martes, 27 de diciembre de 2011

La falta de sueño afecta negativamente el rendimiento académico de los niños

La falta de sueño lleva a un desorden en la vida del niño, además tiene influencias negativas a la hora de obtener rendimiento académico. El siguiente artículo relata los resultados de investigaciones al respecto.




Los niños de primaria necesitan al menos nueve horas de sueño por noche, muestra una investigación
Un sueño inadecuado y la ausencia de una rutina adecuada para irse a la cama cobran un precio al rendimiento de los niños de escuela primaria, muestra una investigación.

Cuando los niños de seis años se van a la cama tarde y duermen menos de nueve horas por noche, sus habilidades académicas sufren junto con su memoria y motivación, hallaron investigadores de Barcelona.

"La mayoría de niños duermen menos de lo recomendado para su desarrollo intelectual, que se ve afectado por la falta de sueño, que no puede recuperarse. Este es el primer estudio español en probar que perder horas de sueño y los malos hábitos afectan al rendimiento académico de los niños", aseguró en un comunicado de prensa de la Universidad Autónoma de Barcelona Ramón Cladellas, investigador de la facultad de psicología de la universidad.

Para llevar a cabo el estudio, que aparece en una edición reciente de la revista española Cultura y Educación, los investigadores evaluaron los hábitos de sueño y las habilidades académicas de 142 niños de seis a siete años de edad, que asistían a distintas escuelas.

Cladellas y colegas hallaron que los niños dormían casi ocho horas cada noche, pero 69 por ciento de los niños no llegaban a casa hasta después de las 9 p.m. por lo menos tres noches por semana. Los niños también se iban a la cama tras las 11 p.m. al menos cuatro noches por semana.

El estudio reveló que como resultado los jóvenes estudiantes que dormían apenas ocho o nueve horas por noche rendían menos en la escuela que los que dormían entre nueve y once horas.

"Tomando en cuenta los resultados obtenidos, creemos que más de nueve horas de sueño por noche y una rutina nocturna favorecen el rendimiento académico", aseguró Cladellas en el comunicado.

La falta de sueño y los malos hábitos a la hora de acostarse tuvieron un efecto negativo significativo sobre ciertas habilidades relacionadas con el rendimiento académico. A menor grado, la falta de sueño también afectó adversamente habilidades relacionadas con la cognición, como la memoria, el aprendizaje y la motivación.

"Con este fin, la falta de horas de sueño distorsiona el rendimiento de los niños en el conocimiento lingüístico, las reglas de gramática y ortografía, y aspectos claves de la organización y comprensión de textos, para poner algunos ejemplos. Se trata de habilidades básicas, lo que quiere decir que si un estudiante desarrolla problemas en esta área a causa de la falta de sueño, podría tener una repercusión sobre todas las asignaturas", explicó Cladellas.

"Actualmente, hay mucha preocupación porque los niños están pegados a la televisión, las computadoras y los videojuegos, pero no se da la misma importancia a que se acuesten a la misma hora todas las noches", añadió.

Los autores del estudio concluyeron que los niños de primaria deben tener buenas rutinas para irse a la cama y hábitos saludables de sueño que incluyan dormir al menos nueve horas por noche para ayudar a asegurar que tengan el mejor rendimiento en la escuela.

Por
Mary Elizabeth Dallas

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTE: University of Barcelona,
HealthDay

domingo, 18 de diciembre de 2011

Pensamiento crítico ¿Por qué es necesario educarlo?

Sin dudas todos queremos que nuestros hijos y alumnos sean reflexivos ¿Esto se da de manera espontánea? ¿Debemos promover ese tipo de pensamiento? ¿Cómo? El siguiente artículo desarrolla el tema.




El pensamiento crítico es el proceso de analizar y evaluar el pensamiento con el propósito de mejorarlo. El pensamiento crítico presupone el conocimiento de las estructuras más básicas del pensamiento (los elementos del pensamiento) y los estándares intelectuales más básicos del pensamiento (estándares intelectuales universales). La clave para desencadenar el lado creativo del pensamiento crítico (la verdadera mejora del pensamiento) está en reestructurar el pensamiento como resultado de analizarlo y evaluarlo de manera efectiva.

 

Todas las personas pensamos, pero no siempre somos conscientes de nuestro pensamiento y, menos aún, de nuestro propio proceso de pensar. Emitimos juicios o tomamos decisiones sin sopesar si nos faltan datos, si nos dejamos llevar por prejuicios y creencias previas, o si nos basamos en fundamentos erróneos ajenos a la evidencia de los hechos, a la reflexión de las opciones posibles y al argumentario del propio razonamiento. “Necesitamos reflexionar sobre nuestro pensamiento y al mismo tiempo pensar en cómo mejorarlo” , nos dicen Linda Elder y Richard Paul, de la Fundación para el Pensamiento Crítico creada en EE.UU.

¿Por qué es tan importante desarrollar esta competencia, especialmente desde la Educación familiar y escolar?

La respuesta más remota nos viene de Sócrates y sus preguntas socráticas cuando afirmaba que una vida sin reflexión sobre ella misma, sin examinarse, no vale la pena vivirla.

