadores o peligrosos. No quieren ser el “rarillo” del grupo, el que todos miran como algo extraño y fuera del grupo. Ser normal (entre ellos) es ser igual a los demás jóvenes, responder a las expectativas que los compañeros tienen.


Este ambiente de normalidad que tienden a imitar para sentirse uno más en el grupo, que busca el joven también comprende sus prácticas de consumo. La ropa, la música, los lugares de ocio, son “una marca” que los reconoce, integra y legitiman en el grupo. Explica Verdú , que “si en el capitalismo de producción lo importante fueron las mercancías y en el capitalismo de consumo lo importante fue lo que una voz dijera sobre ellas, en el capitalismo de ficción es el propio artículo que habla. Coca-Cola habla de jovialidad, Body Shop de conciencia ecológica...”. Y continua “el nuevo capitalismo de ficción no es por tanto como los anteriores capitalismos, un sistema sin corazón, sino por el contrario la afectividad es aquello que más le importa. El último anuncio norteamericano de Nescafé no habla en Estados Unidos de un surtido de cinco sabores sino de cinco emociones”. La intensidad en la que el adolescente vive sus relaciones en el grupo de pares depende de sus vínculos emocionales, de la trama afectiva que entreteje el grupo. El consumo del producto no satisface el propio consumo, sino la sensación de bienestar en el grupo, de reconocimiento “es uno de los nuestros”, de identificación “siente lo mismo que nosotros”.


Requena define la relación del espectador como “la interacción que surge de la puesta en relación de un espectador y de una exhibición que se le ofrece”. Esta relación pasa por tres componentes: la mirada, el cuerpo y la distancia. La mirada en la distancia respecto al cuerpo (imagen que se exhibe). El autor subraya la distancia como aquello que permite la implicación, el gusto por lo narrado. La seducción entre mirada e imagen, sujeto y objeto, obtiene en la distancia el disfrute no sólo de la narración, también de la obtención del sentido, cuando la reflexión se produce. El espectáculo televisivo ha devorado y engullido los diferentes medios expresivos y sus manifestaciones artísticas (cine, radio, cómic, pintura, teatro...). El análisis y la lectura televisiva se hacen complejas y eclécticas. Añadamos que la pequeña pantalla está colocada en los lugares más íntimos de la casa, ocupando un espacio que hasta hace pocos años era privado y doméstico. Como explicita Requena, la distancia que hay entre mirada y cuerpo ha sido abolida en sentido literal o físico (no hay dos metros entre televisor y espectador) y simbólico (los reality show ponen delante de nuestros ojos la intimidad de muchos otros).


El fenómeno de la mirada, anteriormente descrito, se torna más complejo debido a la variedad de pantallas que pueblan el entorno infantil y juvenil, así como el de la familia, generando asimismo un amplio espectro de conflictos. Cualquier representación en los medios, sea cual sea su formato, soporte o género, provoca diferentes reacciones según las miradas que atrapen la imagen. La relación entre mirada y representación, ya ubicados en el entorno familiar, es el resultado de una serie de variables que integra al espectador que mira, al espectáculo que es mirado, al contexto de recepción –que contiene el quién mira, el cómo mira y cómo interacciona lo que mira-.

Es evidente, que esta fenomenología de la mirada conduce hacia la fenomenología del conflicto, no sólo en la medida en que la representación siempre es un conflicto que se debiera resolver con mirada inteligente, sino porque la propia mirada también lo es, como lo son las relaciones intrafamiliares que provoca el espectáculo visto, en las relaciones interfamiliares. O sea, una serie que expone un determinado modelo familiar como, por ejemplo, Los Serrano, provoca un conjunto de identificaciones y proyecciones en sus diferentes roles (hijos, padre separado, compañera sentimental, hermanos...), que deriva en un pautado abierto de conductas en sus telespectadores.


