sábado 21 de enero de 2012

Pasar tiempo al aire libre disminuye las posibilidades de desarrollar miopía en los niños

La preocupación expuesta en este blog, es la de discutir cuáles son los hábitos a desarrollar en la familia, para favorecer el éxito escolar. Estas actividades incluyen todas las enmarcadas en una vida sana, activa, que además al evitar el sedentarismo, previene muchos contratiempos, tal como lo señala la nota que sigue, que en muchos casos podría evitar la miopía.




Es alarmante la forma en la que en los últimos años ha aumentado la cantidad de niños que necesitan usar lentes de aumento cada vez desde edades más tempranas, siendo que la mayoría de ellos padecen de miopía, una enfermedad óptica que se sigue desarrollando hasta la adultez.

Ahora se ha comprobado que una forma de evitar que la miopía afecte la vista de los pequeños, es aumentar sus salidas al aire libre ya que al parecer algún factor, que bien puede ser la exposición a la luz ultravioleta, la posibilidad de diversos planos de enfoque debido a la distancia de los elementos en el entorno, y a la posibilidad de actividad física, los niños que juegan más en el exterior son los que menos chances de tener miopía tienen.

Todo esto se ha podido comprobar gracias a un estudio llevado adelante por la Universidad de Cambridge (Gran Bretaña) que fue presentado en la reunión de la Academia Americana de Oftalmología que se realiza en Florida (EE.UU.). Durante el estudio se analizaron a unos 10.400 niños, donde se pudo determinar que por cada hora extra que los niños pasan en el exterior a la semana, reducen los riesgos de tener miopía en un 2%.

Justin Sherwin, uno de los especialistas que dirigió el estudio, explica:
“Hay estudios que han demostrado que mucha exposición al computador y lectura con poca luz pueden desarrollar problemas de visión en los niños. Recién ahora estamos descubriendo cómo afecta en su visión la actividad al aire libre”.

En definidas cuentas por lo tanto, se plantea como una medida simple y práctica la de aumentar el tiempo que los niños pasan al aire libre como beneficio para los ojos del niño. Sherwin, agrega:
“Sabemos que al estar expuesto a esta luz se genera dopamina en la parte de atrás del ojo, lo que hace que se desarrolle”.
Una de las principales características entre los miopes es lo que se denomina como “ojo largo”, lo que ahora se piensa, podría estar asociado con la falta de luz UV, la falta de vitamina D y la falta de actividad visual.


Autora
Mariana Romero 
Fuente pequelia.es

viernes 13 de enero de 2012

Reglas de oro para la comunicación familiar

El “Currículum del hogar” es un buen predictor del éxito escolar. Son diversos los factores de las relaciones hogareñas, que se hacen notar en la escuela. La comunicación familiar es uno de ellos, y el siguiente vídeo muestra algunas reglas que nos pueden ayudar a reflexionar.



Reglas de oro para comunicarte con tus hijos
Escuela de Padres
ANPA del CEIP de Vigo
1.- Démosle la oportunidad de ser responsables.
2.- Comuniquemos a nuestros hijos cómo nos sentimos.
3.- Mayor participación en la familia.
4.- Sinceridad en el planteamiento de los problemas.
5.- Armonía en la comunicación de la pareja.
6.- Esperemos de ellos sólo lo mejor.
7.- Escojamos un momento y un ambiente adecuado para comunicarnos.
8.- Cuidemos el lenguaje corporal.
9.- No hagamos referencias al pasado.
10.- Capacitémosle para elegir y elaborar planes.


martes 3 de enero de 2012

Una mala relación madre-hijo predice el mal comportamiento en la escuela

Un comportamiento conflictivo en la escuela puede tener muchos significados, es importante conocer algo más sobre ellos. El presente artículo hace un aporte al respecto.




Una mala relación entre madre e hijo en la temprana infancia induce un comportamiento cíclico por el cual el niño se vuelve cada vez más agresivo, empeorando el conflicto. Según un reciente estudio, los niños de preescolar que son agresivos y desafiantes a menudo son víctimas de este problema.

Los investigadores estudiaron a más de 260 madres y sus hijos, desde el nacimiento hasta primer grado. Evaluaron el temperamento de los niños y el modo en que sus madres los trataban entre la primera semana de vida y el sexto mes, basándose en observaciones y reportes de los padres. Cuando los niños tuvieron 2 años y medio y tres años los investigadores observaron a las madres y mientras los niños  ejecutaban tareas desafiantes que demandaban asistencia materna. Finalmente, cuando los niños llegaron al jardín de infantes y primer grado, pidieron a las madres y a las maestras que evaluaran los problemas de comportamiento de los niños.