También me recuerda la sabia actitud de Harún al-Raschid, califa de Bagdad, -con un esplendoroso reinado cultural, científico y económico-  cuando, según se nos cuenta en “Las Mil y Una Noches”, disfrazados de comerciantes él y su emir se mezclaban por la medina y los arrabales de la ciudad para saber qué opinaban sus súbditos de su gestión o de su reino, con el afán de ser más justo en su gobierno.

Él “abandonaba” su trono momentáneamente para ser más merecedor del mismo. De otra forma, pero con ese “distanciamiento” táctico, el pensamiento crítico nos sugiere que cambiemos de perspectiva, nos hagamos preguntas, reflexionemos sobre nuestro propio pensamiento y lo mejoremos. Nuestro cerebro es, sin duda, el trono desde donde gobernamos nuestro destino porque la mente no sólo piensa, sino que también siente y quiere.

No es una cuestión menor. La vida de las personas se ve condicionada, para bien o para mal, por las decisiones acertadas o erróneas que toman en cada momento. De modo similar, el futuro de las sociedades democráticas depende de los “estados de opinión” y de las “decisiones” públicas, asociativas, reivindicativas o electorales por parte de la ciudadanía. ¿Pero qué ocurre cuando actuamos sin pensar, sin valorar, sin reflexionar o sin prever las consecuencias? ¿Qué puede pasar cuando una mayoría ciudadana desinformada, crédula o irreflexiva elije opciones que determinen el desarrollo de nuestra propia vida o de la de nuestros hijos? ¿Qué puede aportar la educación y el pensamiento crítico para evitar las decisiones erróneas y orientarlo para tener mejores hábitos mentales y disposiciones hacia el compromiso cívico, la responsabilidad social y el bien común?

“Enseñe a las personas a tomar decisiones acertadas y las equipara para mejorar su propio futuro y para convertirse en miembros que contribuyen a la sociedad, en lugar de ser una carga para ellos”, nos dice Peter A. Facione, Rector de la Universidad Loyola de Chicago.

Desde Movilización Educativa hemos propuesto una 9ª Competencia Educativa que denominamos “Aprender a pensar”. Una competencia complementaria y transversal a las ocho promovidas por la Unión Europea y el Ministerio de Educación Español: competencias lingüística, científico-matemática, de interacción con el medio, digital, social y ciudadana, cultural y artística, aprender a aprender, y capacidad para emprender. ¿Es necesario esta nueva competencia o está cubierta por las otras?

Desde la Universidad de Padres y su modelo de educación para el talento y los recursos educativos promovemos la filosofía para niños, la inteligencia intelectual,  emocional, social y ética. Entrenar a nuestros hijos en estas capacidades, sin duda, incrementará la inteligencia compartida y la responsabilidad social para mejorar nuestra realidad.

¿Cómo lograr que nuestros hijos o alumnos aprendan a pensar formal y éticamente mejor con las técnicas del pensamiento crítico? Antes de sugerir algunas respuestas a esta pregunta clave, quiero hacer observar que estamos en una sociedad que muchas veces pervierte el verdadero significado de las palabras, devaluado por la publicidad y la demagogia de algunos políticos o medios de comunicación. ¿Qué pensamos de una persona cuando se dice de ella que es “muy crítica”? ¿La ensalzamos o devaluamos por ello? ¿Lo es realmente? ¿Somos “apocalipticos o integrados”, como expuso Umberto Eco? La necesidad de ser “crítico” ha derivado, muchas veces, hacia el “hipercriticismo” irredento y disolvente.

Este enfoque erróneo impide toda posibilidad real de razonamiento y consenso, haciendo inviable el necesario diálogo social, llegando a producir efectos globales contrarios: un pensamiento contraproducente, pobre, no crítico y por tanto, difuso y “único”. Frente a esta situación de caos edu-cultural y babélico, donde es imposible entenderse, necesitamos trabajar unidos para resolver los problemas comunes, presentar datos y evidencias, escuchar todas las partes de un conflicto, considerar todos los hechos, concebir alternativas valiosas. Urge un pensamiento crítico que, consciente de sus limitaciones, “se esfuerce por disminuir el poder de nuestras tendencias egocéntricas y sociocéntricas” (Elder y Paul).

Sin duda el personaje literario que mejor podría ayudarnos a representar el pensamiento crítico sería el detective Sherlock Holmes, por su capacidad de observación y por su razonamiento deductivo para resolver casos difíciles.

Las habilidades cognitivas y disposiciones del pensamiento crítico serían: interpretación, análisis, evaluación, inferencia, explicación y autorregulación. Para construir el mapa conceptual de esta teoría cuarenta y seis personas de Estados Unidos, representantes de muchas disciplinas académicas, siguieron el método Delphi durante dos años, coordinados por la Asociación Filosófica Americana y se publicó en 1990 con el título: “Pensamiento Crítico: Una declaración de consenso de expertos con fines de evaluación e instrucción educativa”.