Consideramos que el término “conflicto” debe despojarse de connotaciones necesariamente negativas, más cuando hablamos de comunicación en la familia. Entendemos el conflicto como oportunidad para crecer, tanto los hijos, como los padres y madres. Sin olvidar que crecer no es fácil, ni cómodo, ni para unos, ni para otros, aunque menos para los primeros. Por tanto, discrepamos de las voces agoreras que cuando hablan de los niños y jóvenes, (especialmente) les añaden adjetivos como difíciles, o conflictivos, preferimos hablar de situaciones conflictivas, en las que todos y cada uno de sus agentes forman parte como causa, pero también como solución. Padres, hijos y pantallas conforman el territorio en el que se diseñan un conjunto de relaciones que pueden permitir el desarrollo de un consumo sano y autónomo, además de responsable.


Siempre que se habla de educación, y por tanto de mediaciones, entendemos que el proceso es fundamental, como justificante de la mediación y como sentido de la misma. Crecer es un proceso lento, complejo, trabajoso, nada fácil. Los padres y madres viven con frecuencia y con angustia, la “falta de resultados” en su quehacer educativo. “Tantos años dejándome la piel, sacrificándome, dándoles consejos, procurando lo mejor para ellos, para que salgan así”, es el comentario de muchas familias. Cuando los hijos asoman a la adolescencia, esta sensación se acrecienta, entrando muchos padres y madres en un túnel, en el que sienten más la oscuridad de su interior, que la luz del “otro extremo”. Una vez más, la esencia y el sentido del proceso puede devolver la esperanza. Todo lo que los padres y madres han hecho por sus hijos, todos aquellos momentos en que han sido modelos y referentes, quedan en la experiencia del hijo como norte para vivir con sentido su propio crecimiento, nunca exento de conflicto. Ese conjunto de presencias que los hijos han vivido con y de sus padres y madres, dotarán de contenido los años de crisis y conflicto, convirtiendo la transición del niño al adulto en un viaje con horizonte final.


El adolescente siente y experimenta con fuerza, y frecuentemente con impotencia, un conjunto de cambios y transformaciones. Primero y, sobre todo, en sí mismo, simultáneamente en los que le rodean y en su entorno. Pero los padres, también viven contradicciones, entre los valores que intentan educar, y los valores que sus hijos viven y aprenden en la calle, con sus amigos, y de las pantallas. Con frecuencia esta contradicción se convierte en impotencia, y en rabia. Les asalta la sensación de que todo lo que hacen no merece la pena, y que tanto esfuerzo no sirve para nada. Vuelven al túnel, pesando más la oscuridad del presente, que la luz del pasado y del futuro. De nuevo urge recuperar el sentido del proceso y del conflicto en sus mediaciones. Proceso por el que todo lo hecho por sus hijos queda, y conflicto porque los hijos, como los adultos, evolucionan y están en constante adaptación al medio y al entorno.


Para entender el conflicto en relación con el multiconsumo de pantallas como oportunidad para crecer, explorar, conocer y reconocerse, se precisan algunas consideraciones. Primero, el análisis de la construcción social, cultural y mediática de los jóvenes, representación que condiciona de modo general la recepción de los adultos, y de los propios jóvenes en particular. Una recepción asociada al estado de la sospecha: jóvenes etiquetados como violentos, vagos y egoístas. Segundo, el olvido que con relativa frecuencia nos impide entender que crecer no es fácil, ni cómodo, ni para nosotros –adultos-, ni para los niños y, menos para los jóvenes. La percepción que ellos tienen de sí mismos no es muy positiva, se aceptan con dificultad, tienen una baja autoestima, experimentan continuos rechazos de sus compañeros.


La percepción positiva de sí mismo, dotada de la suficiente autoestima, no es un ejercicio saludable que practiquen los medios de comunicación social, en los estereotipos y representaciones juveniles con que salpican sus representaciones mediáticas. La imagen sucia que ofrecen los informativos, y la eterna juventud, triunfadora y bella, que ofrecen la publicidad ayuda bastante poco a la construcción de una imagen del propio joven sana y asertiva. Muchos problemas de autoimagen que preocupan y mucho a los niños y jóvenes guardan relación con estas “instantáneas”, que imponen los medios, de cuerpo diez y éxito fácil. La familia es un agente esencial para desarrollar mediaciones constructivas entre estos consumos y los propios niños y jóvenes.