"Antes del estudio pensábamos que debía ser una combinación de mal carácter infantil y mala relación parental lo que ponía al par niño-padre en riesgo de conflicto en el período infantil, y que luego ponía al niño en riesgo de mal comportamiento en la escuela", comentó Michael F. Lorber, científico investigador en la Universidad de Nueva York (EEUU) y autor principal del trabajo. "Sin embargo, nuestros hallazgos sugieren que lo que más importa es la "paternidad negativa" en la temprana infancia. La "paternidad negativa" ocurre cuando los padres expresan emociones negativas hacia sus hijos, los tratan bruscamente, etcétera.

Los investigadores encontraron que el conflicto entre madres e infantes sirve para predecir los problemas de conducta posteriores, y no sólo el nivel del conflicto, sino un conflicto que empeora con el tiempo, en un patrón cíclico, ya que cuando las madres tratan mal a sus niños, ellos muestran altos niveles de ira, lo que a su vez provoca más hostilidad en las madres.

"Los resultados de nuestro trabajo van más allá de lo descriptivo, y explican los procesos subyacentes que asocian el modo en que las madres tratan a sus hijos en la temprana infancia, y los problemas que los niños tienen en los primeros grados de la escuela primaria", agrega Lorber.

El estudio fue financiado por el Instituto Nacional de Salud de los EEUU, y se llevó a cabo en la Universidad de Minnesota. Aparece publicado en el periódico "Child Development".


Fuente: Eurekalert                                                                                                              
Extraído de Contexto Educativo

martes 27 de diciembre de 2011

La falta de sueño afecta negativamente el rendimiento académico de los niños

La falta de sueño lleva a un desorden en la vida del niño, además tiene influencias negativas a la hora de obtener rendimiento académico. El siguiente artículo relata los resultados de investigaciones al respecto.




Los niños de primaria necesitan al menos nueve horas de sueño por noche, muestra una investigación
Un sueño inadecuado y la ausencia de una rutina adecuada para irse a la cama cobran un precio al rendimiento de los niños de escuela primaria, muestra una investigación.

Cuando los niños de seis años se van a la cama tarde y duermen menos de nueve horas por noche, sus habilidades académicas sufren junto con su memoria y motivación, hallaron investigadores de Barcelona.

"La mayoría de niños duermen menos de lo recomendado para su desarrollo intelectual, que se ve afectado por la falta de sueño, que no puede recuperarse. Este es el primer estudio español en probar que perder horas de sueño y los malos hábitos afectan al rendimiento académico de los niños", aseguró en un comunicado de prensa de la Universidad Autónoma de Barcelona Ramón Cladellas, investigador de la facultad de psicología de la universidad.

Para llevar a cabo el estudio, que aparece en una edición reciente de la revista española Cultura y Educación, los investigadores evaluaron los hábitos de sueño y las habilidades académicas de 142 niños de seis a siete años de edad, que asistían a distintas escuelas.

Cladellas y colegas hallaron que los niños dormían casi ocho horas cada noche, pero 69 por ciento de los niños no llegaban a casa hasta después de las 9 p.m. por lo menos tres noches por semana. Los niños también se iban a la cama tras las 11 p.m. al menos cuatro noches por semana.

El estudio reveló que como resultado los jóvenes estudiantes que dormían apenas ocho o nueve horas por noche rendían menos en la escuela que los que dormían entre nueve y once horas.

"Tomando en cuenta los resultados obtenidos, creemos que más de nueve horas de sueño por noche y una rutina nocturna favorecen el rendimiento académico", aseguró Cladellas en el comunicado.

La falta de sueño y los malos hábitos a la hora de acostarse tuvieron un efecto negativo significativo sobre ciertas habilidades relacionadas con el rendimiento académico. A menor grado, la falta de sueño también afectó adversamente habilidades relacionadas con la cognición, como la memoria, el aprendizaje y la motivación.

"Con este fin, la falta de horas de sueño distorsiona el rendimiento de los niños en el conocimiento lingüístico, las reglas de gramática y ortografía, y aspectos claves de la organización y comprensión de textos, para poner algunos ejemplos. Se trata de habilidades básicas, lo que quiere decir que si un estudiante desarrolla problemas en esta área a causa de la falta de sueño, podría tener una repercusión sobre todas las asignaturas", explicó Cladellas.