Según este informe, una persona con pensamiento crítico posee: confianza en la razón y en la integridad intelectual, una mente abierta, es inquisitivo, humilde y empático, muestra coraje intelectual, tiene agudeza perceptiva, se cuestiona permanentemente, es capaz de mantener un control emotivo y valorar de forma justa, y posee autonomía para decidir y para hacerse responsable de ello. Esto no significa que sea una persona racionalmente fría. El pensamiento crítico ha estudiado cómo integrar el sistema más intuitivo (heurístico) con el sistema más reflexivo (racional) para dar a las personas herramientas vitales para su toma de decisiones.

¿Qué recursos educativos concretos podríamos usar en la familia o la escuela?
El pensamiento crítico en educación es heredero de la llamada Escuela Activa o Nueva que tiene entre sus promotores a John Dewey, en su obra. “Cómo pensamos: pensamiento reflexivo y proceso educativo”. Una corriente educativa que impulsó los métodos activos para “aprender haciendo o pensando” con el mayor protagonismo posible del estudiante.

En este sentido, para situar las siguientes propuestas que nos hace la Fundación para el Pensamiento Crítico, debemos considerar que la estrategia básica es transferir la responsabilidad sobre el aprendizaje del maestro al alumno. No enseñamos nosotros, aprenden ellos. Nosotros somos modelos, facilitadores y entrenadores del proceso. Veamos algunas de sus recomendaciones para incentivar al alumno a construir su propio conocimiento:

Haga preguntas en casa o en la clase para estimular la curiosidad. Introduzca alguna pregunta guía para orientar el proceso de observación o las cuestiones clave.

Parta de saber los conocimientos previos sobre lo que van a estudiar posteriormente. Invite a recoger datos y pruebas.

Introduzca principios del pensamiento crítico a la vez que enseña su materia. Invite aproponer hipótesis para luego comprobarlas.

Facilite la participación de todos, no solo de los voluntarios.

Fomente la “escucha atenta” y la “escucha activa”.

Hable menos para que los estudiantes piensen más.

Sea un modelo. Utilice el método socrático para hacer preguntas y para reflexionar.

Pida que los estudiantes expliquen sus tareas y sus propósitos.

Descomponga proyectos en partes más pequeñas y documente su progreso.

Fomente los debates respetuosos y argumentados, y elabore mapas conceptuales que ordenen los elementos tratados con claridad y lógica.

En suma, según Paul y Helder, el pensamiento crítico permite “brindar información, definir, formular hipótesis, resolver problemas, evaluar las pruebas aplicadas y obtener conclusiones”.
Necesitamos hijos, alumnos y ciudadanos más capacitados para pensar y más competentes para actuar en esta época compleja en que vivimos. Sin duda, si aplicamos lo que he dado en llamar el método N.A.S.A. de evaluar proyectos sistémicamente, la competencia para “Aprender a pensar” (recogiendo –entre otras – las documentadas propuestas del pensamiento crítico como corriente educadora y social) es Necesaria para una sociedad civil más consciente de sí misma, Adecuada para estos momentos difíciles, Suficiente como metodología esencial y está Abierta a nuevas aportaciones prácticas que faciliten su transferencia de ideas, actitudes, recursos y hábitos a nuestros jóvenes.

Autor
Pedro Molino
Pedagogo y tutor de la Universidad de Padres on-line

sábado, 10 de diciembre de 2011

Los compañeros de banco influyen en el aprendizaje

Todos reconocemos la existencia de un “efecto compañero”, o sea la influencia que ejercen los otros niños sobre nuestros hijos. Esto hace más importante el trabajo que se pueda hacer, a nivel del colectivo de padres. “Para educar a un niño, hace falta toda la tribu” y en este artículo se analiza la influencia que ejercen los compañeros de banco.



Un informe revela que los niños de preescolar mejoran su lenguaje cuando están con compañeros más competentes.

Un reciente estudio de la Universidad de Ohio (EEUU) muestra que los niños de preescolar con limitadas habilidades lingüísticas mejoran más cuando se los ubica junto a estudiantes corrientes o avezados, mientras que agruparlos con alumnos con dificultades similares no les hace mejorar o, peor aun, los retrasa.

La directora del estudio, Laura Justice, profesora de Enseñanza y Aprendizaje en la Universidad Estatal de Ohio, comentó que los resultados tienen importancia en aquellos programas destinados a niños pobres, que pueden tener retrasos en el desarrollo de sus habilidades lingüísticas.

"Según el sistema de preescolar que tenemos en los EEUU, tendemos a agrupar a los niños que tienen dificultades en la misma aula, y eso no es bueno para su desarrollo". dijo Justice. "Debemos prestar más atención a la composición de las aulas de preescolar".

Justice condujo la investigación junto a Yaacov Petscher y Christopher Schatschneider de la Universidad de Florida, y Andrew Mashburn de la Universidad de Virginia. Sus resultados aparecerán en el próximo número de "Child Development".

El estudio involucró a 338 niños de 49 aulas de preescolar. Los resultados demostraron que aquellos niños con dificultades lingüísticas que eran ubicados en aulas con niños cuyas capacidades eran las habituales para la edad, mejoraban en un semestre. En cambio aquellos que eran ubicados junto a niños con las mismas dificultades, tendían a perder más terreno a lo largo del año escolar.