Es evidente que ya no podemos definir el hogar como “cuarto de ver”, pues la multiplicidad de pantallas, ha convertido la casa en un conjunto de “rincones para ver”. Estos escenarios para la mirada y la interacción se despliegan entre lo que podemos denominar espacios públicos y controlados, y espacios privados. Los primeros (cuarto de estar, o lugares donde varios miembros de la familia son espectadores o jugadores –no podemos olvidar el fenómeno de la “”Wii” de Nintendo, que antes, -aunque de un modo más primitivo había conseguido Sony;con la “Play Station”, dotando al jugador-es de un mando que permite jugar a varios a la vez, incluso movilizarse alrededor de la pantalla-. Pero la “Wii” ha abierto un nuevo segmento en el mercado, proporcionando un modelo de consola, con un software apropiado a otro público. Mientras Mirosof t y Sony siguen tratando de ampliar su mercado masculino de 18 a 35 años, Nintendo ha adoptado un marketing diferente, dirigiendo sus productos a la mujer y al juego en común de padres e hijos. Los espacios privados (dormitorio, cuarto de estudio) conforman un escenario para el visionado, el juego, la conversación o navegación por Internet, de uso individualizado, ajeno al control y conocimiento de los padres, que suponen otros consumos, otras interacciones y otros conflictos y retos para la familia.







Extraído de
Consumos y mediaciones de familias y pantallas
Nuevos modelos y propuestas de convivencia
José Antonio Gabelas Barroso y Carmen Marta Lazo
Programa Pantallas Sanas
Diseñado por la Dirección General de Salud Pública del Gobierno de Aragón

domingo, 28 de octubre de 2012

Escuela y familia

La Escuela y la Familia tienen objetivos en común, pero su mutua aceptación no resulta sencilla. Trabajar juntos resulta indispensable, pero la complejidad de la tarea hace que sea un logro difícil de alcanzar. En los siguientes párrafos, el Lic. R Martiñá, autor de varios libros sobre el tema, nos brinda su “ultraresumen” al respecto.


 
Frente al desafío educativo.
La relación Escuela-Familia se ha vuelto compleja  y a menudo complicada, debido a multitud de causas, algunas de las cuales tienen que ver con las grandes transformaciones socioculturales ocurridas durante el siglo XX, que han afectado entre otras cosas, las relaciones adulto-niño.

Sin embargo, hasta hace poco tiempo, el tema no ocupaba un lugar destacado en la agenda educativa, aunque cualquiera que escuchara los comentarios de esos dos espacios simbólicos de maestros y padres, la “sala de maestros” y “la vereda, en la entrada y salida”, podría darse cuenta de la magnitud del conflicto.

No es un tema fácil, pero algunas orientaciones pueden ayudar a recomponer esa alianza, tratando de que padres y docentes puedan reconocerse como socios en una empresa común. Estas son:

_  Establecer la “regla de no descalificación”: ni los padres hablan mal de los maestros delante de sus hijos, ni lo maestros mal de los padres delante de sus alumnos. Los niños a salvo.

_  Tratar de modificar progresivamente la idea fuertemente arraigada de que “los padres van a la escuela por algo malo”. Es bueno invitarlos a celebraciones, conversaciones preventivas, participación en actividades, etc.

_  La idea de que es conveniente intentar “acuerdos mínimos” sobre la base de la convivencia escolar, sin pretender un acuerdo global sobre aspectos sobre los que las familias suelen mostrar mucha diversidad. La idea es: “Qué nos comprometemos a sostener en el ámbito escolar para asegurar el mínimo de bienestar necesario para realizar la tarea que es el sentido de la Institución”.

_  Proponerse renunciar a las ideas complementarias de “Escuela a medida- Familia ejemplar”. Aceptar la diversidad, pero sabiendo que no todo es negociable, y que la escuela tiene el derecho de establecer y hacer cumplir normas para los demás casos.