"Actualmente, hay mucha preocupación porque los niños están pegados a la televisión, las computadoras y los videojuegos, pero no se da la misma importancia a que se acuesten a la misma hora todas las noches", añadió.

Los autores del estudio concluyeron que los niños de primaria deben tener buenas rutinas para irse a la cama y hábitos saludables de sueño que incluyan dormir al menos nueve horas por noche para ayudar a asegurar que tengan el mejor rendimiento en la escuela.

Por
Mary Elizabeth Dallas

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTE: University of Barcelona,
HealthDay

domingo 18 de diciembre de 2011

Pensamiento crítico ¿Por qué es necesario educarlo?

Sin dudas todos queremos que nuestros hijos y alumnos sean reflexivos ¿Esto se da de manera espontánea? ¿Debemos promover ese tipo de pensamiento? ¿Cómo? El siguiente artículo desarrolla el tema.




El pensamiento crítico es el proceso de analizar y evaluar el pensamiento con el propósito de mejorarlo. El pensamiento crítico presupone el conocimiento de las estructuras más básicas del pensamiento (los elementos del pensamiento) y los estándares intelectuales más básicos del pensamiento (estándares intelectuales universales). La clave para desencadenar el lado creativo del pensamiento crítico (la verdadera mejora del pensamiento) está en reestructurar el pensamiento como resultado de analizarlo y evaluarlo de manera efectiva.

 

Todas las personas pensamos, pero no siempre somos conscientes de nuestro pensamiento y, menos aún, de nuestro propio proceso de pensar. Emitimos juicios o tomamos decisiones sin sopesar si nos faltan datos, si nos dejamos llevar por prejuicios y creencias previas, o si nos basamos en fundamentos erróneos ajenos a la evidencia de los hechos, a la reflexión de las opciones posibles y al argumentario del propio razonamiento. “Necesitamos reflexionar sobre nuestro pensamiento y al mismo tiempo pensar en cómo mejorarlo” , nos dicen Linda Elder y Richard Paul, de la Fundación para el Pensamiento Crítico creada en EE.UU.

¿Por qué es tan importante desarrollar esta competencia, especialmente desde la Educación familiar y escolar?

La respuesta más remota nos viene de Sócrates y sus preguntas socráticas cuando afirmaba que una vida sin reflexión sobre ella misma, sin examinarse, no vale la pena vivirla.

También me recuerda la sabia actitud de Harún al-Raschid, califa de Bagdad, -con un esplendoroso reinado cultural, científico y económico-  cuando, según se nos cuenta en “Las Mil y Una Noches”, disfrazados de comerciantes él y su emir se mezclaban por la medina y los arrabales de la ciudad para saber qué opinaban sus súbditos de su gestión o de su reino, con el afán de ser más justo en su gobierno.

Él “abandonaba” su trono momentáneamente para ser más merecedor del mismo. De otra forma, pero con ese “distanciamiento” táctico, el pensamiento crítico nos sugiere que cambiemos de perspectiva, nos hagamos preguntas, reflexionemos sobre nuestro propio pensamiento y lo mejoremos. Nuestro cerebro es, sin duda, el trono desde donde gobernamos nuestro destino porque la mente no sólo piensa, sino que también siente y quiere.

No es una cuestión menor. La vida de las personas se ve condicionada, para bien o para mal, por las decisiones acertadas o erróneas que toman en cada momento. De modo similar, el futuro de las sociedades democráticas depende de los “estados de opinión” y de las “decisiones” públicas, asociativas, reivindicativas o electorales por parte de la ciudadanía. ¿Pero qué ocurre cuando actuamos sin pensar, sin valorar, sin reflexionar o sin prever las consecuencias? ¿Qué puede pasar cuando una mayoría ciudadana desinformada, crédula o irreflexiva elije opciones que determinen el desarrollo de nuestra propia vida o de la de nuestros hijos? ¿Qué puede aportar la educación y el pensamiento crítico para evitar las decisiones erróneas y orientarlo para tener mejores hábitos mentales y disposiciones hacia el compromiso cívico, la responsabilidad social y el bien común?

“Enseñe a las personas a tomar decisiones acertadas y las equipara para mejorar su propio futuro y para convertirse en miembros que contribuyen a la sociedad, en lugar de ser una carga para ellos”, nos dice Peter A. Facione, Rector de la Universidad Loyola de Chicago.