Los niños con habilidades normales o superiores no sufrieron ningún retraso por compartir el tiempo con compañeros con dificultades.

El estudio no explica cómo actúan los pares a la hora de mejorar las habilidades lingüísticas de los niños de preescolar con dificultades, comenta Justice. Puede ser por interacción directa entre los niños, o puede involucrar las expectativas de las maestras, o su eficacia, dependiendo de la composición de las clases.

Pero los resultados sugieren que agrupar a los niños con problemas no es una buena respuesta. "Si realmente queremos sacar a estos niños de la pobreza, y hacerlo en el preescolar, debemos reconsiderar el modo en que educamos", concluyó Justice.
El estudio fue financiado por el Instituto de Ciencias de la Educación y el Departamento de Educación de los EEUU.


Autor
Diego Sanchez
Fuente: Sintesis educativa

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La sobremesa familiar en peligro de extinción

Las necesidades económicas cambian los hábitos sociales, pero ¿Es realmente eso lo que queremos? ¿Cuáles son nuestros objetivos de vida? ¿No estamos pagando muy caro nuestros consumos? El siguiente artículo se ocupa de la “sobremesa familiar” y los efectos de su abandono.

Centrofam- Perú asegura que solo dos de cada diez familias la practican hoy en el país.
A pesar que estrecha lazos familiares y forma hijos social y emocionalmente más estables.
La terapista Silvia Chuquimajo, especialista del Centro de Familia del Perú (Centrofam-Perú) reveló hoy que en nuestro país solo dos de cada diez familias practican actualmente la sobremesa familiar, lo que significa que este rito, de fortalecimiento e integración de un hogar, esté al borde de la extinción.
La ausencia de uno de los padres, la activa vida cotidiana, el ingreso de la mujer al mundo laboral, la televisión, entre otros factores, ha transformado la hora de la comida en un momento de estrés para toda la familia.

La especialista sostuvo que en un mundo en que generalmente los padres trabajan y los hijos desarrollan distintas actividades, es difícil tener el espacio necesario para comunicarse, intercambiar información, vivencias, satisfacciones y frustraciones.

“La familia es el lugar por excelencia, donde se aprende a amar, se expresan los afectos, la tolerancia, la solidaridad; se internalizan las normas, se cultiva el respeto y la empatía. Asimismo, ahí se imparten valores y disciplina de acuerdo a los patrones familiares”, explicó.

Chuquimajo reiteró que “desgraciadamente la comida en familia y la sobremesa están en vías de extinción”. Dijo que la vida acelerada, el exceso de obligaciones, el trabajo intenso, el cansancio, el estrés derivado de los compromisos laborales y sociales y el escaso tiempo destinado a lo familiar a favor de otras actividades y pasatiempos, atentan contra la vida en familia y en especial contra ese tiempo que antaño existía en torno a la mesa y que llamamos sobremesa.

La sobremesa puede permitir que la familia intercambie vivencias, porque constituye un momento en que los hijos pueden expresar inquietudes, temores o deseos a sus padres.
Chiquimajo recordó que antiguamente los niños en edad escolar de nuestro país presentaban un mejor rendimiento.

“Era muy común ver a toda la familia almorzar juntos. Nadie empezaba, incluso, sino lo hacía el padre. El almuerzo, desayuno o lonche familiar, era todo un rito. Padres, hijos, incluso abuelos, tíos o primos, gozaban de un sabroso y ameno momento familiar, que en la mayoría de los casos se extendía hasta dos y tres horas después de estas comidas”, manifestó.

La sicóloga reiteró la necesidad de rescatar el rito de la sobremesa familiar como una estrategia para consolidar la formación emocional y espiritual de nuestros hijos. Reiteró que Centrofam-Perú ha desarrollado talleres en colegios, empresas y otras instituciones que han revelado que “actualmente solo dos de cada diez familias practica la sobremesa en el país”.

El mal del televisor
Chuquimajo también aseguró que cuando los padres sentaron en la cabecera de la mesa al televisor, el diálogo familiar desapareció, y con él la sobremesa.” Lo que era por definición un momento de intercambio, reflexión, diálogo profundo, fue destruido totalmente por la televisión”, enfatizó. Es justamente este grupo que podría hacer una acogedora sobremesa el que ha optado por darle mayor importancia a la televisión. También a la PC, el celular, los juegos en línea, en un momento tan importante como durante y después de las comidas.

Un bien para la digestión
La especialista explicó que la sobremesa familiar genera también una buena digestión en cada uno de sus comensales. Es importante porque una buena digestión influye en el estado moral de los padres y los hijos.
“La charla amable, distendida, con bromas es poco probable que afecte negativamente la digestión. Una buena sobremesa entonces, asegura hijos emocionalmente estables, una buena relación con sus padres, mejor comunicación y menores probabilidades de depresión, angustia o vicios”, finalizó.