_ Acordar sobre un enfoque preventivo de la violencia, pero a la vez, de un sistema de sanciones y recompensas para los comportamientos abusivos de cualquier tipo. Las sanciones pueden ser punitivas (un mal por un mal) o reparatorias ( un bien por un mal), pero no pueden dejar de existir.

_ Asumir en conjunto que la Escuela se ha vuelto un lugar muy complejo y atravesado por conflictos en el que conviven no siempre pacíficamente “tres siglos”: la Institución del siglo XIX, los adultos del siglo XX y los niños del siglo XXI.
                                   
Autor
Lic. Rolando Martiñá
rmartina@fibertel.com.ar

Bibliografía:
“Escuela y familia: una alianza necesaria”, Troquel, 2003
“Cuidar y educar. Guía para padres y docentes”. Bonum, 2006
“La comunicación con los padres”, Troquel, 2007


sábado, 20 de octubre de 2012

¿Por qué hemos de participar en los órganos de gestión de los centros?


¿Cómo puede la familia hacerse parte de la escuela? La respuesta depende del contexto, pero, para ir en el camino de la Calidad Educativa, se trata de un hecho imprescindible. Los siguientes párrafos, nos ofrecen una respuesta pensada para el contexto español.




Está claro que participar en los órganos de gestión  de los centros (Consejos escolares y comisiones) nos ayudará  a mejorar nuestro sistema educativo, a sentirnos partícipes y responsables de su mejora, a hacer centros más participativos  y democráticos y, en definitiva, a acercar dos realidades que deben ir siempre “cogidas  de la mano” (familia y escuela) y así poder darle salida a nuestras inquietudes y preocupaciones.  Pero  además,  es un deber y un compromiso con nuestros hijos, con la educación y con la sociedad, en general.

Es preciso debatir, en el seno de los órganos de participación y gobierno de los centros, los mecanismos que consideramos que pueden mejorar la calidad de los centros, impulsando la creación de comisiones mixtas que permitan una mayor participación en la dinámica y gestión de los mismos, siempre desde un punto de vista participativo y colaborativo, pero nunca “intrusivo o destructivo”.  Hemos de tener siempre presente una idea: “queremos aportar algo, colaborar, contribuir, sugerir y dar ideas para mejorar la formación  de nuestros hijos, pero no enfrentarnos al profesorado para decirles cómo tienen que hacer las cosas. Eso no nos conducirá a nada”. Es preciso hacernos escuchar y promover un clima de diálogo y consenso en los órganos de participación  y gestión de los centros.

¿Qué podemos aportar en la gestión de los centros?
La respuesta es mucho y se concreta  actuando por y para el alumnado y con la colaboración de toda la comunidad educativa. De este modo, desde el seno de estos órganos podemos:

1. Participar en todas y cada una de las comisiones en las que podamos colaborar  y actuar: comisión de convivencia y resolución de conflictos, comisión de actividades extraescolares y complementarias, comisión para la integración de las familias y alumnado inmigrante, etc.

2. Ofrecer propuestas constructivas para la mejora del Proyecto educativo del centro, de su Reglamento de régimen interno y demás documentos que articulan la vida del centro, así como sobre el funcionamiento de sus órganos de gestión o coordinación  (consejos escolares, tutorías,  etc.)

3. Ofrecer  ideas para mejorar las instalaciones y funcionamiento del centro.

4. Proponer  actividades a desarrollar en fechas señaladas: día de la paz, semana cultural, día del libro, Carnaval, día de la ciencia, actividades conmemorativas  de un acontecimiento determinado, etc.

5. Aportar recursos materiales que son necesarios en el colegio mediante las cuotas recaudadas en las diferentes actividades o mediante proyectos presentados a organismos oficiales.

6. Actuar como nexos o redes de comunicación  con las demás familias y ayudar en la toma de decisiones, aportando la visión de todas las familias.

7. Ayudar y colaborar  en la adquisición  de material: a) búsqueda de presupuestos; b) facilitación de contactos con empresas (Ejemplo.  para hacer las fotos de las Orlas); c) contacto con organismos locales (Ayuntamientos o Diputaciones) para la colaboración en determinadas actividades y/o talleres.