Desde Movilización Educativa hemos propuesto una 9ª Competencia Educativa que denominamos “Aprender a pensar”. Una competencia complementaria y transversal a las ocho promovidas por la Unión Europea y el Ministerio de Educación Español: competencias lingüística, científico-matemática, de interacción con el medio, digital, social y ciudadana, cultural y artística, aprender a aprender, y capacidad para emprender. ¿Es necesario esta nueva competencia o está cubierta por las otras?

Desde la Universidad de Padres y su modelo de educación para el talento y los recursos educativos promovemos la filosofía para niños, la inteligencia intelectual,  emocional, social y ética. Entrenar a nuestros hijos en estas capacidades, sin duda, incrementará la inteligencia compartida y la responsabilidad social para mejorar nuestra realidad.

¿Cómo lograr que nuestros hijos o alumnos aprendan a pensar formal y éticamente mejor con las técnicas del pensamiento crítico? Antes de sugerir algunas respuestas a esta pregunta clave, quiero hacer observar que estamos en una sociedad que muchas veces pervierte el verdadero significado de las palabras, devaluado por la publicidad y la demagogia de algunos políticos o medios de comunicación. ¿Qué pensamos de una persona cuando se dice de ella que es “muy crítica”? ¿La ensalzamos o devaluamos por ello? ¿Lo es realmente? ¿Somos “apocalipticos o integrados”, como expuso Umberto Eco? La necesidad de ser “crítico” ha derivado, muchas veces, hacia el “hipercriticismo” irredento y disolvente.

Este enfoque erróneo impide toda posibilidad real de razonamiento y consenso, haciendo inviable el necesario diálogo social, llegando a producir efectos globales contrarios: un pensamiento contraproducente, pobre, no crítico y por tanto, difuso y “único”. Frente a esta situación de caos edu-cultural y babélico, donde es imposible entenderse, necesitamos trabajar unidos para resolver los problemas comunes, presentar datos y evidencias, escuchar todas las partes de un conflicto, considerar todos los hechos, concebir alternativas valiosas. Urge un pensamiento crítico que, consciente de sus limitaciones, “se esfuerce por disminuir el poder de nuestras tendencias egocéntricas y sociocéntricas” (Elder y Paul).

Sin duda el personaje literario que mejor podría ayudarnos a representar el pensamiento crítico sería el detective Sherlock Holmes, por su capacidad de observación y por su razonamiento deductivo para resolver casos difíciles.

Las habilidades cognitivas y disposiciones del pensamiento crítico serían: interpretación, análisis, evaluación, inferencia, explicación y autorregulación. Para construir el mapa conceptual de esta teoría cuarenta y seis personas de Estados Unidos, representantes de muchas disciplinas académicas, siguieron el método Delphi durante dos años, coordinados por la Asociación Filosófica Americana y se publicó en 1990 con el título: “Pensamiento Crítico: Una declaración de consenso de expertos con fines de evaluación e instrucción educativa”.

Según este informe, una persona con pensamiento crítico posee: confianza en la razón y en la integridad intelectual, una mente abierta, es inquisitivo, humilde y empático, muestra coraje intelectual, tiene agudeza perceptiva, se cuestiona permanentemente, es capaz de mantener un control emotivo y valorar de forma justa, y posee autonomía para decidir y para hacerse responsable de ello. Esto no significa que sea una persona racionalmente fría. El pensamiento crítico ha estudiado cómo integrar el sistema más intuitivo (heurístico) con el sistema más reflexivo (racional) para dar a las personas herramientas vitales para su toma de decisiones.

¿Qué recursos educativos concretos podríamos usar en la familia o la escuela?
El pensamiento crítico en educación es heredero de la llamada Escuela Activa o Nueva que tiene entre sus promotores a John Dewey, en su obra. “Cómo pensamos: pensamiento reflexivo y proceso educativo”. Una corriente educativa que impulsó los métodos activos para “aprender haciendo o pensando” con el mayor protagonismo posible del estudiante.

En este sentido, para situar las siguientes propuestas que nos hace la Fundación para el Pensamiento Crítico, debemos considerar que la estrategia básica es transferir la responsabilidad sobre el aprendizaje del maestro al alumno. No enseñamos nosotros, aprenden ellos. Nosotros somos modelos, facilitadores y entrenadores del proceso. Veamos algunas de sus recomendaciones para incentivar al alumno a construir su propio conocimiento:

Haga preguntas en casa o en la clase para estimular la curiosidad. Introduzca alguna pregunta guía para orientar el proceso de observación o las cuestiones clave.