Fuente
Con nuestro Perú

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Qué podemos hacer en casa

Los padres están muy interesados en que sus hijos mejoren su desempeño escolar, es una parte de sus estrategias para posicionar socialmente a sus familias. Si bien la Escuela dejó de ser un trampolín, para convertirse en un paracaídas, hay numerosos aspectos que son cuidados, para obtener éxito escolar ¿Qué importancia tiene la alimentación? ¿Y el uso de los medios digitales? La lectura, la actividad física, el autocontrol, son, entre otros, factores tenidos en cuenta en la siguiente nota.




Estas son algunas claves que dan los científicos para que los niños mejoren su desempeño escolar y, por qué no, alcancen niveles de excelencia que les aseguren el éxito en el futuro.

El sueño de cualquier padre es que su hijo sea exitoso. Por eso casi todos dan lo mejor de sí para criarlos de manera que desarrollen al máximo sus capacidades y habilidades. Y a pesar de que algunos expertos consideran que la clave del genio está en los genes, investigaciones recientes han revelado que, además de esa influencia hereditaria, “el ambiente tiene un poder muy grande en el desarrollo de capacidades, habilidades y potencialidades”, le dijo a SEMANA la psicóloga María Elena López.

Según Paul Thompson, neurólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad de California, “llevar una dieta saludable, dormir bien, tener acceso a buena educación y desarrollar distintos tipos de actividades puede potenciar la capacidad de cualquiera”. Estas son ocho recomendaciones que pueden cambiar el curso de la crianza de su hijo. 

1) Dieta digital
Una de las grandes preocupaciones de los padres es saber cuánto tiempo deben pasar sus hijos frente a las pantallas, ya sea del televisor, del computador, de los videojuegos o de los celulares. Según un estudio realizado por la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP, por su sigla en inglés), el 30 por ciento de los niños menores de 2 años que no ven televisión y en cambio invierten ese tiempo en jugar o interactuar con gente real, tienen un mejor desarrollo cerebral que los que ven dos horas de televisión. “Los niños a esa edad se benefician del juego libre que estimula la creatividad y las habilidades para resolver problemas. Por eso se recomienda mantenerlos alejados de las pantallas”, le dijo a SEMANA Ari Brown, psiquiatra de la AAP. Aunque existen varios juegos de video y computador que suelen ser llamados educativos y supuestamente ayudan a mejorar el desempeño académico, un estudio con más de 700 niños en el Reino Unido demostró que tal beneficio no existe. 

2) Música, maestro
Los padres incentivan en sus hijos tocar un instrumento musical sin ninguna expectativa de mejorar su intelecto. Pero así como en otros procesos de aprendizaje, existe una repercusión en el cerebro entre quienes tocan instrumentos de cuerda, como guitarra o piano. Según un estudio de la Universidad de Boston con un grupo de niños que rondaban los 10 años, aquellos que saben tocar este tipo de instrumentos musicales tienen más habilidades verbales y un 15 por ciento de coeficiente intelectual (CI) más alto. “Glenn Schellenberg demostró en su momento que tomar lecciones de música aumenta el CI, pues al ser una actividad de aprendizaje se estimula el cerebro y en esta medida puede mejorar”, le contó a SEMANA Ellen Winner, psicóloga de la Universidad de Boston. 

3) Buenos lectores
Una investigación realizada en 27 países encontró que los niños que crecen en un hogar donde existe el hábito de leer y hay una gran variedad de libros tienen mayores posibilidades de graduarse. Aunque suene lógico, sobre los 70.000 casos evaluados se encontró que quienes contaban en casa con al menos 500 libros tenían el 36 por ciento más de posibilidades de recibir el diploma de bachiller y el 19 por ciento de tener título profesional. Los niños que observan a sus padres leer con avidez adquieren más fácilmente el hábito de la lectura.

4) ¡A mover el esqueleto!
El ejercicio aeróbico también incrementa en un gran porcentaje el desarrollo de habilidades. En este caso, “los mejores resultados se acumulan cuando los ejercicios son hechos entre padres e hijos”, afirma el biólogo John Medina, en su libro Brain Rules for Baby. Aunque la estructura del cerebro está determinada en gran parte por los genes, el volumen de materia gris en la región frontal que se relaciona con la habilidad cognitiva puede incrementarse si se aprende una actividad motora que exija cierta dificultad, como, por ejemplo, los malabares. “En la medida en que los niños practiquen actividades de coordinación motriz, eso ayuda a que se generen conexiones en el cerebro”, le explicó a SEMANA Germán Casas, psiquiatra infantil.

5) Comida balanceada
Lo ideal es que los niños se alimenten en sus primeros seis meses con leche materna. Un estudio publicado en la revista Archives of General Psychiatry evidenció que quienes así lo hicieron obtuvieron más altos resultados en lectura, escritura y matemáticas. Y según un estudio publicado por la revista Obesity, un peso acorde con la estatura, es decir, el nivel de masa corporal, también incide en el desempeño académico. Los expertos llegaron a esta conclusión luego de evaluar a más de 500 niños de 12 años. Los que sufrían de sobrepeso faltaban más a clase y sus notas eran bajas.

