sábado, 15 de junio de 2013

Demandas de la familia a la escuela

Sabemos que la tarea educativa tiene gran complejidad, y el discurso que circula en la sociedad le otorga mucha importancia. Para lograr los propósitos es necesario que todas las partes involucradas, familia y escuela, trabajen en conjunto, aspiración que por lo general no se logra. Existen demandas mutuas no satisfechas, y los siguientes párrafos reflexionan sobre las demandas que se le hacen a la escuela.



El papel de la familia no puede suplantarlo ninguna institución, no obstante, el sistema educativo formal cumple un papel relevante en la educación del niño y del adolescente. Posee una capacidad transformadora en relación a creencias, valores, expectativas, pautas de conducta, etc. “Los centros de enseñanza no quedan exentos de obligaciones. Muy al contrario, tendrán que ser los lugares donde la esperanza, el altruismo, la confianza en los semejantes, las relaciones interpersonales, se construyan bajo estilos de convivencia destinados a la totalidad del género humano” (Rodríguez Neira). Especificamos algunas demandas de la familia a la escuela a fin de caminar en paralelo, dado que persiguen un objetivo común: la formación integral de la persona.

1. Preparación de calidad. Las exigencias actuales de la sociedad para los jóvenes son la formación, alto nivel de estudios y competitividad. Los padres están preocupados por los resultados académicos de sus hijos. Demandan que sus hijos, entre otros aspectos, aprendan a identificar y resolver problemas, a desarrollar hábitos de trabajo intelectual y fomentar capacidades como la observación y la clasificación.

2. Proporcionar referentes para interpretar la realidad, tener ideas claras ante la vida. Una escuela útil para la vida. Formar ciudadanos con capacidades como el dominio de la lengua, la comprensión de los fundamentos de las ciencias y las nuevas tecnologías, el pensamiento crítico, la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas, la capacidad de comunicarse, el comprender al menos una lengua extranjera. Todas estas funciones deben llevarse a cabo en colaboración con las familias y la comunidad local; es una tarea “a lo largo de la vida”.

3. La familia exige a la escuela una formación en valores. La escuela no queda excluida de este proceso ya que, además de ofrecer modelos con los que los alumnos se identifiquen, es capaz de crear las condiciones experienciales para que los valores se trabajen y se internalicen. Los valores se trasmiten, es más, se internalizan. La escuela es el lugar de aprendizaje de formas de convivencia que no cabe aprender en la familia, es el caso de la convivencia civil. Es el primer lugar de aproximación a la diversidad existente en la sociedad; es la primera experiencia con la autoridad impersonal. Los padres piden a la escuela que aproveche las ocasiones para fomentar la disciplina, el diálogo, la convivencia y la tolerancia; en síntesis, comprometerse con una educación para la democracia.

4. Demandan la utilización de medios tecnológicos y procurar que su empleo sea racional. Deben procurar una “actitud crítica” en los adolescentes de modo que aprendan a seleccionar y jerarquizar las múltiples informaciones que transmiten.

5. Atención a las diferencias individuales, el desarrollo de todas sus potencialidades en la medida de lo posible. La diversidad es un concepto cultural en su más amplio sentido; además de las diferencias cognitivas, existen diferencias culturales e individuales, que deben considerarse en el diseño y planificación del proceso enseñanza aprendizaje.

6. Garantizar la seguridad, protección, y el clima educativo del centro.
Propiciar en los centros contextos educativos seguros y satisfactorios para las personas que conviven. La escuela no es una institución dedicada al control, sino al crecimiento y al desarrollo de sus miembros. Para ello, es necesario generar un clima institucional y grupal que no pase por la represión sino por la armonización de sus funciones y de sus miembros. La familia demanda a la escuela que vele por la seguridad de sus hijos y los proteja frente a cualquier desviación: indisciplina, drogas, violencia, etc.

7. Conexión de la escuela con el mundo laboral. La escuela debería potenciar una serie de valores, cualidades y habilidades necesarias para el desenvolvimiento en el mundo social y laboral (capacidad de iniciativa, creatividad, adaptabilidad), así como una serie de cualidades personales (autodisciplina, perseverancia, flexibilidad, trabajo en equipo, responsabilidad).