8. Proponer  proyectos referidos a la mejora de la convivencia en el centro, la divulgación  de la cultura (del hábito lector), la innovación docente en el centro, grupos de trabajo compuestos por padres y profesorado,  comunidades de aprendizaje, grupos interactivos, la utilización de las TICs para favorecer la comunicación con la familia (blogs educativos)

9. Proponer  charlas, coloquios o seminarios, dirigidos al alumnado y que complementen algunos de los temas que se traten en los planes de acción tutorial o de orientación vocacional. En referencia a este tema, incluso, podríamos facilitar al centro el nombre de algunos padres y madres con diversas titulaciones  profesiones (médicos, fontaneros, arquitectas,  profesoras de universidad, etc.) que estarían  dispuestos a colaborar en las diversas actividades del centro.


Extraído de
EL ÉXITO ESCOLAR
¿Cómo pueden contribuir las familias del alumnado?
Santiago Ramírez Fernández
Antonio García Guzmán
Christian Alexis Sánchez Núñez
Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos


viernes, 12 de octubre de 2012

Pero… ¿qué podemos hacer como padres y madres para conseguir éxito escolar?

¿Qué camino seguir para aportar al éxito escolar de los hijos? ¿Existe una única forma? ¿Cuáles pueden ser nuestros aportes? Las siguientes reflexiones fueron hechas desde la óptica de los padres.



Hemos visto pues, que tanto el fracaso como el éxito escolar son situaciones que nos afectan, o nos afectarán, a todos, en mayor o menor grado y de las que somos responsables. Por tanto, todos podemos y debemos implicarnos: la administración, los centros educativos y los docentes, el alumnado, las familias…, pero,… ¿qué podemos hacer como padres y madres para conseguir éxito escolar?

Al menos hay dos ámbitos en los que poder contribuir al éxito escolar:
a) ayudar desde casa, en el seno familiar, y
b) ayudar en la escuela y la comunidad, implicándonos en aquellas iniciativas escolares que ayuden a construir una escuela y una educación más democrática y abierta a la sociedad y a la participación de todos y todas.

En cada uno de estos dos ámbitos hay diferentes modos de actuar y diversas tareas que, como familias, podemos hacer para mejorar la educación de los hijos, por ejemplo: asumir estilos de crianza y climas familiares adecuados, establecer hábitos de estudio en casa, ayudar a nuestros hijos con los deberes,… también comunicarnos de modo adecuado con el profesorado, colaborar en las actividades escolares del centro, implicarnos en la toma de decisiones escolares,… De ellas nos ocuparemos en las páginas siguientes.

Es preciso aclarar que, al igual que todas las personas somos diferentes y tenemos distintas posibilidades y fortalezas, no todas las familias tenemos por qué hacer las mismas cosas, ni participar de las mismas actividades. Es decir, aunque deba existir un proyecto educativo global, común y compartido, cada uno puede contribuir desde su realidad de forma distinta y en grado diferente, sabiendo que lo fundamental es estar coordinado con los demás y contribuir en una acción diseñada conjuntamente.


 A modo de resumen
 Afrontar los problemas existentes y construir  una sociedad futura mejor depende de lo buena que sea la educación, por ello es necesario ayudar   a cambiarla y colaborar en su mejora.         
Conseguir éxito escolar es mucho más que sacar buenas notas, es mejorar la educación y la  sociedad.                                
Todos podemos y debemos implicarnos en esta tarea de educar; porque si familia, escuela y comunidad colaboramos, alcanzar el éxito escolar  será más fácil.                                   
Hay distintos modos en los que las familias  pueden contribuir al éxito escolar: ayudando desde casa, colaborando con el profesorado,  implicándose en las dinámicas del centro, etc.      
No todas las familias tienen por qué implicarse  del mismo modo, pero sí todas deben estar comprometidas con la educación.

Extraído de
EL ÉXITO ESCOLAR
¿Cómo pueden contribuir las familias del alumnado?
Santiago Ramírez Fernández
Antonio García Guzmán
Christian Alexis Sánchez Núñez
Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos


 
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