6) El autocontrol
Además de buen desempeño académico, un niño también necesita tener inteligencia emocional, pues de nada le sirve su talento si no controla sus impulsos. Un célebre estudio realizado en los años sesenta por el psicólogo estadounidense Walter Mischel analizó a un grupo de niños que acababan de cumplir 4 años. Mischel los puso a escoger entre comerse una galleta de inmediato o ingerir dos al cabo de 15 minutos. El investigador les hizo seguimiento y años después descubrió que quienes resistieron la tentación tuvieron 210 puntos más en pruebas de conocimiento. “El autocontrol es tal vez la habilidad más importante para una persona. Por eso cualquier actividad que sirva para alcanzarlo es fundamental”, le dijo a SEMANA Jeremy Gray, profesora de Psicología de la Universidad de Yale.

7) Hijos de padres jóvenes
Un estudio que evaluó a más de 33.000 niños, publicado por la revista PLoS Medicine, reveló que los niños de padres jóvenes, entre 20 y 30 años, tienen de tres a seis puntos más de coeficiente intelectual. Además, son menos propensos a desarrollar enfermedades mentales. En las últimas décadas, la tendencia a tener hijos después de los 30 ha crecido a la par con el índice de enfermedades como autismo, esquizofrenia y síndrome de Down, por lo cual quizás sea mejor, por el bien de la salud de los pequeños, no esperar tanto para convertirse en padres.

8) El bilingüismo
Los niños que aprenden dos o más lenguas desarrollan mejores habilidades cognitivas y verbales, como reveló un estudio publicado en la revista Modern Language Journal, en el que se mostró que los niños que estudiaron lenguas extranjeras en el lapso de cinco años obtuvieron mejores resultados en pruebas académicas que aquellos que tomaron cursos de cualquier otra materia.


Fuente
Semana.com

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Creencias de padres y madres acerca de la participación en la educación de sus hijos

Entre los factores que explican la diferencia de rendimiento escolar, figura por lo general en primer lugar, los referidos a la familia de los alumnos. Teniendo en cuesta esto para poder tomar mejores decisiones, es imprescindible conocer las creencias de los familiares al respecto ¿Qué consideran ellos sobre lo que deben hacer? Este “post” reproduce párrafos de un trabajo de investigación de un contexto mexicano, pero pueden extraerse valiosas conclusiones ¿Es necesario desarrollar un “curso para padres”?



Se realizó un estudio fenomenológico con una metodología cualitativa cuyo objetivo fue describir las creencias de padres y madres acerca de la participación en la educación de los hijos… Se encontró que los padres y madres consideran importante y participan en la educación de los hijos sólo en las dimensiones referidas a crianza y supervisión del aprendizaje en casa; no consideran las referidas a comunicación y apoyo a la escuela.

Las madres evidencian formas más diversas y comprometidas de participación que los padres y mencionan dificultades y necesidades referidas a sí mismas como obstáculos para una participación efectiva. Se concluye que es necesario capacitar a los padres y madres para que adquieran una visión más amplia de las formas en que pueden participar en la educación de sus hijos…

Según Valdés y Urías (2010), cuando se ha analizado la influencia de la familia en el logro escolar se ha reconocido el efecto de dos grupos de factores: unos son aquellos que se conocen como “de insumo” o estructurales (condición socioeconómica, nivel de escolaridad de los padres y recursos para el estudio, entre otros); y otros son los denominados “procesales” (expectativas de los padres y participación en la educación de los hijos, entre otros)…

La importancia de la participación social, y en especial de la participación de las familias, para el logro de una educación de calidad, ha sido reconocida en múltiples foros educativos. Esto ha provocado la creación de regulaciones, normativas, orientaciones y programas de acción que indican que el nivel de participación y satisfacción de los padres es una medida de calidad del sistema educativo; esta participación se percibe como una importante variable para el avance de la calidad en educación.

Por otra parte, el INEE sostiene que el trabajo conjunto de padres de familia y profesores para lograr mejores aprendizajes en los estudiantes es un tema que debe recibir especial atención debido a que se considera que escuela y familia comparten responsabilidades en el proceso de educar al niño en su desarrollo físico, psicológico y afectivo.

El estudio de las creencias de los padres y las madres acerca de su participación en la educación de sus hijos resulta importante para comprender este fenómeno, ya que la manera en que las personas interpretan el mundo influye en cómo lo comprenden, sienten y actúan en él. Según Pozo, para cambiar las prácticas escolares es necesario también cambiar las concepciones o creencias que los diversos actores del proceso educativo tienen del mismo; entre ellos, desde luego, los padres y madres de familia.

Conclusiones
El análisis que los padres y madres hacen de los factores que influyen en el aprendizaje de sus hijos, atribuibles a ellos mismos y a la escuela, resultó ser muy limitado, en tanto que sólo consideraron en su explicación aspectos actitudinales y motivacionales, lo cual reduce sus posibilidades de actuar como agentes efectivos de cambio en la interacción con sus hijos.