Participación de los padres en la educación escolar: tema encauzado, pero no resuelto
La importancia de la educación para una sociedad es tal que debe suponer un compromiso de todas las personas e instituciones en la tarea educativa y de aprendizaje. Tiene pleno sentido plantearse la participación de la familia en la educación escolar por cuanto no son sistemas independientes que actúen por separado, sino sistemas interdependientes cuyos resultados no son explicables de forma aislada. Dicha participación puede considerarse como derecho democrático y como garantía de calidad educativa escolar (Vázquez, Sarramona y Vera). En el caso español, han sido las sucesivas leyes orgánicas las que desarrollaron tal participación de los diferentes sectores de la comunidad educativa, y por tanto, de los padres y madres.

La historia de las relaciones familia-centro no ha estado exenta de confrontaciones y de distanciamientos, más que de oportunidades de colaboración. En términos generales, el clima de participación dentro de la institución escolar ha aumentado considerablemente en España en los últimos años. Si bien las Asociaciones y los Consejos Escolares son los mecanismos institucionales de comunicación y participación, las iniciativas singulares de relación directa o indirecta entre familias y centro adquieren especial relevancia (actividades, reuniones, entrevistas, correspondencia escrita, ...) ya que tienen la virtualidad de centrarse en el proceso formativo del alumnado.

Las familias, por tanto, podrán participar en la planificación general del sistema educativo (Vázquez, Sarramona y Vera), sea a través del diálogo directo con la Administración, sea a través de los organismos de participación creados a tal efecto, los Consejos Escolares. Respecto a la organización general del sistema los padres tienen derecho a participar en aspectos que tienen incidencia en la vida social y familiar: el horario y el calendario escolar, criterios de adscripción a centros públicos y concertados, sistema de financiación, etc. Por otro lado, si nos adentramos en el nivel “meso” y “micro” del sistema educativo, esto es el centro escolar y el aula, las asociaciones de padres/madres, han de poder participar de manera institucional en todo cuanto se refiera a la actividad profesional de los docentes y especialistas en educación.

Vázquez, Sarramona y Vera aluden a lo acontecido en cuanto a la presencia de los padres en los Consejos Escolares de Centros (convocatoria de elecciones de representantes que se realizan cada dos años) en el curso 2002-03. Un análisis de los niveles de participación en estas elecciones proporciona información sobre el escaso nivel de compromiso que asumen los padres. La participación es más elevada en centros donde los padres perciben la utilidad de estos Consejos Escolares y constatan que tienen un rol que asumir en el centro. De igual modo, de los porcentajes de pertenencia de los padres a las Asociaciones de centro en el conjunto de España se desprenden los siguientes aspectos: si se comparan los datos en una visión evolutiva se observa un incremento de inscripciones, pero un descenso en el nivel de participación efectiva; también, se observa mayor grado de pertenencia a las asociaciones en los centros privados; mayor porcentaje de participación en actividades que organizan las Asociaciones en padres/madres de las escuelas públicas, especialmente, en la etapa de primaria; mayor participación en los centros pequeños que en los de mayor tamaño; etc. En definitiva, la participación real de los padres y madres en la vida de los centros es minoritaria y viene asumida, generalmente, por pequeños grupos. Aunque teóricamente se dice querer participar mucho, se muestra de hecho menor grado de participación en aspectos relacionados con las familias (actividades, colaboración, etc) y con el profesorado (formación, grupos de trabajo,...). Los resultados de este estudio, en su conjunto, no difieren sustancialmente de otros.

La vía de comunicación más habitual entre la familia y el contexto escolar es la reunión con el tutor (81%), seguido de las cartas, reuniones de padres del grupo clase y reuniones convocadas por la AMPA (66%, 55% y 54%, respectivamente), descendiendo considerablemente, la conversación telefónica (16%).

Estando muy claro el derecho de los padres a la participación, no lo está tanto en la asunción operativa en la vida de los centros escolares. Queda un largo trecho por recorrer en materia de participación de la comunidad educativa en su conjunto.


Extraído de
Familia, Escuela y Sociedad
Susana Torío López
Universidad de Oviedo



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