domingo, 14 de febrero de 2010

Mejorar la relación con tus hijos e hijas.

La tarea de educar a vuestros hijo/as es complicada, pero no estáis solos. La escue¬la es parte fundamental en este proceso, y la actitud de colaboración entre padres y escue¬la debe ser determinante para que el adolescente llegue a la edad adulta de la forma más satisfactoria posible.

1.- Estilos educativos: Consejos y recomendaciones.

La tarea de educar a nuestro hijo/a empieza desde que éste tiene pocos meses de vida. Los estudios realizados sobre la forma de educar de los padres muestran un continuo que va desde un extremo autoritario a un extremo permisivo.


En general, todos tenemos algo de cada estilo, sin embargo suele haber uno que caracteriza nuestro modo de comportarnos en mayor medida que los demás: estilo autori¬tario, democrático, permisivo y el sobreprotector.

A estos estilos cabría añadir la figura del negligente, pero éste más que un estilo, es un no-estilo. Cada estilo tiene sus consecuencias positivas y negativas, pero los profesiona¬les aconsejan siempre la moderación. Eso supone acercarse lo más posible al estilo demo¬crático. El mejor estilo educativo es el que ha sido precedido de una reflexión, actuar cohe¬rentemente, saber por qué actúas así y conocer las consecuencias de sus actos.



Para situarnos en uno u otro estilo nos fijamos en los siguientes indicadores: nivel de exigencia, de control, normas pautas restrictivas, mayor empleo de castigo que de refuerzo positivo, disciplina inteligente (inductiva), mayor empleo de refuerzo positivo que de castigo, metas educativas, fomentar la obediencia a las normas y la sociabilidad, fomentar la respon¬sabilidad y autoconfianza, fomentar la autodirección, autonomía e iniciativa...


En la página "Orientados" (www.cult.gva.es/orientados) podrás averiguar cuál es vuestro estilo educativo y sea cual sea este, las siguientes sugerencias te ayudarán a corregir posibles fallos y a reforzar acti¬tudes correctas.


El amor: Sabemos que quieres mucho a tus hijo/as, pero además es importante que sepas transmitírselo de manera clara y directa. Es necesario que te asegures que están reci¬biendo el mensaje. Demostrar cariño, celebración de los logros, compartir logros y momen¬tos especiales, contar con el amor de alguien, hace que nos sintamos capaces de empren¬der cosas y llevarlas a cabo, es decir, que nos sintamos seguros de actuar libremente.


Los límites: ¿Cómo se fijan los límites? ¿Qué límites no son negociables? ¿Cómo lo decidimos? En principio, trata de mantener una actitud abierta al diálogo con tu hijo/a y deja que participe lo máximo posible en la creación y mantenimiento de normas de conducta familiares. Esto fomenta su implicación y su motivación por cumplirlas.


La autoridad: Y ser autoritario ¿no generará frustración o rencor en mis hijo/as? Si el castigo o la frustración que recibe tu hijo/a es esporádica, previsible y claramente delimita¬da, y predominan significativamente las satisfacciones que experimenta, lo más probable es que esto no sea así. A esto se le llama PATERNIDAD POSITIVA. Es un método para propor¬cionar una directriz esencial y una disciplina de manera positiva:


La disciplina: La disciplina inteligente o inductiva es la que ayuda a los hijo/as a dese¬ar hacer las cosas "bien". Se trata de un aprendizaje o aceptación de las normas por conven¬cimiento. A medida que los niño/as aprenden a aceptar las normas por miedo a una sanción o en espera de un premio, es necesario ir enriqueciendo el aprendizaje con razonamientos.


El razonamiento: Trata de razonar con tus hijo/as por qué aceptas una petición suya o rechazas una demanda o exiges una conducta determinada. Si después de razonar y escuchar a tu hijo/a, no hay acuerdo, recuerda que eres tú quien pone las normas. Si tu hijo/a no queda convencido por tus argumentos, tu decisión prevalece. Eso debe quedar claro. A medida que tu hijo/a crezca, será más importante utilizar la disciplina inductiva ade¬más de las gratificaciones y los castigos, con el objetivo de que sea él mismo quien sea capaz de controlar su propia conducta.


Las expectativas: Éstas, enfocadas de una manera global donde quede implícito la rela¬ción entre el esfuerzo empleado y el logro correspondiente, será beneficioso para la educación de tu hijo/a. Pero hay que tener cuidado en que esas expectativas no sean muy concretas (estudiar medicina, arquitectura, ser deportista de élite...) ya que podemos conseguir el efecto contrario, es decir, no alcanzar la expectativa marcada y no saber superar el fracaso.


2.- Cuando hay problemas.

Hay diferentes maneras de afrontar el estrés que supone una situación problemática. La respuesta concreta depende de cuánto y qué aspecto de tu vida amenaza esa situación, y qué recursos crees que tienes para afrontarla. Todos tenemos un poco de cada estilo, aun¬que suele haber una tendencia o una manera característica de reaccionar. Utilizamos:


-Estilo evitador cuando, ante algunos problemas y situaciones concretos, tendemos a hacer como si no existieran. La mayor parte de la gente hace esto en algunas ocasiones. Pero apartar de la mente los problemas frecuentemente puede ser inadecuado.


-Estilo postergador cuando tendemos a dejar la solución para el último momento, dejando que las situaciones nos vengan encima y nos atropellen. Podemos parecer preocu¬pados, pero en cierta forma estamos evitando el problema.


-Estilo positivo de afrontamiento es directo. Afrontamos directamente un problema cuando reconocemos las emociones que nos provoca y tratamos de expresarlas adecuada¬mente. Cuando pensamos que podemos resolverlo y lo vemos más como un desafío que como una amenaza. Cuando le dedicamos un tiempo de atención, cuando reflexionamos sobre diferentes soluciones antes de llevarlas a cabo, y cuando emprendemos una acción, sabiendo que no es perfecta y sin miedo a equivocarnos.


3.- Virtudes y puntos fuertes de nuestro/as hijo/as.

Seguro que en alguna ocasión has escuchado a algunos padres verbalizar quejas acerca de su hijo/a, o es posible que hayas sido tú en alguna ocasión quien las haya formu¬lado. Como padres nos preocupamos por lo que está sucediendo, e intentamos buscar solu¬ciones. Probablemente, estamos atendiendo más a la parte negativa de la conducta de nuestro hijo/a, dando por supuesto que las características positivas que posee las presenta cualquier chico/a de su edad, restándole valor a éstas.


Resulta muy aconsejable que utilices las virtudes o fortalezas de tu hijo/a para que mejore vuestra relación, y así hacer frente a la problemática específica que estéis atravesando.


Las fortalezas de tu hijo/a hacen referencia a cualidades de su carácter que le permi¬tirán adaptarse y sobrevivir en la sociedad, aprender a protegerse y desarrollar su bienestar personal. En múltiples ocasiones nos fijamos más en los defectos de nuestros hijo/as y no valoramos lo suficiente sus cualidades positivas (fortalezas). Como padres, podéis aprove¬char las virtudes para potenciárselas y así compensar sus carencias.


Estos puntos fuertes abarcan una amplia gama de factores y se expresan en térmi¬nos de capacidades o habilidades, actitudes o valores, emociones y conductas. Podemos destacar la sabiduría, coraje, justicia, moderación, humanidad y transcendencia.



Para averiguar más sobre las posibles fortalezas de tus hijo/as y de cómo puedes potenciarlas, entra en "Orientados".


Fuente

www.cult.gva.es/

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