En lo relativo a las variables familiares de insumo, los padres y madres sólo tuvieron en cuenta el aspecto económico, dejando prácticamente de lado aspectos relativos al capital cultural (especialmente en el caso de los padres). El hecho de no tener conciencia de la importancia de este factor en el logro escolar quizás se relacione con que no lo tienen en cuenta en las acciones que realizan como apoyo al aprendizaje de sus hijos; y no lo conciben como dificultad en sus necesidades de capacitación para lograr una participación más efectiva en la educación de sus hijos.

Los factores familiares procesales que los padres consideran que influyen en el aprendizaje de sus hijos se circunscriben a aspectos relativos a la crianza y supervisión del aprendizaje en casa; esto constituye una visión limitada de su influencia en la educación de sus hijos, ya que no consideran aspectos relativos a la comunicación con los docentes ni con las acciones que puedan realizar para mejorar el funcionamiento de la escuela.

Al comparar las percepciones de padres y madres acerca de los factores familiares que influyen en el aprendizaje de sus hijos se pudo apreciar que las madres poseen una visión un tanto más amplia que los padres, ya que consideran también, aunque sea de manera muy general, aspectos relativos al capital cultural, como son, sin lugar a dudas, los conocimientos y habilidades que ellos poseen para apoyar a sus hijos con las tareas.

En lo relativo a las acciones concretas para participar en la educación de sus hijos, la visión de los padres se limita a aspectos relativos a la crianza y supervisión del aprendizaje en casa. Por otra parte, las madres, congruentes con su visión más amplia de los factores que influyen en el aprendizaje de sus hijos, además de realizar acciones referidas a los aspectos relacionados con la crianza y supervisión, adoptan acciones en el rubro de comunicación con la escuela y los maestros.

Es de hacer notar que tanto los padres como las madres no consideran dentro de su participación aspectos relativos a actividades que tengan como propósito el mejoramiento de la escuela o que afecten su funcionamiento, las cuales son, sin duda, importantes, ya que son precisamente las que convierten a los padres en agentes activos de los cambios educativos.

Cuando se analizan las dificultades expuestas por padres y madres para participar de manera más efectiva en la educación de sus hijos, se aprecia que las madres adoptan una postura más activa en ambos aspectos al atribuir factores externos y modificables respecto de ellas mismas. En el caso de los padres, ellos colocan sus dificultades en aspectos externos a ellos mismos (tiempo y características de los hijos), lo cual apunta a un locus de control externo, y por ende refiere una menor motivación para realizar acciones al respecto; las madres, por su parte, ubican sus dificultades en aspectos internos y controlables, manifestación de un locus de control interno que indica una mayor motivación para enfrentarlas.

Por otra parte, el análisis de las necesidades de capacitación referidas por padres y madres con vistas a mejorar su participación en la educación de sus hijos permite inferir que ellas tienen una mayor conciencia de sus debilidades, ya que fueron las únicas que plantearon necesidades concretas de capacitación referidas a conocimientos y habilidades.

Los resultados sugieren la necesidad de trabajar con los padres y madres para que aumente su comprensión acerca de los factores que influyen en el aprendizaje de sus hijos y de la importancia de su participación en su educación. Por otra parte, es conveniente mostrarles las diferentes formas en que pueden participar en la educación de sus hijos, así como la importancia de desarrollar acciones en todas las dimensiones.

Resulta también esencial desarrollar acciones especialmente dirigidas a los padres, los cuales poseen creencias más estrechas acerca de los factores que afectan el aprendizaje de sus hijos y de las formas en que pueden participar, así como una menor tendencia a desarrollar acciones para mejorar su participación. Esto puede estar relacionado con lo encontrado por diversos autores, quienes han encontrado menor participación de los padres en la educación de estudiantes tanto de primaria como de secundaria.

Por último cabe señalar que es importante fomentar una participación efectiva de padres y madres en la educación de sus hijos, especialmente en comunidades desfavorecidas, ya que ésta propicia una mayor equidad en la educación al atenuar incluso la influencia negativa de un contexto socioeconómico y social desfavorable


Extraído de
Perfiles Educativos | vol. XXXIII, núm. 134, 2011 | IISUE-UNAM
Ángel Alberto Valdés Cuervo
Maestro en Investigación Educativa. Profesor investigador del Departamento de Educación del Instituto Tecnológico de Sonora. Líder del Cuerpo Académico de Procesos Educativos. Temas de investigación: familia y crianza, psicología educativa.
Maricela Urías Murrieta
Doctora en Educación, Instituto Tecnológico de Sonora. Profesora investigadora de esa misma institución. Temas de investigación: familia y crianza, y evaluación. 

martes, 8 de noviembre de 2011

Participación de los padres y logro educativo

El involucramiento de los padres en las escuelas es un factor esencial a la hora de ingresar en el camino de la calidad educativa ¿Qué aspectos puede asumir esa participación? En esta publicación, se resume el punto de vista de la teoría sobre este tema.



La participación de los padres y madres de familia en la educación de sus hijos se asocia a una actitud y conducta positiva hacia la escuela, mayores logros en lectura, tareas de mejor calidad y mejor rendimiento académico en general. Una mayor participación de los padres reporta también beneficios a las familias, ya que aumenta su autoconfianza, el acceso a información acerca del funcionamiento de la escuela y permite una visión más positiva de los profesores y la escuela en general.