Parta de saber los conocimientos previos sobre lo que van a estudiar posteriormente. Invite a recoger datos y pruebas.

Introduzca principios del pensamiento crítico a la vez que enseña su materia. Invite aproponer hipótesis para luego comprobarlas.

Facilite la participación de todos, no solo de los voluntarios.

Fomente la “escucha atenta” y la “escucha activa”.

Hable menos para que los estudiantes piensen más.

Sea un modelo. Utilice el método socrático para hacer preguntas y para reflexionar.

Pida que los estudiantes expliquen sus tareas y sus propósitos.

Descomponga proyectos en partes más pequeñas y documente su progreso.

Fomente los debates respetuosos y argumentados, y elabore mapas conceptuales que ordenen los elementos tratados con claridad y lógica.

En suma, según Paul y Helder, el pensamiento crítico permite “brindar información, definir, formular hipótesis, resolver problemas, evaluar las pruebas aplicadas y obtener conclusiones”.
Necesitamos hijos, alumnos y ciudadanos más capacitados para pensar y más competentes para actuar en esta época compleja en que vivimos. Sin duda, si aplicamos lo que he dado en llamar el método N.A.S.A. de evaluar proyectos sistémicamente, la competencia para “Aprender a pensar” (recogiendo –entre otras – las documentadas propuestas del pensamiento crítico como corriente educadora y social) es Necesaria para una sociedad civil más consciente de sí misma, Adecuada para estos momentos difíciles, Suficiente como metodología esencial y está Abierta a nuevas aportaciones prácticas que faciliten su transferencia de ideas, actitudes, recursos y hábitos a nuestros jóvenes.

Autor
Pedro Molino
Pedagogo y tutor de la Universidad de Padres on-line

sábado 10 de diciembre de 2011

Los compañeros de banco influyen en el aprendizaje

Todos reconocemos la existencia de un “efecto compañero”, o sea la influencia que ejercen los otros niños sobre nuestros hijos. Esto hace más importante el trabajo que se pueda hacer, a nivel del colectivo de padres. “Para educar a un niño, hace falta toda la tribu” y en este artículo se analiza la influencia que ejercen los compañeros de banco.



Un informe revela que los niños de preescolar mejoran su lenguaje cuando están con compañeros más competentes.

Un reciente estudio de la Universidad de Ohio (EEUU) muestra que los niños de preescolar con limitadas habilidades lingüísticas mejoran más cuando se los ubica junto a estudiantes corrientes o avezados, mientras que agruparlos con alumnos con dificultades similares no les hace mejorar o, peor aun, los retrasa.

La directora del estudio, Laura Justice, profesora de Enseñanza y Aprendizaje en la Universidad Estatal de Ohio, comentó que los resultados tienen importancia en aquellos programas destinados a niños pobres, que pueden tener retrasos en el desarrollo de sus habilidades lingüísticas.

"Según el sistema de preescolar que tenemos en los EEUU, tendemos a agrupar a los niños que tienen dificultades en la misma aula, y eso no es bueno para su desarrollo". dijo Justice. "Debemos prestar más atención a la composición de las aulas de preescolar".

Justice condujo la investigación junto a Yaacov Petscher y Christopher Schatschneider de la Universidad de Florida, y Andrew Mashburn de la Universidad de Virginia. Sus resultados aparecerán en el próximo número de "Child Development".

El estudio involucró a 338 niños de 49 aulas de preescolar. Los resultados demostraron que aquellos niños con dificultades lingüísticas que eran ubicados en aulas con niños cuyas capacidades eran las habituales para la edad, mejoraban en un semestre. En cambio aquellos que eran ubicados junto a niños con las mismas dificultades, tendían a perder más terreno a lo largo del año escolar.

Los niños con habilidades normales o superiores no sufrieron ningún retraso por compartir el tiempo con compañeros con dificultades.

El estudio no explica cómo actúan los pares a la hora de mejorar las habilidades lingüísticas de los niños de preescolar con dificultades, comenta Justice. Puede ser por interacción directa entre los niños, o puede involucrar las expectativas de las maestras, o su eficacia, dependiendo de la composición de las clases.