Por otro lado, Belleï et al. señalan que la promoción de la participación de los padres y madres de familia en la educación de sus hijos es una estrategia para promover cambios en el sistema educativo, ya que actúa como un mecanismo que:
a) presiona a las escuelas para entregar una educación de calidad;
b) demanda información sobre el rendimiento de sus alumnos;
c) enfrenta discriminaciones y abusos;
d) implementa mecanismos de responsabilidad y defensa de sus derechos en relación a los servicios que se le otorgan; y
e) plantea demandas respecto de esos derechos.
Reafirmando las ideas anteriores, Epstein y Sheldon señalan que las escuelas exitosas son aquellas donde existe una interacción efectiva familia-escuela-comunidad. Enfatizan también el papel central que juega la escuela en la promoción de estas interacciones, las cuales deben darse en uno y otro sentido. Una educación de calidad, comentan, sólo es posible si se establece una interacción efectiva entre los diferentes actores del proceso educativo (escuela-familia-comunidad).

Modelos para el estudio de la participación de los padres
Existen diversos modelos teóricos para explicar las formas en que se puede expresar la participación de los padres en la educación de sus hijos. Todos estos modelos se caracterizan por enfocar dicha participación como un fenómeno que puede darse en diferentes niveles y dimensiones. A continuación se presentan algunos de los más importantes y se señala la forma como cada uno de los modelos conceptualiza la participación.

Taxonomía de participación de padres de Martiniello.
Esta autora propone analizar la participación de los padres de familia desde las siguientes cuatro dimensiones:
1. Crianza: desempeño de las funciones propias de padres y madres, creando las condiciones económicas y psicológicas que permiten al niño asistir a la escuela.
2. Maestros: acciones que desarrollan los padres y madres para continuar y reforzar el proceso de aprendizaje del aula en la casa.
3. Agentes de apoyo: se refiere a las contribuciones que los padres y madres hacen a las escuelas para mejorar la provisión de los servicios (dinero, tiempo, trabajo y materiales).
4. Agentes con poder de decisión: los padres y madres desempeñan roles de toma de decisión que afectan las políticas de la escuela y sus operaciones (participación de padres en consejos escolares consultivos y directivos, o en programas de selección de escuelas/ vales escolares).

Niveles de participación de Flamey .
Se distinguen en este modelo cinco niveles posibles de participación de los padres:
1. Informativo: los padres y madres procuran informarse acerca de la escuela y el desarrollo del niño en la misma.
2. Colaborativo: los padres y madres cooperan en actividades de apoyo que requiera la escuela.
3. Consultivo: los padres y madres actúan como agentes consultivos de la escuela sobre diversos temas a través de las asociaciones.
4. Toma de decisiones en relación a objetivos, acciones y recursos: participación de los padres y madres en las decisiones académicas y administrativas de la escuela, ya sea a través del voto o de puestos en organismos administrativos.
5. Control de eficacia: los padres y madres adoptan un rol de supervisión del cumplimiento del proyecto educativo y de la gestión de la escuela.

Modelo de Epstein.
Según estos autores, la participación en la educación de los hijos abarca seis dimensiones:
1. Crianza: establecimiento por parte de los padres y madres de ayudas para el desarrollo de los niños y adolescentes; y un ambiente en el hogar que dé soporte a sus hijos como estudiantes.
2. Comunicación: diseño y conducción por los padres y madres de formas efectivas de comunicación con la escuela y los profesores, acerca de los programas de la escuela y el progreso de sus hijos.
3. Voluntariado: los padres y madres organizan la ayuda y soporte a la escuela y a las actividades de los estudiantes.
4. Aprendizaje en la casa: apoyo a los estudiantes con las actividades relacionadas con el currículo escolar.
5. Toma de decisiones: participación de padres y madres como representantes y líderes en los comités escolares.
6. Colaboración con la comunidad: identificación y utilización por parte de padres y madres de recursos y servicios de la comunidad para apoyar a las escuelas y sus familias; organización de actividades en beneficio de la comunidad que incrementen las oportunidades de aprendizaje de los estudiantes.

En este estudio se utilizó como marco de referencia el modelo de Epstein, ya que describe de manera más detallada los diferentes aspectos que incluye la participación familiar como apoyo a la educación escolarizada de los hijos. Sin embargo, se agregaron las expectativas de los padres y madres con respecto al desempeño académico de sus hijos.


Extraído de
Perfiles Educativos | vol. XXXIII, núm. 134, 2011 | IISUE-UNAM
Ángel Alberto Valdés Cuervo
Maestro en Investigación Educativa. Profesor investigador del Departamento de Educación del Instituto Tecnológico de Sonora. Líder del Cuerpo Académico de Procesos Educativos. Temas de investigación: familia y crianza, psicología educativa.
Maricela Urías Murrieta
Doctora en Educación, Instituto Tecnológico de Sonora. Profesora investigadora de esa misma institución. Temas de investigación: familia y crianza, y evaluación.

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