Pero los resultados sugieren que agrupar a los niños con problemas no es una buena respuesta. "Si realmente queremos sacar a estos niños de la pobreza, y hacerlo en el preescolar, debemos reconsiderar el modo en que educamos", concluyó Justice.
El estudio fue financiado por el Instituto de Ciencias de la Educación y el Departamento de Educación de los EEUU.


Autor
Diego Sanchez
Fuente: Sintesis educativa

miércoles 30 de noviembre de 2011

La sobremesa familiar en peligro de extinción

Las necesidades económicas cambian los hábitos sociales, pero ¿Es realmente eso lo que queremos? ¿Cuáles son nuestros objetivos de vida? ¿No estamos pagando muy caro nuestros consumos? El siguiente artículo se ocupa de la “sobremesa familiar” y los efectos de su abandono.

Centrofam- Perú asegura que solo dos de cada diez familias la practican hoy en el país.
A pesar que estrecha lazos familiares y forma hijos social y emocionalmente más estables.
La terapista Silvia Chuquimajo, especialista del Centro de Familia del Perú (Centrofam-Perú) reveló hoy que en nuestro país solo dos de cada diez familias practican actualmente la sobremesa familiar, lo que significa que este rito, de fortalecimiento e integración de un hogar, esté al borde de la extinción.
La ausencia de uno de los padres, la activa vida cotidiana, el ingreso de la mujer al mundo laboral, la televisión, entre otros factores, ha transformado la hora de la comida en un momento de estrés para toda la familia.

La especialista sostuvo que en un mundo en que generalmente los padres trabajan y los hijos desarrollan distintas actividades, es difícil tener el espacio necesario para comunicarse, intercambiar información, vivencias, satisfacciones y frustraciones.

“La familia es el lugar por excelencia, donde se aprende a amar, se expresan los afectos, la tolerancia, la solidaridad; se internalizan las normas, se cultiva el respeto y la empatía. Asimismo, ahí se imparten valores y disciplina de acuerdo a los patrones familiares”, explicó.

Chuquimajo reiteró que “desgraciadamente la comida en familia y la sobremesa están en vías de extinción”. Dijo que la vida acelerada, el exceso de obligaciones, el trabajo intenso, el cansancio, el estrés derivado de los compromisos laborales y sociales y el escaso tiempo destinado a lo familiar a favor de otras actividades y pasatiempos, atentan contra la vida en familia y en especial contra ese tiempo que antaño existía en torno a la mesa y que llamamos sobremesa.

La sobremesa puede permitir que la familia intercambie vivencias, porque constituye un momento en que los hijos pueden expresar inquietudes, temores o deseos a sus padres.
Chiquimajo recordó que antiguamente los niños en edad escolar de nuestro país presentaban un mejor rendimiento.

“Era muy común ver a toda la familia almorzar juntos. Nadie empezaba, incluso, sino lo hacía el padre. El almuerzo, desayuno o lonche familiar, era todo un rito. Padres, hijos, incluso abuelos, tíos o primos, gozaban de un sabroso y ameno momento familiar, que en la mayoría de los casos se extendía hasta dos y tres horas después de estas comidas”, manifestó.

La sicóloga reiteró la necesidad de rescatar el rito de la sobremesa familiar como una estrategia para consolidar la formación emocional y espiritual de nuestros hijos. Reiteró que Centrofam-Perú ha desarrollado talleres en colegios, empresas y otras instituciones que han revelado que “actualmente solo dos de cada diez familias practica la sobremesa en el país”.

El mal del televisor
Chuquimajo también aseguró que cuando los padres sentaron en la cabecera de la mesa al televisor, el diálogo familiar desapareció, y con él la sobremesa.” Lo que era por definición un momento de intercambio, reflexión, diálogo profundo, fue destruido totalmente por la televisión”, enfatizó. Es justamente este grupo que podría hacer una acogedora sobremesa el que ha optado por darle mayor importancia a la televisión. También a la PC, el celular, los juegos en línea, en un momento tan importante como durante y después de las comidas.

Un bien para la digestión
La especialista explicó que la sobremesa familiar genera también una buena digestión en cada uno de sus comensales. Es importante porque una buena digestión influye en el estado moral de los padres y los hijos.
“La charla amable, distendida, con bromas es poco probable que afecte negativamente la digestión. Una buena sobremesa entonces, asegura hijos emocionalmente estables, una buena relación con sus padres, mejor comunicación y menores probabilidades de depresión, angustia o vicios”, finalizó.


Fuente
Con nuestro Perú

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